ante David Avanesyan

¿Qué condujo a Lejarraga a la derrota exprés?

La salida al ring cuestiona un plan basado en la prudencia y que debía tener una velocidad que no se vio. Por ahora, salta al superwélter

09.02.2020 | 16:49
Lejarraga, tras la primera de sus dos caídas ante Avanesyan.

La salida al ring cuestiona un plan basado en la prudencia y que debía tener una velocidad que no se vio. Por ahora, salta al superwélter

bilbao - Las dudas asaltan al tratar de analizar una pelea que apenas se prolongó los dos minutos del primer asalto cuando el antecedente se llevó hasta el noveno. Pero la derrota de Kerman Lejarraga es el boxeo: cada segundo, cada decisión, cada golpe, es tan irreversible como determinante. No hay duda de que David Avanesyan gestionó con maestría esos segundos del combate que les enfrentó en la revancha del Campeonato de Europa del wélter.

Se puede pensar que ante semejante derrota no hay plan o estrategia que valga. La realidad es que esta comienza a desarrollarse desde el primer suspiro. Quedó claro que El revólver de Morga protagonizó una mala salida al ring. Encajó casi todo lo que lanzó el campeón y fue incapaz de frenar el sufrimiento con defensa o ataque, ya que apenas conectó con el ruso, que se marchó inmaculado.

¿A qué se debió esa puesta en escena? La estrategia de Lejarraga quedó clara antes y durante el combate. Dijo, y luego dejó ver, que su propuesta debía estar guiada por la prudencia. Pegador como es, en los primeros 40 segundos no atacó, al igual que el ruso, un excelente contragolpeador, y estos son de ceder la iniciativa, la que no asumió Kerman, que aguardó para analizar el comportamiento de Ava. ¿Era la entrada apropiada?

Las características del boxeador suelen definir su estilo. Lejarraga no es Avanesyan. ¿Fue víctima de ese sosiego, de ese: a ver lo que ofreces? El revólver de los últimos tiempos opta por templar en los primeros compases, trabajando con prudencia, y este cambió le siguió dando réditos, con la excepción de Avanesyan. Hace no tanto Lejarraga era impetuoso, atacando con premura desde el primer tañido. Su imagen agarrado a las cuerdas como para catapultarse hacia el rival era su presentación. Ayer el respeto fue premisa. ¿Fue lo más conveniente? ¿Pudo influir esa prudencia en la concentración, esperando un combate de largo recorrido cuando se puede finiquitar en cuestión segundos? Lejarraga no entró en el combate.

Los primeros encajes siempre son peligrosos por la falta de hábito. ¿Había calentado poco? Solo él y su equipo saben lo que ocurrió en los instantes previos.

Sobre cómo llegó el desenlace, en apenas dos minutos -descontando los 40 segundos de tanteo y otros 20 de las dos cuentas atrás, apenas hubo un minuto de intercambio de golpes-, ¿se puede decir que fue todo mérito de Ava? Quizá no, ya que Lejarraga fue capaz de alcanzar el noveno round e incluso ponerle en apuros en momentos concretos del primer capítulo, que se celebró el pasado marzo. Sin desmerecer la excelencia de Ava, Kerman tiene más por ofrecer de lo que el sábado se vio.

Está sometida a debate la decisión arbitral de detener la pelea tras dos minutos y dos caídas del aspirante. Lejarraga no parecía estar grogui. Pero cierto es que en cuanto comenzó el intercambio de mamporros la situación cobró mala pinta para Kerman. Tenía un ciclón ante sí. Al referí hay que transmitirle argumentos de que la situación es reversible. Lejarraga no convenció con puños, y menos al alzarse tras las caídas, estancado junto a las cuerdas, timorato, mirando a su esquina como buscando impresiones. ¿Podía Lejarraga llegar mucho más lejos?

El preparador Txutxi del Valle garantizó un Kerman "en su mejor estado de forma", fruto del entrenamiento y la nutrición. Si hablaba de resistencia, nunca se sabrá. De fuerza, tampoco, porque Ava no encajó. La velocidad para su boxeo que fue a buscar en el campamento de Estados Unidos no se dejó ver; sus golpes, armados con tanta potencia y recorrido, fueron lentos para el ágil Avanesyan, que los vio venir de lejos. Su defensa fue cuestionable: estático, careció de movimiento de pies, cintura y cuello; tampoco bloqueó. Ava aprovechó la plena apertura de la guardia y le mandó a la lona por primera vez. El mentón no aguantó el envite. Primer golpe de poder, y al suelo. En la segunda, Lejarraga, tocado, encajó sin remisión una combinación que aterrizó cada disparo.

Esta derrota es aún más dolorosa que la anterior por cómo llegó. En marzo pasó un tren; el sábado, otro. Lejarraga no subió a ninguno. Cede relevancia en la categoría wélter y grandes dosis de confianza. ¿Y ahora qué? Por de pronto, salta al superwélter para no tener tantos problemas para dar el peso. Aunque si se pretende elevar el nivel, lo primero será descifrar con sinceridad qué ocurrió el sábado, qué falló en esa salida al ring que le privó de la redención y de recuperar estatus.

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