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Un premio amargo

20.06.2020 | 00:32
Jonathan Rousselle, el jugador más fresco del Bilbao Basket en Valencia, trata de escaparse de Neno Dimitrijevic.

Solo han pasado dos jornadas, pero el Bilbao Basket se queda sin opciones en una fase final de la Liga Endesa a la que llegó ilusionado, pero muy escaso de pólvora, y en la que no ha tenido tiempo ni de soñar

EL Bilbao Basket ha llegado en la fase final de Valencia a una situación que no se ha merecido después de su extraordinaria temporada. Su derrota de ayer ante el Joventut le deja demasiado pronto sin opciones en un torneo en el que el premio es escaso ya que solo alcanzará a uno de los doce participantes. Todos saben qué competiciones europeas van a jugar la próxima temporada, solo dos de los seis conjuntos de cada grupo llegan a las semifinales y perder los dos primeros partidos supone quedarse sin motivación para lo que aún espera por delante, tres duelos ante tres de las mejores plantillas de la Liga Endesa. A lo mejor habría que haber metido un cruce de cuartos de final, como se ha hecho en Alemania, o dar una ventaja de salida por los partidos de liga regular para evitar el riesgo de sumar partidos intrascendentes.

Aunque la última victoria llegó el ya lejano 8 de marzo, juzgar la campaña de los hombres de negro por lo que ocurra en esta fase final no haría justicia porque, ahora que está de moda revisar la historia, se podría decir que Álex Mumbrú y su tropa no fueron a la Fonteta a luchar contra los elementos. Si ya la baja de Jaylon Brown era sensible, se sumó la de Arnoldas Kulboka, aún inédito, y después en la primera jornada Quinton Serron se torció un tobillo y Tomeu Rigo sufrió un repentino cólico intestinal. Ayer Thomas Schreiner se hizo daño en la rodilla para completar la desgracia de un equipo cogido con alfileres en estos momentos del año cuando todos deberían estar de vacaciones. Si encima cada día toca mirar al parte médico, la cosa se pone delicada.

Por mucho trabajo que se haya hecho en el confinamiento y por mucha profesionalidad que muestren todos, la ausencia de los jugadores con más calidad anotadora se tiene que dejar sentir. Tratar de compensarlo con el empeño defensivo cuando el cuerpo no está preparado solo lleva a esos altibajos que el Bilbao Basket pagó ante el Baskonia y, sobre todo, ayer ante el Joventut, que en cambio pudo contar con Klemen Prepelic, que sin estar bien físicamente fue determinante por lo que hizo y por lo que provocó. Por más que se pensara en que este torneo daba opciones a todos, imaginar a los vizcainos llegando lejos era una insensata bilbainada porque no es fácil armar un bloque cuando hay que resituar todos los roles y administrar una plantilla en la que algunos jugadores saben que van a seguir, y por ello no conviene arriesgar con ellos, y otros saben lo contrario, que su futuro no está en Bilbao. Y es que cuando el Bilbao Basket tuvo a todas las piezas en su sitio y en perfecto estado de revista ganó a todos los rivales de su grupo en Valencia, excepto el Joventut, precisamente.

Las cosas no ocurren por casualidad y la plantilla que está en esta fase final no es la que ocupaba la quinta posición y aspiraba con todos los honores al play-off. Por eso, nada se le había perdido en Valencia, aunque disputar el torneo era una obligación moral, un premio que se ha vuelto amargo. Muchos jugadores han tenido que asumir responsabilidades y tareas para las que probablemente no están preparados y, por eso, el Bilbao Basket quiere como todos los meses anteriores, pero ahora mismo no puede. Ayer Rafa Martínez tuvo que jugar 31 minutos, diez más de lo que ha sido su controlada media de la temporada. Jonathan Rousselle, al que más fresco se ve, hizo quince lanzamientos, ocho de ellos triples no siendo un especialista. Y así el resto en una rotación en la que, por obligación, están coincidiendo tres pequeños durante muchos minutos con lo que supone de multiplicar aún más el desgaste.

mucho desgaste 

Esa falta de frescura en las piernas y de los jugadores que no pestañean a la hora de asumir tiros se notó al inicio del tercer cuarto cuando el gran trabajo defensivo de los de Mumbrú no encontró recompensa en el otro lado de la cancha y en los minutos finales cuando se acumularon los errores, tanto en rebotes cedidos bajo su canasta, como en pérdidas tontas o en fallos en tiros cercanos que dieron vida al Joventut. Con todo, otra estadística fue reflejo de este momento extraño en lo que no se sabe si se está prolongando la anterior temporada o preparando la siguiente: el Bilbao Basket no metió ni uno de los once triples que lanzó en el segundo tiempo y la prórroga, muchos de ellos en buenas posiciones, y eso le lastró a la hora de rematar la faena mucho antes del tiro de Rousselle que no pudo impedir la prórroga. Ahora toca hacer de tripas corazón y rebuscar en ese espíritu competitivo del que ha hecho gala el equipo para orgullo de su afición y tratar de acabar de la manera más digna una fase final en la que no ha dado tiempo ni a soñar.

El equipo bilbaino llegó al torneo sin sus jugadores más resolutivos en ataque y encima no ha hecho más que acumular desgracias

La fase final no hace justicia a la temporada del Bilbao Basket que ahora debe encontrar la motivación para seguir compitiendo


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