Gonzalo Corbalán ha devuelto a la ACB un apellido ilustre, aunque en su caso llega desde Argentina, desde la ciudad de Resistencia que vio nacer hace 24 años, cumplidos este pasado jueves, a este jugador que es un torbellino, un portento físico que fue clave en el ascenso del San Pablo Burgos el pasado verano y se ha convertido en una de las piezas claves que deben llevar a los castellanos a lograr la permanencia. Antes con Bruno Savignani tomó los galones ya en la LEB y Porfi Fisac no se los ha quitado porque muchas de las posesiones importantes pasan por sus manos y por su extraordinaria capacidad de desborde, que le hace casi imparable, pese a su 1,94 metros, cuando a campo abierto coge el camino directo hacia la canasta.
Miembro de una familia muy vinculada al baloncesto, Corbalán empezó muy joven a jugar al baloncesto y salió con 16 años rumbo a Estados Unidos, a un ignoto high school de Nuevo México, donde destacó y ganó ante solo 100 personas la final del estado el mismo día que la pandemia de covid estalló para alterar los planes de toda la humanidad y los suyos, claro. El jugador resistenciano ingresó a una modesta universidad texana de la División II, Lubbock Christian University, donde salió de los focos y no encontró la progresión que buscaba.
Sin embargo, el San Pablo Burgos le seguía la pista con discreción y en el verano de 2021 la vida de Gonzalo Corbalán dio otro giro importante. Fue convocado para el Mundial U19 donde destacó y regresó al primer plano con una canasta sobre la bocina que sirvió para eliminar a Turquía y meter a Argentina en cuartos de final. Al joven de Resistencia ya le conocía todo el mundo, pero la entidad burgalesa le tenía amarrado, aunque solo le pudo ofrecer un camino que quizás no era el esperado.
Corbalán tuvo que empezar con el filial en la Liga EBA, que enseguida se le quedó pequeña. Al ser considerado extracomunitario, solo pudo debutar en un partido ante el Barça en el que estuvo en cancha apenas 22 segundos. Pero la semilla ya estaba puesta y esa temporada en la EBA “me sirvió para aprender, como los tres años posteriores, sin los que no habría llegado a ser el jugador que soy”, confesó en un reportaje para la ACB. Tres campañas en la LEB Oro sin dejar de crecer le llevaron a la Liga Endesa, una de sus metas, aunque su sueño es la NBA. Sus números son aún mejores que el curso pasado y, de hecho, es con 14 puntos por partido el máximo anotador del Burgos en su debut en la competición. El pasado verano renovó su contrato por tres temporadas, pero no extrañaría que Gonzalo Corbalán, ahora que cuenta con pasaporte comunitario y es clave en el relevo generacional de la albiceleste, reciba ofertas de clubes más poderosos. En cuanto gane consistencia en el tiro exterior, es carne de Euroliga.