el 21 de diciembre del año pasado Esteban Gaubeka cumplió quince años en el ruedo de la pala profesional. El delantero de Armintza, nacido en 1977, apenas llevaba diez días en la cuarentena. Entretanto, unido a un gen competitivo intensamente desarrollado por su necesidad de atarse a la cancha, al leño y al cuero, su combinación junto a Iker Gordon iba sumando poco a poco, día a día, escalón, momentos de juego, tardes de gloria, en la Liga Kutxabank, la cita más larga del curso palista. En ese momento, El Gallo de Armintza se encontraba en el prólogo de un mes de ensueño. Algo había cambiado. Ese viraje derivó en dos txapelas seguidas: la de duetos con el zaguero sopeloztarra y la del Campeonato del Mundo Individual, la espinita clavada en la columna vertebral del vizcaino. La lana habita ya en casa de sus padres, en su antigua habitación. “Allí tengo casi todos los títulos”, afirma.

“Una semana después ya me lo voy creyendo”, desgrana el experimentado armintzarra. Sobre el tapete negro del frontón Bizkaia, de colorado, al terminar la final ante Erik Zubiri, él mismo reconoció que estaba “en las nubes”. Fue un 3-2 al que le faltaron desfibriladores. En el piso, Gaubeka todavía no había asimilado cómo regresaba a la pléyade del mano a mano después de siete años de ausencia. Vuelta a vestir el colorado. No como veterano. Ya como campeón. Prepara el gerriko escarlata para 365 de reinado. Era algo que le daba “envidia sana” de sus compañeros de empresa. “Me ha costado conseguir este título y tiene un sabor especial. Es bonito. Al final, llegas a la conclusión de que trabajando van saliendo las cosas”, sostiene Gaubeka. Y le llegó el cetro más importante de la temporada, sucediendo a Ibai Pérez, al que derrotó en semifinales en una eliminatoria agónica, como agónica fue la batalla de paisanos en la última trinchera del torneo. Cuanto más cuestan las cosas... “Llevaba desde 2010 sin llevarme el título. Me costó, pero así se vive mejor”, recuerda. Se le resistía Miribilla. “En estos años, cuando se acercaba enero, comenzaba a ejercitarme y a centrarme en el Individual. Me estaba obsesionando un poco por ganar el trofeo. Entrenaba más el físico y me obcecaba en vencer, no en disfrutar”, recita Esteban. No obtuvo resultados.

Y llegó el paso por el diván y, con él, el final de un invierno crudo y largo, de siete años. Al armintzarra le comentaron al final del pasado verano que tenía que salir a “disfrutar”. “Esta temporada he cambiado el chip. En la Liga me sentí bien del hombro, ganamos y pudimos gozar del campeonato. Entonces, opté por centrarme en meter más horas en la cancha y hacer algo menos de trabajo físico. Llegó un punto en el que no sabía cómo preparar el Individual y hacía mucho hincapié en el gimnasio y los esprines”, manifiesta el armintzarra, quien remacha que el problema era más en el “plano psicológico”. La txapela junto a Gordon le vino bien para mantener el mismo patrón en los ensayos. “Me quité la presión y disfruté”, analiza Gaubeka. Y ganó dos txapelas. De hecho, ante dos batallas de perfil complicado, ante Ibai Pérez y Zubiri, el veterano tuvo que sufrir, tiró de oficio y admitió haber disfrutado de dos envites cuesta arriba. “Estaba más tranquilo y conseguí dar un nivel más alto”, define Esteban.

Respecto a la incidencia del modo de afrontar las contiendas, Gaubeka analiza que “hay que entrenar para estar a gusto. En mi caso, no se me quitaba de la cabeza la txapela del Individual”. La presión, un cilicio. “Así, te olvidas de jugar”, advierte el palista vizcaino, que no quiere volver a repetir la historia. “Si vienen más txapelas de la modalidad será algo muy bonito, pero si no, no pasa nada. Ya tengo cinco (2004, 2005, 2008, 2010 y 2018). El año que viene, aun así, saldré a la cancha a repetir la hazaña, porque soy muy competitivo”, argumenta. El Parejas es el próximo objetivo del puntillero de Armintza. “Mungia me gusta”, añade el armintzarra.

INCOMBUSTIBLE GAUBEKA Gaubeka comenzó a forjar su senda en la pala profesional hace tres lustros. Fue en el frontón del Club Deportivo. Imanol Ibáñez y Koldo Larrinaga también debutaron ese día al abrigo del recinto de alameda Rekalde. Ese año fue prolífico para los estrenos. “¿Quién me iba a decir que podría llegar hasta aquí? Los únicos que continuamos de aquella época somos Pablo Fusto -debutó el 16 de octubre de 2003- y yo”, evoca el vizcaino, quien determina que “me veo muy bien para seguir”. “Me siento genial en el aspecto físico y mental. Tengo correa para rato. Si me respetan las lesiones, quiero continuar”, acaba.