bilbao. A Tarik Chaoufi le llamó el seleccionador de Marruecos para decirle que iba a correr en Euskaltel-Euskadi y cuando el chico lo contó en el pueblo, Arzou, en el Atlas Medio, le dijeron que era un mentiroso. Ioannis Tamouridis soltó lo mismo en Salónica, la segunda ciudad de Grecia, y la noticia fue un estallido que acabó impreso en los periódicos con letras gordas y titulares como este: "¡Tamouridis se convierte en vasco!". El griego, 32 años y, como Tarik, el primer ciclista de su país que corre en el World Tour, se quedó pensando que sería bonito leer algo así en la prensa vasca.
Le cogió cariño a Euskadi antes de llegar porque le contaron que iba a viajar a Bilbao, un lugar de locos apasionados por su tierra y por un equipo de fútbol, el Athletic, de la misma manera que ellos en Salónica palpitan con el PAOK o el Aris. Eso le dijeron. Y también, que desde allí, el norte, se mira de reojo y con recelo a la capital -Madrid- tal y como desde Salónica echan rayos por los ojos contra Atenas. Les ven como a pijos engreídos que se pavonean por vivir en la capital mientras se burlan de los tesalónicos llamándoles granjeros o búlgaros, pueblerinos, con desprecio.
De eso habla Tamouridis apenas unas horas después de aterrizar en Euskadi para sumergirse en la primera concentración de Euskaltel-Euskadi. De eso y de que, de todas maneras, esas riñas entre las dos ciudades griegas más importantes hace tiempo que han quedado arrinconadas por la crisis, que sacude a ambas, a todo el país, con democracia, sin distinción, por igual.
"La situación en Grecia es difícil", dice el ciclista de Euskaltel, que vive en un promontorio de Salónica con vistas al mar. Desde allí ve el asunto muy crudo. "Lo más duro de todo es asumir que lejos de mejorar, la cosa va a peor. Hace una semana tuvimos que votar para aprobar nueve nuevas leyes que apretaban aún más al pueblo. En la calle se ven cosas durísimas y no se entiende cómo un país tan rico en recursos puede estar pasando por esto. Recortan todo lo que pueden y hay familias que están sufriendo mucho". La crisis les está humillando.
A su familia, dice, también. "Como a todos". Sus padres están jubilados y el Gobierno les ha recortado la pensión más de la mitad. "De 1.800 euros a 800". Su único hermano trabaja en Italia. Tiene el título de técnico electrónico y algunos másters y doctorados que ha ido realizando, siempre fuera de Grecia. "No va a volver. En Italia o en Bruselas puede ganar un buen sueldo, entre 3.000 y 4.000 euros, mientras que si regresa a Grecia no va a encontrar un trabajo donde le paguen más de 1.000 euros, si es que encuentra algo".
La crisis también corre más que cualquier deportista en Grecia. "Nosotros tampoco nos hemos librado". Al presupuesto del Gobierno para el deporte le ha dado un mordisco gigantesco: cincuenta mil millones; ha pasado de sesenta y cinco mil a quince mil. "El deporte en Grecia se muere".
"Por eso", dice, "correr en Euskaltel-Euskadi es lo más grande que me ha pasado en la vida. Pero no solo para mí, sino por el deporte griego. Con este movimiento espero ser una inspiración para los jóvenes, que piensen: ¿has visto lo que ha hecho Tamouridis? Y que encuentren la fuerza y la motivación para seguir mi camino".
Lo dice con cierta nostalgia pensando quizá que él no tuvo en quién fijarse, un espejo. Si se le pregunta por el mejor ciclista de la historia en Grecia dice que no sabe, que no ha habido un corredor referente. Y si tiene que nombrar un ídolo ciclista, se queda callado. En ese silencio no caben ni Indurain, ni Armstrong, ni Ullrich, ni Pantani, ni Contador, ni nadie. Luego dice que sigue con admiración a muchos atletas. Y que le gusta mucho Llaneras. "Estuve con él en el podio del Mundial de pista de 2005 -el mallorquín fue tercero y él, segundo-. Es un momento que no olvido".
su padre, atleta Si acaso, Tamouridis se inspiró en su padre, un mediofondista que brillaba en el 1.500 y los 800 metros y logró algunas medallas en los campeonatos griegos. Como él, se especializó de niño en esas distancias. "Correr era un juego". Como el fútbol, el baloncesto... "Probé todos los deportes. Me obligaba mi madre porque lo que ella no quería era que me quedara en casa sin hacer nada". Con quince años un amigo le invitó a dar una vuelta en bicicleta. Era la primera vez que lo hacía. No se ha bajado desde entonces.
"Desde el primer día vi que el ciclismo estaba hecho para mí. Me pareció un deporte diferente". Empezó ganando. "Todo lo que corrí en el primer año. Enseguida supe que sería el primer griego que correría en el extranjero". Grecia se le quedaba pequeña. Con la selección corría 60 pruebas al año, de las que dos tercios eran fuera. "Fueron mis padres los primeros que entendieron que si quería hacer algo grande tendría que hacer la maleta. Les preocupaba que siendo tan joven y sin conocer el idioma me fuera de casa, pero lo asumían y me apoyaban".
37 títulos griegos Tamouridis se fue en 1998 a Italia, a Bérgamo, al Club Bergamasco, y permaneció allí cuatro años. Habría seguido más tiempo, pero se le hizo cuesta arriba estar tanto tiempo fuera de Grecia. "Era joven y no llevaba bien lo de estar lejos de casa". Con 22 años decidió volver, meterse en el velódromo y correr pensando en los Juegos de Atenas de 2004. Debutó en el Campeonato de Europa, se colgó una medalla de plata y el resto fue un viaje en autopista hacia el sueño olímpico. Cuando despertó, eligió seguir ligado a la pista. En Grecia no ha habido un especialista igual. De los 23 títulos griegos profesionales que ostenta -suma otros catorce en el resto de categorías-, trece los ha conseguido en el anillo, además de la plata del Mundial de 2005 por delante de Llaneras y el bronce en 2006, mientras que en la carretera tiene tres títulos en la prueba de fondo y siete en contrarreloj. "Pero la cultura ciclista en Grecia no es como en el resto de Europa. Mira, aquí es más importante una medalla en un Mundial, de lo que sea, que ganar una etapa en el Tour".
Hasta 2008, Tamouridis solo tuvo ojos para la pista. Luego, volvió a pensar en la carretera tras la creación del primer equipo profesional, un continental, griego de la historia. Regresó como un especialista contrarreloj. Es lo que es. "Paso los puertos de cinco kilómetros o así, pero no aguanto las grandes subidas. De hecho, nunca he escalado una gran montaña de Italia, el Mortirolo y esos, ni Europa". Sin embargo, la primera imagen que guarda de Euskaltel es la de la figura huesuda de un escalador. "Me acuerdo de Laiseka ganando la etapa de la Vuelta en Abantos, 1999. De todos modos, Euskaltel es muy conocido en Grecia por Orbea, las bicicletas", dice. Y ahora por Tamouridis. El vasco.