Bilbao

Si no llega a ser por la guerra...", Ricardo Zamora se acordaba de Blasco, todo un portero del Athletic, y del bloque vasco, que en tierras francesas empezó a perder fuelle. Fue en Barbizón donde el Euzkadi comenzó a perder su fuerza moral, que no física. Se había roto el cinturón y Bilbao había caído. Las noticias eran desesperantes.

El primero en abandonar la concentración del Euzkadi fue Guillermo Gorostiza, Bala Roja, aquel extremo izquierdo fenomenal del Athletic de Bilbao. Dijo marcharse a ver a su padre a París y ya no volvió a Barbizón. Lo que hizo fue ir a Bilbao.

Más tarde, Roberto, excelente medio también del Athletic, que estaba recientemente casado, con sus veinticuatro años se fue a Baiona a encontrarse con su esposa. Perdía así el Euzkadi dos buenos puntales que daban consistencia recia al equipo.

También abandonó la expedición Periko Birichinaga, masajista del equipo. Tras consultar con sus compañeros y pupilos, regresó a Bilbao, donde se reunió con su mujer y sus hijos, que eran pequeños.

Fueron momentos difíciles para la expedición vasca, porque comenzaba a surgir la idea de "saltar el charco" y jugar al fútbol en las Américas. Los directivos y jugadores del Euzkadi estudiaron con mimo y detalle el programa, países y partidos a jugar en América, a la vez que se prometían no abandonar la expedición, aún a costa de cualquier fichaje personal.

Había que seguir y seguirían Solamente había una premisa: continuar. Entonces surgió dentro del equipo Euzkadi una gran solidaridad y empeño. Prueba de ello es que en América nadie se dejó deslumbrar ni atraer por tentadores fichajes, hasta que se disolvió el equipo. Es imagen de que la selección vasca fue mucho más que un equipo de fútbol.

No llevaban ni un mes en Barbizón cuando un día de octubre de 1937, el Euzkadi embarcaba en El Havre, a bordo del trasatlántico Ile de France rumbo a las Américas, ruta Nueva York. Se cumplían seis meses de su partida de Bilbao, y pasando por La Habana, y más tarde por Veracruz, llegaban a México capital. Allí el Euzkadi se enfrentó a numerosos equipos de diversas localidades, como Orizaba, Guadalajara, México e incluso a la selección nacional mexicana. El palmarés no pudo ser más positivo y brillante: el Euzkadi venció en los diez partidos jugados, incluido contra su selección. Aunque, no fue México el primer país asombrado por los jugadores vascos.

México era un país amigo para los vascos. Un lugar que conocía al lehendakari Agirre -me gustaría decir que nuestro primer lehendakari no fue ciertamente un futbolista del Athletic de talla como Bata, Blasco y Cilaurren. Pero de lo que sí estoy convencido es que fue un Pichichi de la política, y de abrir los caminos del Euzkadi-. Era líder y capitán.

Y pronto llegó la contrata de partidos en las Américas de Buenos Aires. Nada menos que los cinco acorazados del fútbol: San Lorenzo de Almagro, Boca Juniors, River Plate, Racing e Independiente. Dio la cara el Euzkadi en Buenos Aires, tras de un viaje en barco inglés que zarpó desde Valparaíso y un mes sin jugar, contra aquellos acorazados, que eran txalupas para la selección Euzkadi. Y el Euzkadi se volvió a México, porque en aquel fútbol también entró la política. Una política de republicanos y franquistas para los pueblos americanos. Había emisoras en España que daban imagen falsa de Euskadi. Una imagen totalmente falsa. De rabo rojo.

Había que seguir y seguirían. El Euzkadi solamente tenía la misión y compromiso de jugar al fútbol para dar pan a los niños y refugiados vascos en el exilio. Con compromiso.

aquellos tentáculos Hasta Valparaíso llegó el mensaje del "no" a la Selección. Aunque se jugó un partido con victoria vasca. Comenzaba la expedición a convertirse en caminante en el destierro. Así, saltaron a La Habana donde se enfrentaron a la selección cubana.

Previo al partido con los seleccionados, el Euzkadi se midió con el conjunto del Centro Gallego de la Habana, al que venció por dos goles. Para los cubanos aquel resultado resultaba corto, porque los vascos debían enfrentarse al equipo grande de su selección. Pocos días después, el Euzkadi vencía a la selección cubana por seis a cero.

El Euzkadi era capaz de jugar en campos de béisbol. Como les gustaba a los cubanos. Ellos, Irarragorri, Lángara, Regueriro, Chirri II y compañeros, habían aprendido a jugar al fútbol en la calle.

Fue una buena embajada la del Euzkadi por tierras y ciudades americanas. La guerra seguía en Euskadi con tristes consecuencias. Aquellos gudaris, todos juntos, como en bloque, seguían dando patadas al balón para dar de comer a los niños vascos del exilio.

Casi nunca un equipo extranjero ha jugado en una confrontación de Liga nacional. Y eso hizo el Euzkadi en la Liga mexicana. Caso insólito en el fútbol mundial. Era la temporada 1938-1939 de México y también de Euskadi. Aquí, en los postres de la guerra, y allí en una relativa paz. Iba a ganar un equipo amigo, aunque extranjero. Un equipo no extraño, aunque peregrino. Un equipo de amigos: El Euzkadi. Había que seguir y seguirían. Dando patadas al balón para dar pan a los niños vascos del exilio.