La profesionalización del trabajo artístico —o, más bien, su equiparación a otros ámbitos profesionales— es un camino que ya han emprendido múltiples instituciones europeas, estatales y también vascas. El último ejemplo es el convenio de colaboración suscrito entre la Diputación de Bizkaia y el Ayuntamiento de Bilbao, por el que la institución foral se compromete a destinar 80.000 euros para apoyar a los artistas residentes de BilbaoArte.
Según señaló este lunes la subdirectora del centro municipal de arte contemporáneo, Elena López Camacho, la colaboración establece unas condiciones “que permiten dar respuesta a la necesidad de profesionalización, porque más recursos significan más tiempo y más estabilidad”.
En esta línea, subrayó que el acuerdo contribuye a generar un sistema artístico “sólido y altamente cualificado”, que enriquece no solo el tejido cultural de la ciudad, sino también el del territorio y su proyección nacional e internacional, gracias a la presencia posterior de los artistas en ferias, museos y espacios de arte contemporáneo. Esta es, precisamente, la senda que siguen otros países del entorno europeo, como Irlanda.
Dublín ha consolidado una Renta Básica para las Artes (BIA) de la que se benefician alrededor de 2.000 artistas y trabajadores creativos. Los beneficiarios reciben 325 euros semanales —unos 1.300 mensuales— durante tres años. La ayuda, considerada “una inversión” por el Gobierno irlandés, busca garantizar la estabilidad financiera y fomentar la creatividad sin exigir una producción obligatoria.
El argumento es claro: asegurar condiciones de vida estables para el ecosistema artístico se traduce en obras de mayor calidad, al permitir que sus creadores dediquen tiempo y energía a la producción y no a subsistir mediante trabajos precarios.
Más ejemplos
En Francia también se han implementado programas específicos para mejorar las condiciones de los artistas. En el caso del país galo, artistas y técnicos del ámbito escénico pueden acceder a una prestación por desempleo específica siempre que demuestren que han trabajado al menos 507 horas en un periodo de diez meses y medio. De esta manera, el Estado se encarga de complementar sus ingresos durante los meses sin contrato.
Por otro lado, en Alemania existe la Künstlersozialkasse - KSK. Funciona como un fondo de seguridad social único que asume hasta el 50% de las cotizaciones de salud, pensiones y cuidados de larga duración de los artistas autónomo. Para acceder, se ha establecido como corte un ingreso mínimo anual de 3.900 euros, aunque los principiantes tienen hasta tres años de carencia sin este requisito.