Con el título 'De lo mundano y lo sublime' se acaba de publicar por primera vez la correspondencia mantenida entre 1934 y 1943 entre un joven y aún desconocido Camilo José Cela (1916-2002) y Lolita Franco (1912-1977), escritora e intelectual de quien estaba "enamorado platónicamente", según sus editores.

Publicado por la Fundación Banco Santander, el epistolario descubre a un Cela "inédito, sin máscaras", "inseguro" y que "aún no ha florecido" como escritor y al mismo tiempo reivindica a Lolita Franco como "una de las grandes intelectuales del periodo", ha señalado en rueda de prensa Francisco Javier Expósito, responsable de literatura de la fundación.

Franco solo llegó a publicar un libro, 'España como preocupación', prologado por Azorín en su primera edición de 1944 y que fue "puntal de su generación", antes de contraer matrimonio con el filósofo y ensayista Julián Marías, con quien tuvo cinco hijos.

En estas cartas "hay amor platónico, amistad profunda, compromiso literario y poético y escenas de cine", ha dicho Expósito, a lo que ha agregado el valor de insertarse en un periodo convulso de la historia de España, desde los últimos años de la II República hasta que Cela alcanza la fama con 'La familia de Pascual Duarte' (1942), pasando por el estallido de la Guerra Civil.

Influencia intelectual y formación literaria

El catedrático de literatura española Adolfo Sotelo, director de la cátedra Camilo José Cela de estudios hispánicos de la universidad que lleva su nombre, señala en el prólogo que sus familias eran amigas; se conocieron cuando un incendio destruyó el chalet en el que se alojaban los Cela en Las Rozas (Madrid) durante el verano de 1934.

La familia de ella vivía en el chalet colindante. "Cela estaba enamorado platónicamente de Lolita Franco, le fascinaba su autoridad intelectual", ha señalado Sotelo.

Franco era entonces alumna predilecta de Ortega y Gasset en la Facultad de Filosofía y Letras de Madrid y se relacionó también con figuras como Pedro Salinas o María Zambrano, que recomendó a Cela para que la leyera. "No es una figura secundaria, sino una mujer decisiva en la formación intelectual de Cela", ha afirmado Sotelo, responsable de la antología. En una de las cartas, sin fechar, ella le da consejos para escribir.

"Céntrate en ti mismo y búscate. No escribas sino cuando tu alma vibre, cruja o tiemble. Y entonces lo contienes. No pienses demasiado en dar la vuelta al mundo. Si la has de dar, ya llegará. Dala antes por tu mundo interior, toma plena posesión de él, a lo alto y a lo hondo", le dice.

"Te he visto y el verte me ha dejado profundamente triste"

En otra, del 13 de enero de 1937, Cela trata de consolarla por la muerte de su hermano fusilado. "La guerra es la barbarie desencadenada, es verdad, pero sobre la guerra hay muchas cosas, y los almendros y los manzanos seguirán cubriéndose de flores todas las primaveras".

En mayo de ese mismo año, Cela deja ver su personalidad "victimista", según Expósito, después de ver a Franco en un café junto a Julián Marías. "Te he visto y el verte me ha dejado profundamente triste. ¡Tanto tiempo sin aparecer por aquí!, ¡tanto tiempo sin decir una palabra! Te absorbe Marías. Es normal..., yo no soy nadie".

Sotelo ha subrayado que ella era "su referente de estabilidad dentro de la crueldad de la adolescencia" y ha recordado que le dedicó varios poemas de su primer libro, 'Pisando la dudosa luz del día', dedicatorias que fueron suprimidas en ediciones posteriores. Al acto de presentación a los medios ha asistido también Miguel Marías, hijo de Lolita Franco y de Julián Marías.

"Seguramente, hay cosas que no sé de mi madre de las que me voy a enterar ahora", ha dicho. De su madre ha recordado que, como hija mayor de una familia de once hermanos -entre ellos, el director de cine Jesús Franco-, le tocó cuidarlos y acabó "hasta la coronilla".

Con todo fue "una madre hiperprotectora" que no pudo dedicarse a lo que quiso, porque tanto ella como Julián Marías se negaron a firmar la declaración de adhesión al régimen. También ha dicho que su admiración por Salinas hizo que cambiara Filosofía por Filología Hispánica; mientras que su padre, que era de Ciencias y quería ser Químico, se inclinó por la Filosofía después de escuchar a Ortega.