Los Cero de siempre… o incluso mejores
091 publican ‘Espejismo N.º 9’, que presentarán en Bilbao el 2 de mayo, y siguen sumando puntos y canciones como uno de los mejores grupos estatales de rock de la historia
Nada de espejismo, 091 son una realidad tangible, corpórea y tan contundente y lírica en 2026 como en 1982, aunque más madura, sabia y elegante. Los Cero de ahora son incluso mejores que entonces, como demuestra Espejismo n.º 9 (Universal), un recital de buen gusto lírico y vocal trufado de rock, blues y algo de pop, folk y punk, y con su brújula apuntando, entre la ficción y la realidad, a la incertidumbre, la rabia, el desgaste que provoca el tiempo, el deseo, los sueños y la esperanza. Palabras, guitarras y rock´n´roll que combaten como armas a favor de la resiliencia mientras la vida pasa a nuestro alrededor.
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091 ha superado los 40 años –con un largo hiato, eso sí– desde su formación y tras las huellas en Graná dejadas por Miguel Ríos y Los Ángeles, como coetáneos de TNT y desbrozando el camino para Lagartija Nick, Los Planetas o Lori Meyers. Liderados por la guitarra y composiciones de José Ignacio Lapido, músico de culto en solitario, y la voz espléndida de José Antonio García, son los autores de clásicos como La vida qué mala es, Qué fue del siglo XX o La torre de la vela. Tras un regreso exitoso y seis años después de su último lanzamiento, La otra vida, que dejó clásicos instantáneos como Vengo a terminar lo que empecé, Naves que arden o Leerme el pensamiento, publican este fin de semana su noveno disco.
Espejismo n.º 9 , que el grupo presentará en Santana 27 el 2 de mayo, se grabó entre octubre de 2024 y julio de 2025 en los estudios El Cobertizo de Carlos Díaz, con la producción de Raúl Bernal, colaborador de Lapido en solitario, quien, en esta ocasión, además de compositor de músicas y letras, se ocupa de todas las guitarras tras la huida de su hermano Víctor. Ajenos como siempre al ruido externo de modas y algoritmos, han vuelto a hacerlo. “Pensé que al cumplir más años iba a ser peor, pero ha sido un proceso muy natural y orgánico”, explica Lapido sobre la composición, que partió siempre de melodías o riffs a los que después vistió con ese regusto poético tan habitual en sus letras.
Las canciones
- ‘Algo parecido a un sueño’. Primera compuesta y grabada, incorpora la letra más localista, con citas a fuentes, plazas y calles de Graná y aporta una guitarra a lo AC/DC antes de convertirse en un bonito medio tiempo conducido por el groove molón de Tacho (batería) y Jacinto (bajo).
- ‘Piezas de desguace’. Balada que remite en su título a su debut, Cementerio de automóviles, arranca acústica y divaga sobre la incertidumbre y el “desgaste” que provoca el tiempo.
- ‘Nadie quiere oír tu llanto’. Caña a saco, guitarras como cuchillas y palabras como armas afiladas para combatir. Rabia y dolor con la novedad de incorporar los nombres de varios desheredados que luchan contra sí mismos.
- ‘Ven vestida de nube’. El lirismo hecho canción. “Una de nuestras canciones más emocionantes”, dice Lapido con razón. Es una balada soul intimista para tumbarse a mirar el cielo y ver pasa la vida, un mundo “enloquecido y en llamas”.
- ‘Los cantes de la sinrazón’. Riff infeccioso a lo The Cars con ritmo nuevaolero. Alude a “la vieja escuela”, a las preguntas sin respuestas, a la ausencia de cómo y porqués. Reflexiones y “pájaros en mi cabeza” para descifrar los enigmas que nos atormentan.
- ‘No tiene sentido escapar’. Una canción que equilibra el disparo rockero con la magia del pop instantáneo. Un himno que habla el destino y el azar entre brochazos de incertidumbre.
- ‘Dormir con un ojo abierto’. Aires de blues oscuro y eléctrico como el de Chicago, con el reverb de la guitarra y la voz forzada. Llamamiento a no bajar la guardia porque “la vida es peligrosa”, a la vez que autoconfesión sarcástica: “quisimos construir un mundo nuevo, inventar la rueda por segunda vez”.
- ‘Antes de que salga el sol’. Con título que evoca a los Nacha Pop más vitaminados, incluso en su bajo inicial, es un medio tiempo pop con precioso y melódico estribillo. Plantea el regreso a las calles y planta la semilla de la rebelión, dando la voz a los desesperados y a los olvidados.
- ‘Una revelación’. Rock contundente y con pegada a lo The Clash/Los Trogloditas, es “una canción furiosa” con referencias a Elvis, Stalin, Dios y Santa Teresa, y ecos de garaje de los 60 y 70, con teclado Farfisa en segundo plano.
- ‘Puede que el tiempo’. Aúna otro bajo profundo, melodías vocales del pop de los 60 –Los Brincos y Los Ángeles– entremezcladas con el folk rock estadounidense envuelto en aromas de psicodelia.
Sin novedades estilísticas, Espejismo n.º 9 sorprende por la contundencia y claridad de su producción, con cada nota y voz sonando en su lugar, sin espectacularidades vacuas, quizás más calmo y maduro e igualmente elegante, haciendo suyos, con su bagaje y experiencia, los “muchos palos” de sus influencias, con José Antonio cantando mejor que nunca, un aluvión de coros magníficos y el contrapunto novedoso de colchones de teclados como argamasa del conjunto.
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