Wilco vuelven a sus raíces campestres

El grupo, que el 20 de junio actuará en el Kursaal, regresa a sus sonidos country con 'Cruel country', disco tan emocionante como excesivo y conservador en sus 21 temas

05.06.2022 | 00:20
El grupo canadiense Wilco presenta su último disco, un álbum doble con 21 canciones.

Hace en torno a dos décadas que Wilco editó algunas de sus obras maestras, como Summerteeth, Yankee Hotel Foxtrot o A ghost is born, que encandilaron con el personal estilo de su líder, Jeff Tweedy, tanto a los amantes del country alternativo como a la parroquia rock alternativa. Tras varios discos anodinos, los de Chicago han vuelto a las raíces con su 12º álbum, Cruel country (dBpm/Anti), un álbum doble, de 21 canciones, tan excesivo y conservador como emocionante y en el que regresan a sus inicios country con una radiografía actual de Estados Unidos.

Musicalmente, Wilco abandonan la urbe y vuelven al campo, a la vez que regresan a la carretera para presentar su último disco, el día 20 en el Kursaal, con entradas a 50 euros, el 21 en Zaragoza y el 22 en Barcelona. Y lo hacen con una vuelta a las raíces, al folk y country que mamaron de sus ídolos, ya que lo que se aprende, disfruta y sufre durante la etapa formativa de la niñez y adolescencia nos pasa factura siempre y permanece latente, presto a emerger cuando nos agarra la nostalgia del cuello.

El folk, el country y el rock fueron la escuela y el refugio de Tweedy hasta que optó, junto a Jay Farrar, por formar su primera banda, Uncle Tupelo, que dio pie a la etiqueta Alt Country y definió a una generación que había crecido con la música estadounidense de raíces, eso que hoy se llama Americana, pero la acercaba en planteamientos y rabia al punk. En ese camino ambivalente llevan los Wilco 27 años de carrera y una docena de discos.

Tras la decepción de Star wars, Schmilco y Ode to joy, que solo nos dejaron gemas sueltas como Taste the ceiling, If I ever was a child, One and a half stars o Everything hides, Cruel country reconcilia a Wilco con su historia y su nivel artístico. Es un álbum doble con 21 canciones compuestas por su líder y que el grupo –John Stirratt, Glenn Kotche, Mikael Jorgensen, Pat Sansone y el fantástico guitarrista Nels Cline– ha grabado en el estudio Loft, con casi todas los temas registrados en vivo y apenas sobregrabaciones.

"Es un estilo que obliga a una banda a ceder el control y aprender a confiar unos en otros, junto con las imperfecciones musicales y de otro tipo de los demás", según Tweedy. "Cuando funciona parece como reunirse alrededor de un instrumento colectivo salvaje, uno que requiere seis juegos de manos para tocarlo", apostilla. "La inspiración está sobrevalorada. Hay que invitarla", escribía Tweedy en su libro Cómo escribir una canción (Contra). A fe que lo hizo durante la pandemia, ya que nos entrega 21 canciones.

Son demasiadas. Con media docena menos, Cruel country sería más redondo; eso sí, no sobra (casi) nada. Y el jefe ha optado por dejar de luchar contra "la limitación" de llamar country a su música. La catalogación, siempre incómoda, le sirve como "una puerta abierta" para componer. En este caso sí que se acerca a los cánones del género al rodearse de guitarras acústicas, slides, pianos y bases rítmicas tenues. Pueden tildarles de conservadores y nostálgicos, pero el álbum tiene mucha miga.

Ante todo, es un disco sencillo, de sonoridad campestre y temas cortos en su mayor parte. Retrotrae al legado de The Band, Dylan, Johnny Cash (fue su telonero con los Tupelo), Woody Guthrie, Neil Young o Gram Parsons. Con estos mimbres como impulso y el genio de Tweedy, el disco eleva el nivel de su última obra aunque, a veces, echemos en falta los pasajes rock de sus primeros A. M. y Being there. Sí están esas melodías de emoción plena en Hints, Country song upside–down, Darknes is free o All across the world, y cierta experimentación se adivina en los arreglos atmosféricos de The plains o Many worlds.

LEGADO BEATLE

Ideado como "una narración conceptual vaga sobre la historia de los Estados Unidos", el disco, que no olvida el legado Beatle en canciones como Stay to tell, le sirve a su autor para "entrelazar mis sentimientos personales con mitos colectivos" y utilizarlo para evaluar el estado mental de su país. "La gente viene y surgen los problemas. Es hermoso y es cruel", explica en alusión al título del álbum, tomado de una canción en la que canta: "amo a mi país como un niño pequeño, un país estúpido y cruel/todo lo que tienes que hacer es cantar en el coro y matarte de vez en cuando". Terrible.

"No puedo reparar cada valla rota", entona en I am my mother, en la folk Ambulance mete a un younqui en una ambulancia ?–¿metáfora de su país?– y critica la falta de empatía y sensibilidad ante el dolor ajeno en Heart hard to find. Y aunque cante "la realidad lo arruina todo" y "nada cambia, no hay forma de ser libre", Tweedy firma himnos de esperanza, luz y resilencia como Sad kind of way y de amor en piezas como Tonight's the day, donde canta "entre el bien y el mal, y lo que es verdad/entre la felicidad y la tristeza, te elijo a ti". Pues eso, que recuperan el pulso. l

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