Óscar Alzaga dona tres cuadros italianos al Museo de Bellas Artes

Las obras cedidas con reserva de usufructo por el catedrático y abogado complementan la colección italiana de la pinacoteca bilbaina que abarca un amplio periodo entre 1588 y 1766

29.09.2021 | 19:15
Juan Mari Aburto, Óscar Alzaga, María Luisa Ruiz y Miguel Zugaza, en la sala G de la pinacoteca bilbaina.

Figura de gran relevancia durante el periodo de la Transición, la faceta del catedrático y abogado Óscar Alzaga como coleccionista de arte no fue conocida hasta hace unos años, cuando realizó sus primeras donaciones al Museo del Prado. Tres de los cuadros que no entraron en aquella remesa recalan ahora en el Museo de Bellas Artes de Bilbao: Retrato de dama con niño, de autoría desconocida; Judit y su sirvienta con la cabeza de Holofernes, de Orazio Gentileschi; y Judá y Tamar, de Salvator Rosa. Estos óleos sobre lienzo, que complementan la colección italiana que abarca de 1588 a 1766, han sido donados con reserva de usufructo. Eso significa que "un pequeñito periodo inicial" de la larga vida que aún les espera a estas obras de arte permanecerán en la propiedad de Alzaga, según él mismo ha concretado.

"En esta donación hay un factor definible: hacer el bien. En ningún sitio van a estar mejor que en Bilbao", ha aseverado Óscar Alzaga (Madrid, 1942), que con la cesión ha pretendido rendir tributo a la ciudad de la que fueron oriundos sus padres. "La colección es espiritualmente de los dos", ha señalado en referencia a su mujer, María Isabel Ruiz, que ha participado en la decisión de compra de todos los cuadros. Según ha detallado, salvo algunas obras adquiridas en Estados Unidos, gran parte de la colección que han reunido la han completado acudiendo a subastas en Londres. "No se trata de comprar mucho, sino de comprar obras interesante", ha matizado el jurista, "con una gran afición a la pintura" pero sin conocimientos técnicos, según ha concretado.


DONACIONES EN OTROS MUSEOS


"Estamos ante tres cuadros que estuvieron a punto de quedarse en el Museo del Prado", ha recordado el filántropo, que fue líder de la democracia cristiana española desde la clandestinidad y uno de los fundadores de UCD. En aquella primera ocasión, en la que cedió seis obras y ofreció la cuantía económica para comprar la séptima, ha rememorado, puso una condición "de sentido común": "Que los cuadros que se llevaran de casa fueran para colgarlos en las paredes, no para los sótanos. Eso es lo que llevó a reducir el número de cuadros que se llevaron", ha asegurado Óscar Alzaga, que actualmente negocia la donación de otra parte de su colección a los museos de la Junta de Andalucía.

Miguel Zugaza, director del Museo de Bellas Artes, conoció la colección de Alzaga siendo director del Museo del Prado. De hecho, aunque la donación se formalizó en 2017, después de su salida, recibió "el fabuloso mandato de seleccionar entre las muchas obras reunidas a lo largo de una vida aquellas que formarían parte de una donación excepcional al Museo del Prado". Según ha destacado Zugaza, Óscar Alzaga atesora dos vocaciones "ejemplares" en el terreno del arte: "La primera es un empeño coleccionista muy singular, dedicado especialmente al arte de los antiguos maestros europeos. La segunda, aún más singular, es la filantropía". Con esta donación, ha considerado el director del Bellas Artes, la pinacoteca suma "tres obras excepcionales".

Es más, en palabras de José Luis Merino Gorospe, conservador de Arte Antiguo del museo, la donación no solo "completa la colección de pintura italiana", que abarca de 1588 a 1766, sino que ofrece "una panorámica sumamente interesante y didáctica". En esa misma línea, Juan Mari Aburto, alcalde de Bilbao, ha manifestado que las obras "extienden el discurso de la colección", además de añadir "nuevas firmas" en el caso de Salvator Rosa. Respecto a la obra de Orazio Gentileschi, ha explicado que hace casi un siglo que se sumó la primera de sus obras a la colección del Bellas Artes, concretamente en 1924, con la incorporación de Lot y sus hijas. Con esta nueva incorporación, "las obras prácticamente dialogan entre sí". Asimismo, el alcalde ha recalcado que "la práctica del mecenazgo individual está en el ADN del museo", que alberga un "importante número de piezas que han sido donadas".

HISTORIAS DE SEDUCCIÓN


En lo que respecta a los cuadros, Retrato de fama con niño es una obra anónima datada entre 1570 y 1580. "Me dijeron que tarde o temprano acabará sabiendo quién es el autor del cuadro", ha asegurado Alzaga, conocedor de su tenacidad, en alusión a Miguel Zugaza. Las investigaciones más recientes concluyen que el autor de esta enigmática obra fue, probablemente, un pintor florentino. En esta composición de largas dimensiones el pintor representa a una mujer con porte rígido acompañada por un niño, su hijo o un paje, al que tiende un ramillete de claveles y jazmín. La dama está ataviada con un elegante traje propio de la moda cortesana de los Austrias. "Contiene elementos iconográficos que hacen particularmente interesante este cuadro", ha aseverado Merino.

La segunda de las donaciones, Judit y su servienta con la cabeza de Holofernes, creada entre 1505 y 1612 por Orazio Gentileschi, representa un conocido episodio del Antiguo Testamento: describe el instante en el que la joven viuda hebrea Judit, empuñando aún la espada, retira la cabeza del general Holofernes, a quien ella ha seducido con el propósito de decapitarlo. José Luis Merino ha mostrado otras obras de Gentileschi con las que guarda similitudes. "Repetía elementos y los sacaba de contexto", ha explicado Merino, como singularidad del pintor influenciado por Caravaggio, que duplicó este escena en varias ocasiones. A la calidad de la obra se le añade el hecho de que probablemente perteneciera a su hija, la pintora Artemisia Gentileschi.

También representa una "historia de seducción" la obra Judá y Tamar, de Salvator Rosa, fechada en 1660. Esta donación supone la inclusión del autor napolitano en la colección del Bellas Artes. Narra un episodio del Antiguo Testamento, tildado por Merino como "truculento", escasamente tratado en la historia del arte. La obra, documentada desde 1706, perteneció al banquero londinense Sir Francis Child, y pasó a sus herederos hasta 1949. "La compré porque la escala de colores estaba muy lograda, un diez sobre diez", ha revelado Alzaga, propietario del cuadro desde que lo adquirió en una subasta en 1995, en Londres.

noticias de deia