Gaitero y flautista

Carlos Núñez: "Quizás sí pueda considerar mi patria a la música celta"

El exitoso músico gallego actúa en Getxo Folk con la trikitixa de Itsaso Elizagoien y Maria Ryan al violín

24.09.2021 | 19:37
Carlos Núñez.

Carlos Núñez llega este sábado a Getxo Folk, al centro Muxikebarri, tras varios conciertos en Bretaña, donde ha mezclado ópera, música celta y Beethoven. "He dedicado mi vida a la música celta sin complejos, sin verla como un nicho pequeño en el que estás cómodo y no te mueves, sino como una base sólida desde la que viajar a todo el mundo y a muchas músicas", explica el gaitero gallego, que actuará en el festival con Itsaso Elizagoien a la triki y Maria Ryan al violín.

Llega de Bretaña, donde ha ofrecido varios conciertos de su gira 'Celtic Beethoven', con algunas de sus composiciones adaptadas al sonido celta.

-Sí, es un programa que está funcionando muy bien. Lo hicimos ya en la Quincena Musical en verano y lo emitirá ETB próximamente. Estos días estamos con el cantante de ópera Bryn Terfel y la Orquesta Nacional de Bretaña, que también interpreta en el programa la 7ª Sinfonía. Algunos dicen que debería llamarse 'la irlandesa' por sus muchas influencias de ese repertorio tradicional.

Siempre defiende la belleza y longevidad de la música celta. Y ahí está la prueba, basta con escuchar algunos pasajes de Beethoven ¿no?

-Efectivamente, a veces hay un cierto esnobismo en relación a la música celta y se piensa que el rock o la world music es más cool; o la música clásica o la música antigua más elevadas. Pero al estudiar en profundidad la música celta te das cuenta de que grandes como Dylan o MacCartney la citan como una fuente esencial, o que el interés por recoger el folklore parte del éxito del Ossian de Macpherson en el siglo XVIII. Y el romanticismo le debe mucho también. Beethoven, Schubert, Mendelssohn, Brahms o Massenet compusieron inspirados por ese imaginario gaélico y sus músicas. Algo parecido había pasado en la Edad Media con la Matière de Bretagne. La música celta es un género histórico y de tradición oral que se ha ido adaptando a los tiempos consiguiendo viajar más allá del rural atlántico del que parte.

Han transcurrido ya 25 años desde su debut, 'A irmandade das estrelas'. Sentirá que ha aprovechado bien el tiempo ¿no? Que decidió bien al dejar su plaza de profesor en un Conservatorio.

-Conste que a mí la enseñanza también me gustaba mucho ¡eh! Pero, sí, han sido 25 años realmente maravillosos y de vez en cuando aún doy alguna masterclass.

Es casi un milagro que siga usted ahí, llenando escenarios. Y al otro lado, casi lo mismo, escribiendo sobre ello.

-Como a todos, nos ha tocado adaptarnos; siempre ha sido así. De hecho, casi estábamos preparados para la pandemia sin saberlo, porque en verano, a falta de un circuito para nuestra música, nos habíamos creado uno propio. Lo llamamos Lugares Mágicos, con conciertos en plena naturaleza o en monumentos, con una producción minimalista que descubrí en una gira en EE.UU. Y al final es el sistema al que ha tenido que adaptarse todo el mundo con las medidas COVID. Algo parecido ya nos había pasado cuando habíamos empezado a hacer conciertos a taquilla en teatros. Cuando colapsó en sistema de las cajas y del dinero público, estábamos preparados.

Cuando empezó a acompañar a The Chieftains con su gaita no imaginaría que tocaría con orquestas y que un instrumento tradicional pudiera llegar a miles de oyentes ¿verdad?

-Lo de la orquesta fue previo a los Chieftains. Me estrené con 13 años y la Sinfónica del Festival Intercéltico de Lorient, pero sí, el pico celta de los 90 fue sorprendente para alguien criado en unos 80 en los que había que ser moderno y copiar el rock anglo. Todo lo que oliese a tradición parecía antiguo. Para los Chieftains o Alan Stivell quizá fue menos sorprendente porque habían vivido un boom celta previo en los 70.

Ha vendido más de un millón de discos, pero quizás se sienta más cómodo ahora, relevante en la escena folk, que cuando fue superventas y n.º 1.

-Lo del número 1 en radiofórmulas con mi tercer disco fue más una apuesta de la discográfica que mía. Yo siempre tuve bastante claro que la música celta podía hacer un montón de tipos de crossover, desde el rock o el pop, al clásico, la música antigua o el flamenco, pero he dedicado mi vida a ese género, sin complejos, sin verlo como un nicho pequeño en el que estás cómodo y no te mueves, sino como una base sólida desde la que viajar a todo el mundo y a muchas músicas.

La música celta conecta personas y países. ¿Puede llegar a considerarse su patria?

-Pues quizá sí, es un género que siempre busca conectar, quizá es un poco ese espíritu emigrante de gallegos, irlandeses...

Con el aniversario de 'A irmandade€' ha editado en vinilo de nuevo el álbum. Y ha grabado una segunda parte con Rozalén, Andrés Suárez, Iván Ferreriro, Orquesta do Pórtico da Gloria€ ¿Qué le impulsó a ello?

-Fue muy natural. El actual presidente de Sony, José María Barbat, el responsable del lanzamiento de Rosalía y C. Tangana, nada menos, fue el jefe de producto de mi primer disco. Ambos estábamos empezando, y es un gran amigo desde entonces. Hablamos de que había que celebrarlo y fue surgiendo de forma natural.

En el disco aparece Glen Hansard. ¿Le conocía, cómo llegó a 'Leave a light'?

-Glen peregrinó a Santiago por mar con otros músicos irlandeses, amigos comunes de ambos, y el barco tradicional en el que venían (parando en Euskadi, creo) naufragó y el alma mater del viaje, el poeta Danny Sheehy, falleció ahogado, justo entre Galicia y Portugal. Esa canción se la dedicó Glen a Danny.

Se codea con músicos de trap y reggetón. ¿Qué les une a ellos?

-Desde hace ya años me llamaba la atención que en el trap usan un ritmo idéntico a la muñeira. Es algo que comenté con C. Tangana, cuyo padre es de Vigo. Al final me animé a musicar, con varios productores gallegos que trabajan con él, un poema con ritmo de muñeira, que me había regalado Uxío Novoneyra, uno de los mayores poetas gallegos del XX. No era nada fácil porque siendo en estilo aparentemente tradicional y sencillo, usaba magistralmente muchos recursos técnicos que se salían de los cánones y hacían compleja la tarea, hasta que los de las músicas urbanas me ayudaron a que todo fluyese natural.

¿Y qué le depara el futuro, cómo ve la música de raíz en los próximos años? Una vez que me dijo que era nuestro mayor tesoro. Y que los políticos no lo apoyaban como debían, obsesionados por lo moderno y lo contemporáneo.

-No sé cómo está la cosa en Euskadi, pero a nivel estatal creo que está cambiando y los músicos mainstream están menos obsesionados en copiar lo de fuera y redescubriendo sus propias raíces, lógicamente adaptándolas a los tiempos. Curiosamente, creo que a veces el apoyo político ha hecho que esas raíces quedasen circunscritas al ámbito de acción de esos políticos en vez de ser universales. Es como que el gran presupuesto iba al festival pop y el pequeño, a lo propio. ¡Ojalá salga una Rosalía del norte!

Somos raíz ¿no? Es lo que nos identifica y nos hace diferentes, únicos.

-Pues sí, y no solo eso sino que será lo que mejor hagamos, lo más interesante que podamos ofrecerle al mundo, mucho mejor que intentar copiar a otros.

En el caso de Euskadi, ahí sigue su enamoramiento. De Kepa Junkera en los inicios a los últimos tiempos con la triki de Itsaso Elizagoien.

-Aquel Huriondo con Kepa que integró Irmandade fue una experiencia inolvidable. Si quieres un buen acordeón, busca trikitilaris, como buscaría un flamenco si quieres una guitarra o irías a Irlanda a buscar un violín. En Getxo tendremos a Itsaso en la triki y a Maria Ryan al violín.

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