musika

El tributo de Lou Reed a la Gran Manzana y a sus personajes heridos

27.09.2020 | 01:18
El disco viene a recordar a Reed en su mejor momento.

Se reedita 'New York', un clásico grabado en la madurez del músico y que se completa con inéditos, directos y una entrevista

como la filmografía de Woody Allen, desde Velvet Underground a su carrera en solitario, las canciones de Lou Reed fueron (casi) siempre un retrato descarnado a su querido/odiado Nueva York y a sus personajes callejeros, marginales y suicidas. Y lo llevó al extremo en New York (Warner), su crudo disco de 1989, una obra conceptual sobre el efecto del Sida y las políticas del presidente Ronald Reagan en sus calles y vecinos. El álbum se reedita mejorado en sonido y con material inédito en estudio y directo, además de una entrevista.

Un Reed ya maduro venía de rehabilitarse de sus dependencias, de grabar New sensations y Mistrial, y harto de ser considerado "una figura de culto" alejada de los oropeles del éxito. Se cuestionaba a sí mismo y preguntaba por qué Springsteen sí lo había logrado con Dancing in the dark y él no con I love you Suzanne, por ejemplo. Corría enero de 1989, tenía 46 años y New York lo cambió todo al vender más de medio millón de copias gracias al álbum más exitoso de su carrera y, cualitativamente, uno de los mejores de su etapa de madurez.

El autor de Berlín debutaba con Sire Records, el sello de Ramones, Talking Heads, The Smiths, Pretenders, The Cure o Depeche Mode, y dio en la diana con su décimo quinto disco en solitario. El álbum se grabó en el Studio B de los Media Sound de la ciudad, bajo la producción de Fred Maher, miembro del grupo Scritti Politti. La guitarra de Lou se oye por el canal izquierdo y en la mayoría de los solos, y la del derecho es obra de Mike Rathke en un disco en el que colaboran el gran Rob Wasserman al bajo y a la batería la excompañera de Lou en la Velvet, Maureen Moe Tucker, en dos canciones.

El autor, que siempre buscó, como Dylan, llevar la literatura al ámbito del rock para convertirlo en una obra adulta y perdurable, grabó las canciones en el orden en que aparecen y su casi hora de duración "debe escucharse de una sentada", según Lou, porque fue concebido "como si fuera un libro o una película", escribía en la contraportada. Una obra cruda, tanto en su contenido como en su presentación musical con un sonido áspero y sucio, minimalista, con guitarras crudas y en primer plano que nos muestra calles envueltas en vapor, camellos de crack con armas, bandas que matan policías, el efecto del sida€ Personajes que dibuja humanos y dolientes, poniéndose claramente de su lado y enfrentados a poderosos como Donald Trump o el alcalde Rudolf Giuliani.

Rock y política

 New York evidencia una conciencia política que Reed había ido consolidando en los años anteriores cuando participó en la campaña Sin City contra el apartheid en Sudáfrica, liderada por Little Steven, y la gira de Amnistía Internacional en los 80. Se advierte claramente desde su inicio con el estribillo efectivo de Romeo and Juliette, la historia de dos marginados latinos en un Manhattan que compara con la antigua Roma, hundiéndose porque "es difícil que algo importe una mierda".

Los mismos personajes descabalgados abruptamente del sueño americano en el octavo mandato de Reagan pueblan Dirty Boulevard. El recorrido por esos sucios callejones lo hacemos con guitarras acariciantes, hasta que arañan sin contemplaciones al llegar el estribillo acompañando a ese niño maltratado que sueña "con hacerse mayor y matar a su viejo", y a quienes no les alcanza para pagar el alquiler y fantasean con volar lejos de su destino.

Muchos de esos hombres y mujeres inadaptados, muchos de raza latina, se pasean por un disco que evidencia la carga de la violencia, el maltrato, el alcohol y las drogas en el seno familiar, como constata Endless cycle, o el dolor que dejó el Sida en la comunidad gay. Halloween parade, que alude al desfile anual de los vecinos y vecinas homosexuales para mostrar sus reivindicaciones con un leve ritmo reggae, aparece como una actualización de Walk on the wild side, pero sus protagonistas, los que han logrado sobrevivir, están más que heridos y su despedida final ("nos vemos el año que viene") cobra visos de sueño incapaz de cumplirse.

Utilizando Nueva York como metáfora de un país, Reed nos cuenta con electricidad desatada y un rock crudo y distorsionado que "ya no hay tiempo", que hay que actuar y dejarse de "discursos políticos" en There is no time. No menos robusto y primario suena Busload of faith, en la que contrapone "un cargamento de fe" para enfrentarse a que "lo peor siempre ocurrirá". El disco incluye también lamentos ecologistas en The last american whale, un ritmo trotón cercano al country en Sick of you y al jazz en Beggining of a new adventure, y un cierre exótico y filosófico, alejado del concepto social y político general, en Dime store mystery, sobre lo humano y lo divino, contraponiendo a Jesús con su colega Warhol, fallecido dos años antes.

Además del disco original remasterizado en compacto y vinilo, el lanzamiento, impulsado por la esposa de Lou, Laurie Anderson, incluye inéditos grabados en estudio y en vivo. Entre los primeros destacan 14 versiones primerizas de los temas del álbum, que destacan por la naturalidad de aquellos ensayos y la ausencia de voz. A ellos se suman la sorprendente carga blues de Sick of you, el instrumental inédito The room, y versiones en directo del disco y dos de sus clásicos, Sweet Jane y Walk on the wild side.