Los 25 años del grupo de Chicago Wilco

03.04.2020 | 00:33
Una de las formaciones recientes de Wilco, con Jeff Tweedy al frente.
Los 25 años del grupo de Chicago Wilco

El grupo de Jeff Tweedy debutó hace un cuarto de siglo con 'A. M.' para colisionar rock, country, folk, pop y vanguardia

LOS aficionados al rock tienen en Wilco uno de sus máximos placeres actuales. Resulta secundario si se les encuadra en la categoría de americana o country alternativo, porque los de Jeff Tweddy han ofrecido discos y conciertos apasionantes en sus primeros 25 años de vida, desde que publicaron su debut, el minusvalorado A. M. (Warner), que abrió la puerta a un viaje gozoso en el que el rock, country, folk, pop y vanguardia colisionan, según época y discos.

Escuchar a Wilco es una experiencia apasionante en la que uno se da de bruces con violencia eléctrica, arreglos vanguardistas o melosas caricias. Y con el rock contemporáneo también, ese que no desdeña sino que se proyecta desde la mejor tradición de la música estadounidense de raíces, con ambas patas asentadas en el folk y el country, pero sin obviar la calidez del soft rock e, incluso, el pop escuela The Beatles. El compositor, cantante y guitarrista Tweedy formó Wilco en Chicago en 1994, tras la disolución de Uncle Tupelo, el grupo que colideraba con Jay Farrar. Las tensiones creativas y personales entre ambos forzaron la disolución de un proyecto que editó cuatro discos.

Curiosamente, Uncle Tupelo sí influenció a multitud de bandas de country alternativo –cruce de influencias punk y hardcore con Hank Williams y la Carter Family– e impulsó la creación de un medio de comunicación vital para el movimiento No Depression, que tomó el nombre del debut del grupo. Tras la disolución, Farrar y Mike Heidorn formaron Son Volt, mientras que Tweedy y el resto de miembros decidieron seguir adelante como Wilco.

Aunque sus últimos discos están artísticamente lejos de trabajos como Summeteeth y los más experimentales Yankee Hotel Foxtrot y A ghost is born, Wilco sigue vivo 25 años después de un debut, A. M., que revisionado hoy se erige como una pequeña obra maestra.

Sus trece canciones pueden pecar de tradicionales y poco arriesgadas, sí. ¿Y qué? Su repertorio resulta, todavía hoy, incuestionable. Se abría con I must be high, un tema de melodía fresca y potencia guitarrera que sigue vivo en sus conciertos. El resto admite también pocas dudas. De los ecos de los Stones de Casino Queen, a medios tiempos de guitarras luminosas como Box full of letters, piezas acústicas de folk pop como Pick up the change, baladas de aires country o bluegrass, y el guiño eléctrico y punk de Too far apart. Un gran disco con ecos de Eagles, Beatles, Neil Young, Minutemen...