Escritor y autor de ‘la voz del faquir’

Harkaitz Cano: “Imanol es la persona ideal para contar 50 años de historia”

Recorre con ‘La voz del faquir’ 50 años de la historia de Euskadi a través del cantante Imanol. Es una obra real y ficcionada, pero con licencias de escritor

09.02.2020 | 03:31
Harkaitz Cano

Recorre con ‘La voz del faquir’ 50 años de la historia de Euskadi a través del cantante Imanol. Es una obra real y ficcionada, pero con licencias de escritor

Bilbao- Imanol murió hace 15 años, su vida es el reflejo de muchos contrastes y contradicciones y Harkaitz Cano ha querido hacer una travesía de los últimos cincuenta años a través de él convirtiéndolo en uno de los personajes de su último libro, La voz del faquir. Esta semana ha presentado la versión del libro en castellano que vio la luz en euskera en noviembre bajo el título: Fakirraren ahotza.

En su libro, 'La voz del faquir', se recorre la trayectoria del cantante Imanol, pero no utiliza su apellido real, Larzabal, lo cambia por Lurgain. ¿Por qué?

-Hay dos tipos de personajes en el libro. Los hay basados claramente en una persona y otros que son constructos de varias personas para construir un personaje, nombres reales hay pocos. En el caso de Imanol tuve muchas dudas, me había tomado bastante libertades y licencias a la de recrear su personaje.

¿Esas libertades le impedían darle la identidad real completa a su personaje principal?

-Más o menos. No le puse el apellido, pero tampoco quería quitarle el nombre de Imanol. Además, había hablado con una treintena de personas a las que les había dicho que estaba escribiendo son Imanol Larzabal. Quería hacerle un homenaje, por él he escrito este libro y le cambié el apellido por respeto.

Supongo que la figura de Imanol es un hilo conductor, pero ¿de qué?

-Para contar la historia de los últimos 50 años de este país, Imanol era la persona ideal. Estuvo en la lucha antifranquista, en el frente cultural, en ETA a finales de los 60, en el exilio en París, allí conoce a Paco Ibáñez? Le tocó estar en momentos clave de la historia de este país como es la huida de Sarrionandia de la cárcel de Martutene y después su manifestación contra la violencia con la muerte de Yoyes y todo lo que ello le supuso. Este arco temporal era perfecto para contar la historia de estas cinco últimas décadas.

¿Escuchaba usted Imanol?

-Cuando a los 15 años empecé a escribir poesía le escuchaba, tenía unos gustos bastante eclécticos. Gracias a sus canciones llegué a muchos poetas. Hay también una historia, la cuento en el prólogo y en el epílogo del libro, es la historia de una cinta que grabó mi padre y aparecía una canción de Imanol antes de que él grabase algún disco. Aunque esto está pasado por el tamiz de la ficción, es real.

¿Un personaje complejo y contradictorio?

-Sí. Complejo, contradictorio y con muchas aristas, esto es quizá lo que le hace literariamente interesante. Indagar en mis propias contradicciones a través de las de Imanol ha sido una de mis apuestas a la hora de escribir este libro. He hecho como unas treinta entrevistas a gente que le conoció en el ámbito político, música, amigos y amigas.

¿Ha sacado alguna conclusión sobre la persona y el personaje?

-Yo le conocí tangencialmente, no tuve ocasión de tratarle en profundidad, pero lo que sí me han dicho es que tenía mucha facilidad para hacer amigos, y la misma facilidad para perderlos. Era una persona radicalmente libre, con todas sus contradicciones, pero muy al servicio de su canción, de su arte, con ese punto de ensimismamiento y de vanidad que tiene todo artista.

En estos 50 últimos años han pasado tantas cosas que aún nos queda pendiente la digestión, ¿no le parece pronto para hacer una revisión histórica sobre Euskadi?

-Creo que no, se corre también el peligro de la tabla rasa, del olvido? Actúo quizá impulsivamente por mi propia necesidad, no sé si es pronto. Personalmente, es tarde, entre otras cosas, Imanol está muerto. Abordo la historia de Imanol porque parte de su historia radica en el hecho de que él muriese con 56 años. Los temas de reconciliación, de memoria histórica, él no los conoció, tampoco la sensación de culpa colectiva. Sentía que era el momento. Tengo la sensación de que el tema vasco está empezando a perder interés, se está perdiendo incluso en Euskadi, quizá por saturación.

¿Le parece que es negativa esa pérdida de interés?

-Quizá es natural, quizá ha habido saturación, no sé si es bueno o malo, negativo o positivo, el tiempo lo dirá.

De todas formas, no sé si se está olvidando, pero a nivel literario y audiovisual están saliendo mucho títulos que tratan el conflicto vasco y la situación vivida en las cinco décadas de las que usted habla, 'Patria' es un ejemplo.

-Tienes razón. Es algo que me da mucho que pensar.

¿Por qué no se hizo antes, cuando el conflicto aún era vigente?

-También estoy de acuerdo. Quizá los escritores hemos asumido con demasiada naturalidad que nos corresponde a nosotros oficializar relato del conflicto vasco.

¿Un error?

-Yo no estoy nada de acuerdo, no es el oficio de escritor que yo entiendo.

Quizá influya la época que a cada escritor le haya tocado vivir.

-Quizá, un escritor es notario de su tiempo, pero de una forma más indirecta. Los escritores que a mí me gustan son más transgresores que notarios, no dictan sentencia. Para eso hay otros ámbitos. Se nos ha hecho creer, yo también durante unos años he asumido ese discurso, que en ese relato que nos han hurtado, nosotros, los escritores, tuviéramos una responsabilidad plus para encontrarlo y fijar en una historia parámetros morales y críticos.

Parece que es la tendencia, sobre todo después del cese de la violencia. Hay escritores que están vendiendo muchos libros haciendo ese relato.

-No tengo tan claro que sea responsabilidad de los escritores hacer el relato del conflicto vasco. Si lees las novelas de escritores irlandeses sobre el tema del IRA, verás que se toman muchísima más libertad, transgreden la realidad, mezclan géneros y a veces van contra el realismo.

Usted, sin embargo, si ha ficcionado en 'La voz del faquir'. ¿Le ha costado más que otras novelas?

-Sí, pero ha sido por la forma que he escogido para escribirla, por entrevistarme con gente. Cuando escribí Twist, puede ser un precedente de este libro, me guío de los periódicos, de la parte pública del dolor, de la sentencia -de Lasa y Zabala- y hago ficción a partir de todo esto.

Testimonios para escribir una novela en la que se ficciona puede parecer raro a los entrevistados.

-Les he explicado claramente que va a ser una novela. Pero por mucho que lo he dicho, me he dado cuenta que la gente no tiene claro dónde está el umbral de libertades que un escritor se suele tomar. Cuando alguien te cuenta una historia espera encontrarla tal cual en el libro y eso no ocurre si es ficción. Se crean unos vínculos con lo que te ofrecen los testimonios, como periodista, tú lo comprenderás muy bien, hay una cierta deuda con ellos. Pero yo manipulo ese material en función de la ficción.

También se nos acusa de manipulación a los periodistas.

-Los buenos periodistas se suponen que no deben. Sin embargo, los buenos escritores deben manipular. Eso es lo que no todo el mundo tiene claro, que en este libro haya mezclado ficción con realidad. Me he dado cuenta de que tenemos una especie de techo de cristal que me ha sorprendido. ¿Por qué no puedo mezclar hechos reales con ficción? ¿En qué punto del estatuto de escritores está escrito eso?

Suponiendo que exista un estatuto de escritores, ¿no?

-Por eso lo pregunto.

¿Qué tiene entre manos?

-En estos momentos estoy con la promoción de este libro. Tengo también un par de cómic y una obra de teatro. Esta obra es sobre el cierre de Egunkaria y es un homenaje al periodismo.

¡Vaya!

-Me paso al periodismo de cierta época. Me baso en el cierre de Egunkaria, pero es la historia de una redacción. Es un homenaje al periodismo escrito, al periodismo de papel.

Un periodismo que no vive sus mejores momentos.

-El cierre de Egunkaria coincidió con las crisis del papel y he querido mezclar estas dos historias.

¿Qué lee usted digital o papel?

-Papel. Rara vez leo digital, es una opción, pero no me acostumbro al digital.

Nadie diría de usted que es un hombre de su tiempo. No lee digital y no tiene móvil.

-Hoy llevo uno. Estoy en promoción, pero no es mío. Cuando lo necesito, me veo obligado a mendigarlo, no tengo móvil en propiedad.

Tampoco conduce.

-Exactamente. No sé si no soy de esta época o soy un adelantado. Ahora están saliendo muchos estudios y la gente se está dando cuenta de cuántas horas pasamos al día delante de una pantalla.

¿Por qué se niega al móvil?

-Hoy me han comentado que el móvil es la nueva navaja suiza. Me ha gustado la frase. Es un instrumento de control y de adicción y no me interesan estos conceptos como fundamentos básicos de cualquier invento. No digo que no tenga virtudes y ventajas, pero me parece excesivo que sea obligatorio tener un móvil. Yo casi no puedo hacer una declaración de Hacienda si no tengo móvil, ¿por qué? ¿No tengo derecho a no tener móvil?

Supongo que escribe en ordenador, ¿no?

-Ja, ja, ja... Soy el primero que pasa once horas delante de una pantalla, la del ordenador. Por eso cuando salgo de casa no quiero más pantallas, tampoco quiero ser localizado constantemente.

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