La Compañía Nacional de Danza pone a bailar a un Don Quijote muy poético
La BOS acompañará con música en directo las representaciones de este clásico literario que llega mañana al Arriaga
Bilbao - Allá por el año 1869, llegaban hasta el Teatro Bolshoi de Moscú los ecos del famoso Caballero de la Triste Figura y su fiel escudero Sancho Panza. El maestro francés Marius Petipa había quedado absolutamente fascinado por las danzas tradicionales de las que había podido disfrutar en sus viajes a España y decidió llevar al ballet uno de los grandes clásicos literarios: el Quijote de Cervantes. Fue entonces cuando el público ruso pudo conocer las andanzas de Don Quijote a través de la danza, acompañadas por la partitura que compuso el austriaco Ludwig Minkus.
A pesar de las diferentes versiones que tanto anteriormente como a partir de entonces se han llevado a cabo en todo el mundo, la de Petipa se ha convertido en toda una referencia dentro del mundo de la danza clásica. Es por ello que el director de la Compañía Nacional de Danza, José Carlos Martínez, ha mirado a través de los ojos del maestro francés y del ruso Alexander Gorski para volver a subir al escenario al hidalgo más famoso de la Mancha.
Tras estrenarse en el Teatro de la Zarzuela y visitar varias ciudades españolas, Don Quijote llega este fin de semana al Teatro Arriaga de Bilbao para ofrecer tres funciones desde mañana y hasta el domingo. En su visita a la capital vizcaina, el espectáculo contará con la música en directo de la Orquesta Sinfónica de Bilbao (BOS), bajo la batuta de Manuel Coves.
Este ballet en tres actos se basa en el capítulo XIX del segundo volumen de El Quijote, donde se narra la historia de amor entre el barbero Basilio y la joven Kitri, obligada por su padre a casarse con un adinerado caballero llamado Camacho. Los protagonistas de la novela de Cervantes son, por tanto, testigos de este apasionado romance con el que se topan durante su viaje. “En la versión original, Don Quijote es simplemente un personaje cómico que pasa por ahí”, apunta el director de la Compañía, un papel al que ha querido dotar de más profundidad y poesía en esta nueva versión. “Él siempre va detrás de su amor ideal, que es Dulcinea, y yo he hecho que ella venga y puedan bailar juntos en un sueño”, añade.
Este es uno de los numerosos cambios con los que Martínez ha tratado de actualizar la versión de Petipa, “alejándome en cierta manera del libreto para acercarme a lo que Cervantes escribió”. En ese proceso de aproximación a la novela, también ha querido dar “un toque más realista” que lo diferencie del “flamenco para turistas” que se aprecia en la versión original. “Hay que tener en cuenta que la hizo un coreógrafo francés en Rusia, inspirándose en los viajes que había hecho a España, pero no era algo realista sino que era la visión que los rusos tenían de nuestro país”, aclara Martínez.
Un ballet inusual A pesar de esa nueva perspectiva, Martínez ha mantenido la esencia de esta obra llena de color y ritmo que no constituye, según sus palabras, “un ballet al uso”. Y es que cada miembro del cuerpo de baile tiene su propio papel en la historia, “sumando todas esas acciones diferentes para crear el movimiento conjunto del grupo”.
La partitura original de Minkus comparte ese espíritu colorido que se plasma en “una gran diversidad de ritmos y un continuo cambio de tempo”, explica el director musical Manuel Coves. Por este motivo, la compenetración entre la Compañía y la BOS debe ser “absoluta”. A pesar de su dificultad, la música que viste a este Quijote es “fresca y alegre”, con abundantes valses, polkas y otras danzas tradicionales. “Es como un Concierto de Año Nuevo”, bromea Coves.
La posibilidad de contar con música en directo, algo que desgraciadamente no ocurrirá en todas las ciudades que visitarán en los próximos meses, dota de un carácter especial al espectáculo y “lo mantiene vivo”, opina Martínez, un extremo que corrobora Coves. “La música es la misma para todos los lugares, pero cada orquesta le da ese punto diferente de su personalidad, de la energía de los músicos, de su implicación... siempre hay cosas que me sorprenden, aunque la esencia sea la misma”, señala este último.
Don Quijote ha supuesto el inicio de una nueva etapa para la Compañía Nacional de Danza, que aborda así su primer ballet clásico completo en los últimos 25 años. El camino trazado desde que José Carlos Martínez asumiera la dirección artística en 2011 es fruto de “una evolución gradual” que se inició con la recuperación de las zapatillas de punta. En los últimos años han ampliado su repertorio clásico hasta abordar esta primera obra completa, manteniendo siempre un equilibrio con la parte más contemporánea y respetando la diversidad de los bailarines. “Este paso adelante confirma la evolución que ha experimentado la compañía”, afirma, ilusionado, su director.
La elección de este clásico de la literatura para el nuevo desafío no ha sido algo casual, ya que este año se conmemoran los cuatrocientos años de la muerte del Manco de Lepanto. Además de realizar su peculiar homenaje al literato, Martínez apostó por el Quijote porque, precisamente, “pone en valor la diversidad de personalidades” que existe entre los bailarines que integran el elenco.
Tras visitar Bilbao, continuarán su gira en ciudades como Murcia, Granada o Ciudad Real y ya tienen previstas para los próximos años sendas expediciones internacionales en las que exportarán su Don Quijote y una nueva versión de Carmen. “Realmente somos una compañía itinerante, como los circos que iban recorriendo distintas ciudades”, afirma su director, quien desea que el próximo paso pueda ser el lograr asentarse en un teatro en el que puedan llevar a cabo una programación estable. Por el momento, la Compañía Nacional de Danza continuará haciendo pelear a su Don Quijote, entre pasos de baile, con aquellos molinos que un día él imaginó como gigantes.