bilbao - Iker Serrano (Iruñea, 1982) inició un viaje en 2010, partiendo de un espacio en blanco, cuyos primeros pasos fueron pinceladas. Sus pinturas le iban llevando adelante, como si fuera un escritor de viajes decimonónico, anhelando palmeras, en pos de una isla. Una isla en la que afincarse y congraciarse con la naturaleza. Esos paisajes del pintor son entonces exuberantes, y se aproxima a un grupo de loros en una postura poco invasiva, convive con cebras y hay zorros que le acompañan. Pero la isla no es una casa donde descansar definitivamente: consciente del vértigo que producen los blancos, Iker vence el miedo y sabe que, día a día, la vida seguirá sorprendiéndonos con sus misterios. Que el camino sigue.
Amigo de la filosofía y de discurso profundo, el artista residente en Bilbao inauguró ayer en la Sala Rekalde bilbaina su exposición El guardián del bosque, muestra que viene a completar esa serie de periplos alegóricos (Isolarios) y a través de la cual reivindica “el retorno al espacio natural como lugar de convivencia”. En parte hiperrealista pero también surrealista, Serrano se pasea por los vivos colores de Irati, Urederra, Orduña... a la vez que por cumbres ardientes, se diría que del Pacífico, o por figuras de iceberg con forma de sílex... Todo ello en una especie de metapintura, en la que él aparece a menudo ataviado de mendizale explorador, mochila, prismáticos y cantimplora en ristre. Hasta su pareja, Amaia Gracia, también artista del programa foral Barriek 2014, pasa frío entre la nieve...
Iker conforma el grupo de artistas seleccionados que han disfrutado de las becas de Creación Artística de la Diputación vizcaina. Admite que estas ayudas a artistas no son comunes en todo el Estado y está contento con la catapulta que le ha supuesto, por ejemplo, BilbaoArte. Así, mientras el autor exploraba con el salacot o el chubasquero puestos, zambulléndose en estos parajes surgidos de “la autorreflexividad”, ha ido desarrollando su tesis doctoral, Una mirada sobre el Viaje en la plástica, a través del fenómeno de la narrativa pictórica, supervisada por Jesús Mari Lazkano y Lourdes de la Villa.
La inquietud existencial y su necesidad de plasmarla pictóricamente fueron alentadas, dice, por sus profesores Ángel Bados y Xabier Laka. Con el primero tomó “conciencia del proceso” en el trabajo y con Laka “descubrí lo importante que era para mí el bosque, la Naturaleza”, hábitat que “me permite pensar” y que percibe lejos en ciudades como Bilbao. El profesor y crítico de arte Xabier Sáenz de Gorbea, que ha escrito en sus sugerentes catálogos de Cuadernos de Utopía, le ayudó a enfocar sus obras, las cuales pinta “con un disfrute muy grande”, llenándolas de tiendas de campaña “que son estudios” y de glaciares y bosques, “maletas que trasladas en la vida”.