En el silencio verde de las montañas leonesas nació Tomás Allende Alonso, hijo de Matías Allende y de Petra Alonso, vecinos de Burón, una aldea donde el tiempo discurría con el ritmo lento de las estaciones. Allí, entre nieblas matinales y campanas que marcaban las horas de la vida rural, comenzó la historia de un hombre que acabaría moviéndose entre los grandes engranajes del poder económico y político de la España de la Restauración. Su existencia fue un puente entre dos mundos: el de la tradición campesina que lo vio nacer y el de las modernas sociedades industriales que contribuyó a levantar.

Como tantos hombres de su tiempo que intuían el final de una España inmóvil, Tomás Allende abandonó pronto su pueblo natal. El destino lo trajo a Bilbao, ciudad que hervía entre hornos, minas y ferrocarriles, convertida en uno de los corazones industriales del continente. Encontró el escenario propicio para desplegar su talento y su ambición.

Sin duda, una de las ilustres familias de aquel Bilbao del Ensanche, con Manuel Allende a la cabeza. Deténgase quien esto lee en Tomás Allende Alonso (¿no se lo dije...? 1848-1935), su yerno, considerado como el primer colonizador del hoy barrio de Indautxu, tanto con la construcción de su casa, como con la de otras viviendas, en este caso para sus hijos, y edificios de carácter público.

A principios del siglo XX comenzó a construir varios palacetes en el barrio de Indautxu, donde tuvo mucho peso

Tras una inicial etapa de formación se puso a trabajar al servicio de su suegro Manuel Allende Villares, quien tiempo atrás se había establecido en Bilbao consumándose como un destacado hombre de negocios. Desde entonces, Tomás se vinculará al sector de la minería, encontrando en Bilbao el lugar donde cultivar sus raíces y su futuro. Será en la villa donde contraerá matrimonio con María Allende Plagaro, hija de Manuel.

A partir de ese momento los Allende fueron ampliando su participación en el sector minero y con ello agrandando su riqueza y patrimonio. A ellos se les atribuye la creación y difusión de los llamados tranvías aéreos que facilitaban el transporte del mineral de hierro desde la boca de la mina hasta los lugares, junto a la ría, donde se llevaba a cabo su embarque.

Cabe destacar su participación en la Sociedad del Ferrocarril de la Robla, el Hospital Minero de Triano, el Tranvía de Bilbao a Santurce (junto con el empresario Víctor Chávarri) o en la fundación del Crédito de la Unión Minera de Bilbao, entre otros muchos proyectos.

Decidió reinvertir su fortuna en la adquisición de solares para la construcción y especulación inmobiliaria de viviendas de lujo que luego, en la mayor parte de los casos, arrendaría.

Se le atribuye un ingenio minero grande: los llamados ‘tranvía aéreo’ que llevaban el material de la mina a la costa

Será el propio Tomás quien en torno a 1910 mande construir varios palacetes en el mismo barrio de Indautxu como residencia de sus hijos, al igual que en su momento llevara a cabo su suegro Manuel Allende Villares para sus respectivos descendientes (María, casada con Tomás en 1873, Carmen, Plácido y José). Cabe señalar al respecto, la autorización que Plácido Allende, en nombre de los herederos de su padre, hizo al Ayuntamiento de Bilbao en 1907 para construir un chalet en las inmediaciones de Indautxu, siguiendo los planos del arquitecto de la familia, Leonardo Rucabado, a quien tanto apreciaría. Joaquín Sorolla le hizo un retrato fabuloso posando elegante con frac, sosteniendo una boina sobre una consola dorada que aún existe.

Quienes lo conocieron describían a Tomás Allende Alonso como un hombre de mirada calculadora y voz pausada, capaz de discutir cifras durante horas y, al mismo tiempo, recordar con emoción las montañas de su infancia. En 1935 el hombre que gastó una fama sombría en política falleció.