Desde ovnis hasta el terraplanismo: las curiosas conspiraciones más extendidas
Negacionismos y conspiranoias se han popularizado en los últimos años también en el Estado, y estos son sus principales peligros
La ciencia no es algo estático. Se va transformando con la aparición de nuevas evidencias, cambios de paradigma... Sin embargo, hay que saber distinguir las teorías contrastadas de las teorías conspiratorias y los negacionismos que cada vez circulan más por las redes sociales. La buena noticia la arroja la Fundación BBVA que, en su estudio de cultura científica en el Estado español arroja que la mayoría de los ciudadanos españoles tiene un nivel alto de interés por la ciencia, así como un nivel medio de conocimiento científico.
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En ese informe arrojan datos tales como que para un segmento significativo de la población, la ciencia aparece de manera explícita, con distintos grados de intensidad, en las interacciones sociales a través de conversaciones con familiares, amigos o compañeros de trabajo: mientras que un tercio habla de ciencia con mucha (6%) o bastante frecuencia (27%), un 46% lo hace con poca frecuencia y un 22%, casi nunca.
Asimismo, la mayoría de la población responde correctamente que es “totalmente verdadero” que “la personalidad se forma mediante una combinación de factores biológicos y sociales” y que “el oxígeno que respiramos proviene de las plantas”, y “totalmente falso” que “la Tierra está en el centro del universo” y que “casi todos los microorganismos son perjudiciales para los seres humanos”.
Sin embargo, este mismo estudio confirma la creencia de algunas teorías conspiratorias y negacionismos por parte de un segmento de la población. Ante esto, el astrofísico Javier Armentia siempre pregunta cuáles son las fuentes cuando alguien hace alguna afirmación dudosa. “Tenemos una especie de confianza de que lo que nos llega por las redes es cierto. Me pasa mucho en casi todos los ámbitos, también en el familiar, que te dicen algo y dices: ‘¿Quién te ha dicho eso?’. Y no dicen tanto que lo han visto en el periódico como que les ha llegado por las redes”, detalla Armentia.
Y es que, él mismo aporta un componente importante: los algoritmos, que ordenan y priorizan el contenido para los usuarios, y que “favorecen aquellas cosas que sean más sorprendentes. Eso que se dice en el actual movimiento antivacunas, que está la ‘medicina oficial’ y la ‘alternativa’. No, está la medicina que funciona y luego los desvaríos que quiera. Pero esos desvaríos nos llegan ahora posiblemente sin filtro y además con la sospecha cierta de que los algoritmos de las redes sociales favorecen la notoriedad, lo sorprendente, y TikTok es el mayor ejemplo de cómo se compone una realidad a partir de cosas que causan impacto. No hace falta ni que sean ciertas”.
Sin ir más lejos, según ese estudio de la Fundación BBVA, ni más ni menos que un 28% de los encuestados cree que los extraterrestres han visitado la Tierra pero que “los poderes lo han ocultado”, un nuevo ejemplo de esa ‘ciencia oficial’ y la ‘alternativa’. “Un 28% de la gente, más de una cuarta parte de la población, está convencida, y tú dices: ‘¿De verdad?’. ¿De verdad tenemos una evidencia de todo esto? No, mucho menos de lo que había antes”, recuerda. Y es que, en estos momentos se sabe por ejemplo que todas las imágenes y vídeos de ovnis son “falsos”.
Artemis
En estos últimos días se ha cumplido un hito histórico con el viaje de la misión Artemis II, que ha devuelto al ser humano a la Luna medio siglo después, algo que Armentia reconoce que es emocionante: “Hacer que una tripulación de astronautas llegue hasta la Luna, le dé vueltas y luego vuelva no es tan fácil”. Sin embargo, son muchos los que aún hoy niegan que la misión Apolo 11 llegara a la Luna aquel 20 de julio de 1969. “Ahora de repente la gente dice que todo lo de la Luna es un montaje, que son animaciones de ordenador que han creado. Y dices, joe, pero si el negacionismo lunar ya era falso en los años 70”, recuerda el astrofísico.
Artemis II: una nueva era de la conquista del espacio
En las fotos del Apolo, precisamente, que se ve el suelo lunar y el módulo, hay quienes cuestionan que sea real porque “no se ven estrellas”. La realidad es que las cámaras que se usaban entonces no tenían la capacidad de capturarlas por un problema de contraste, y no se ven porque requieren de oscuridad para verlas. También hay quienes afirman que la bandera se mueve, pero no es cierto, todo esto bajo el argumento de “yo solo planteo dudas”.
En este campo, pero sobre todo en otro negacionismo, el del cambio climático, existe además una polarización política. Según Fundación BBVA, el 29% de las personas que se ubican ideológicamente en la derecha da por verdadera la tesis de que el cambio climático no existe, mientras que solo el 6% de quienes se sitúan en la izquierda lo hace, una tendencia que ya se está viendo, por ejemplo, en la administración Trump, que está retirando fondos a investigaciones “fundamentales para conocer nuestro planeta”, recuerda Armentia.
Influencia
La realidad que subyace de todas estas teorías es, precisamente, que hay algunas conspiraciones y negacionismos que pueden destacar simplemente por lo llamativos que son, pero otros pueden traer consigo graves consecuencias. El negacionismo del cambio climático puede poner en jaque al planeta y, con él, a nosotros mismos y al resto de especies. Y, por ejemplo, el movimiento antivacunas está haciendo peligrar la inmunidad de rebaño y haciendo reaparecer enfermedades que en el Estado se creían superadas. “Cuando hace más de veinte años sacamos una colección de libros de pensamiento crítico que se llamaba Vaya timo, hablábamos de negacionismo lunar, etc. Intentábamos evitar un poco ese déficit de información, que la gente pudiera acceder a información verificada y cierta”, trae a la memoria Armentia, que destaca que “el problema no es solamente la falta de conocimiento. Es quién se convierte en un referente. Llamamos influencers a gente que, con todo respeto, no tiene una base sólida. Hablan de lo que quieren y a veces de lo que les pagan por hablar. Ese es el tipo de opinión que puede hacer mucho daño porque no solo no se soporta, sino que vive de la popularidad”.
Para este experto, precisamente el problema es que vivimos en una sociedad en la que se prima más la popularidad o la cercanía, y las redes nos han acercado a todo el mundo. “Lo popular no siempre es lo correcto, y lo correcto no siempre es popular”, asegura Armentia. Por eso, reconoce que el gran trabajo que hay que hacer es el educativo. “Yo a veces doy charlas a los chavales de secundaria y bachillerato en clases de filosofía y les pregunto qué cosas nos creemos y por qué nos las creemos. Nos damos cuenta de que muchas de las cosas que nos creemos, algunas que son ciertas también, nos las creemos sencillamente por la autoridad, porque nos lo ha contado alguien en quien confiamos y pensamos que es cierto”, explica.
En esa colección de libros, Vaya timo, ya adelantaban que hay “timos”, conspiraciones y teorías, que nos hacen perder el tiempo, como el terraplanismo, otros que nos hacen perder el dinero. “Pero el problema no son los que te quitan el tiempo o te quitan el dinero; el problema son los que te quitan la salud, que estas cosas en temas de medicina hacen que mucha gente tarde en acudir a una terapia que puedan darle, o incluso llegar demasiado tarde”, asegura y ejemplifica: “Se ha visto que por ejemplo la creencia en esa eficacia alternativa en general hace que un paciente tenga menor adhesión a un tratamiento. Se ha visto por ejemplo en tratamientos oncológicos, que es importante hacer un seguimiento y cumplir la terapia que nos han pautado. Se ha visto que quienes más abandonan la terapia son quienes más creen en las cosas alternativas, y no sabemos si es una relación causa-efecto o efecto-causa, pero algo hay”.
Mecanismos
En los negacionismos y teorías de la conspiración suelen usarse dos mecanismos muy arraigados que hay que contrarrestrar. Por un lado, está el plantear preguntas para tratar de desmontar las teorías científicas contrastadas bajo el argumento de “yo solo hago preguntas”, y por otro también la ilusión de verdad de que la mentira, mil veces repetida, parece verdad. “Hasta nuestro cerebro, cuando estás procesando mil veces que te están diciendo lo de la vacuna y el autismo, aunque yo no me lo crea y sepa cuál es el origen, sé que existe. Y entonces eso hace que incluso los escépticos, pero todas las personas puedan decir: ‘Igual un poco de verdad puede haber’. Luego todo esto llega con amplificaciones, algoritmos...”, resume Armentia.
Un ejemplo claro es la más surrealista de las conspiraciones, el terraplanismo, aunque Armentia reconoce que hay varias teorías increíbles que han llegado a sus oídos. “A mí lo del terraplanismo no me deja de maravillar”, sonríe. En este mundo en el que los aviones van de aquí al sur de Argentina, por ejemplo, algo que no se podría hacer con el planteamiento de la Tierra plana porque ese viaje sería mucho más largo de lo que es, los satélites del GPS, hay cientos de pruebas que tiran por tierra sus escasos argumentos.
“La gente que es terraplanista usa el GPS, Google Maps. Sé coherente, no lo uses, porque eso está basado en que la Tierra es redonda y usa satélites y tú no te crees nada de eso. Si intentas ser antivacunas, tampoco te trates las heridas, o deja que se te caigan los dientes y no vayas al dentista, porque todo lo de los dentistas es otro montaje. A veces hay que decir eso: ‘Sé coherente, si quieres creer en estupideces, vale. Pero créete todas’”, invita este experto a quienes niegan los fundamentos científicos.