Discurre el ciclismo a cámara rápida, a una velocidad a la que al ojo le cuesta distinguir los dorsales, las figuras, los perfiles, los colores, los rostros, enmascarados tras las gafas de pantalla que convierten las caras en misterios, quién sabe si rostros de Bélmez y cascos que refugian cortes de pelo y cráneos. Los ciclistas son manchas, centellas que cruzan ante las miradas que aguardan su paso en los márgenes de la carretera. ¿Cuánto tarda un pelotón lanzado en cruzarse ante las pupilas que esperan? Solo queda el rastro de los colores y la incertidumbre de una rueda de reconocimiento con prisas y sin certezas. La belleza de la duda queda flotando en el aire. Todo es tan veloz y efímero, un espectáculo frenético, que las estrellas son meteoritos que alcanzan la velocidad de la luz y que impactan y cuando un socavón crece, otro mayor lo tapa. Así corre el ciclismo moderno, despavorido, huyendo de sí mismo. Todo caduca de inmediato y lo joven es de repente viejo porque estalla algo aún más moderno. La Itzulia que comienza este lunes en Bilbao y que recorrerá las carreteras de Euskal Herria hasta desembocar en Bergara por una trama que se abraza sin disimulo en finales en alto, donde se coronará al nuevo rey de la carrera, concentra ese cosmos de estrellas que brillan, cuyo fulgor eclipsan luminarias más nuevas, voraces y ambiciosas.

Tres supernovas

En la cita vasca, bandera del WorldTour, convergen tres supernovas, jóvenes que se solapan en el tiempo y en el espacio en un cartel de lujo. Juan Ayuso, campeón en 2024, es el más experimentado. El alicantino, que se despidió del UAE para dominar su propio universo en el Lidl, es uno de los grandes favoritos a posar con la txapela de campeón en Bergara.

Después de vencer en el Algarve y tras despedirse de la París-Niza por culpa de una caída que le zarandeó, Ayuso pretende subrayar su jerarquía en las carreteras vascas, en una Itzulia con un perfil afilado, con finales explosivos, que le impulsan. Además, la crono inaugural de Bilbao, corta y con dos subidas exigentes, le predisponen para brillar. Ayuso, apenas 23 años, tiene aire de veterano no por tanto por edad como por lo vivido. Un ciclista de futuro hace dos días que es presente y en la Itzulia tiene ese deje de viejo conocido. El ciclismo es una trituradora de colágeno. Isaac del Toro, campeón del UAE Tour y de la Tirreno-Adriático, la competición que el pasado curso se embolsó Ayuso, es un año menor que el alicantino y apunta directo a la txapela de la Itzulia, la corona de lana.

Señalado por Pogacar como su heredero natural, el mexicano, que ha comenzado el curso con la propulsión de un cohete formidable, es otro de los señalados para pelear por la victoria final, lo que concedería la tercera Itzulia consecutiva al equipo de los Emiratos, que abre el grifo y los campeones se le acumulan desde una cascada que escupe petrodólares. Ciclista explosivo, de enérgica aceleración y arrancada, el relieve de la carrera vasca le sitúa en el escenario central. Del Toro esprrinta en los días actuales aunque mira al porvenir. En el ciclismo de las sirenas y las luces, a pleno galope, la presencia de Del Toro no es la más novedosa.

Hay otro nombre más moderno aún. Paul Seixas, el ciclista que en Francia -tantos años en el pret a porter del Tour, sin un relevo del Hinault de 1985- se supone la alta costura del país que se cayó a plomo del pedestal de la Grande Boucle hace cuatro décadas. Seixas, el himno y la bandera de la Francia ciclista, el hombre sobre el que reposa la misión de recupera la grandeur, se presenta en la Itzulia con la juventud palpitante. Seixas, el asombroso, apenas 19 años, es el hype, el último gran hit del ciclismo. Ayuso y Del Toro, todavía jóvenes que deben recorrer su carrera deportiva, parecen rock clásico ante la irreverente juventud de Seixas, apenas un adolescente con llevada. Si existe una escalada de los cantones de la juventud, Ayuso es joven, Del Toro es súper joven y Seixas, ultra joven. El experimentado Pello Bilbao, en la que puede ser su última Itzulia, no duda en situar a ese trío de jóvenes aunque sobradamente preparados como los candidatos con mejor perfil para acceder a la gloria de la carrera, que presentó ayer a los equipos.

Alrededor de ellos, en el Red Bull, la apuesta es doble. Primoz Roglic, campeón en 2019 y 2021, en su ocaso, buscará su opción, con la colaboración de Florian Lipowitz, tercero en la Volta y en el pasado Tour. El alemán se ha enrolado a última hora en la carrera vasca. Será uno de los hombres que entre en el juego por la victoria final. Esa misma idea persigue Kévin Vauquelin, que señala a la azotea de la Itzulia. Entre la representación vasca, Mikel Landa, que prepara el Giro, Ion Izagirre, Pello Bilbao y Alex Aranburu tratarán de encontrar una porción de gloria. Euskaltel-Euskadi, Caja Rural y el Kern Pharma buscarán el reconocimiento en una Itzulia que eleva la mirada y más allá de las montañas, clama por la juventud. Ayuso, Del Toro y Seixas se retan en la Itzulia.