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"Nos enseñaron a no olvidar las raíces, a ser humildes"

Dáyer, hermano de Nairo Quintana, debuta con el Lizarte en el Valenciaga

"Nos enseñaron a no olvidar las raíces, a ser humildes"Zigor Alkorta

eibar. A Nairo Quintana no le enseñó nadie a andar en bicicleta. Aprendió solo. Por necesidad. Tenía que bajar 16 kilómetros desde Cómbita, a 2.800 metros de altitud en la estepa de Boyacá, hasta la escuela de Atauco, la más cercana de la comarca. La bicicleta era el único medio de transporte a su alcance. "Él mismo se la compró con su sudor", dice Dáyer, el menor de los cuatro hermanos de Nairo, ganador el sábado de la Vuelta al País Vasco y presente brillante del ciclismo colombiano. Dicen que es el escalador del futuro. Vuela cuesta arriba, pera también es bueno contrarreloj, se defiende en el llano, es hábil en las bajadas y no se arruga con la lluvia y el frío. Demostró todo eso la pasada semana. Y lo vio por la ETB-1 Dáyer en el piso de su hermano en Iruñea. Llegó hace nueve días a Euskadi para correr en el Lizarte y ayer debutó en el Memorial Valenciaga.

"Siento que llego en buena forma", dice el chico, 20 años, 1,67 metros de altura y apenas 58 kilos, en la mañana fría de Eibar que le tiene desconcertado con el asunto de los guantes. "Largos", le dice Manolo Azcona, su director en el equipo navarro que luego, cuando el Valenciaga se calienta, manda atacar al chaval en Ixua para que destroce la carrera, que es lo que ocurre aunque el final, la subida a San Miguel y su bajada hasta Eibar colocan a Dáyer octavo.

Ese es el estreno en el ciclismo vasco del hermano pequeño de Nairo Quintana, que no aprendió a andar en bicicleta hasta los 14 años. "Me enseñó él con la mountain bike que se compró". Aprendió en un día. Al siguiente por la mañana estaba bajando de Cómbita a Atauco para ir al colegio. "Yo seguía a Nairo bajando. Pero subiendo, a la vuelta... Fue un poco más adelante cuando le empezaron a decir que era bueno porque le habían visto subir después de clase con aquella bici tan pesada, la mochila y en zapatillas. Entones le compraron la bicicleta de carreras".

En esa bicicleta huyó Nairo de hacer el servicio militar que don Luis, su padre, quería que hiciese. En 2010, cuando regresó a Colombia con el dinero que había logrado por ganar el Tour del Porvenir, lo primero que hizo fue retirar de la venta de verduras a su padre, que llevaba tres operaciones por las secuelas de un accidente que sufrió cuando era pequeño. "Nairo es un excelente hijo, una excelente persona, un excelente amigo, un excelente hermano y un excelente padre ciclístico para mí", le alaba. "Cuando está en Colombia me machaca mucho entrenando. Me dice que es mejor sufrir en el entrenamiento que en la carrera. Él me guía". Y Dáyer le obedece. Es su espejo. "Quiero ser como él. Nairo no es como otros corredores que ganan y ya no saludan a nadie. Él sigue con su humildad. No olvida sus raíces. Es lo que nos enseñaron nuestros padres, lo primero que nos han inculcado en casa. A ser humildes y sencillos".