Arrate. Sí, es como ellos. Su historia, aquella niñez, la casualidad que le hizo ciclista, la melancolía de su patria, el lento goteo con el que van cayendo las letras de la boca, una a una, como si pesaran, como si fuera de plomo ese usted solemne que da frío y distancia. Y el rostro de campesino, la piel pegada al pómulo, el peso pluma, las piernas de color café. También el brillo de los ojos cuando se le pregunta por Boyacá, su tierra. Entonces sonríe como un chiquillo y se arranca a hablar de las patatas. Las glorifica. "Son nuestro tesoro". De ahí viene Nairo Quintana, del puesto ambulante de verduras de sus padres. De los sábados y domingos de mercado y la escuela entre semana. A estudiar iba en bicicleta, una muy pesada, de hierro. Por la mañana tenía que bajar 16 kilómetros y al salir de clase, subirlos. Arrastrando la bici, la mochila y en zapatillas. Con esa pinta agarró un día a unos profesionales de la zona, se puso a tirar de ellos y asfixió a la mayoría. Cuando llegó a casa le dijo a su padre que quería ser ciclista. Como Lucho Herrera, Fabio Parra y los demás -"ellos son el orgullo de Colombia. No les vi correr, pero he encontrado vídeos en Youtube de sus hazañas"-. Lo es hace tiempo. Pero no como ellos. "Yo tengo mi personalidad, hago las cosas por mí mismo, lo que pienso que es correcto. Admiro a muchas personas, pero no soy ninguna de ellas. Solo soy el primer Nairo Quintana". El escalador del futuro. El primer colombiano en ganar en Arrate tras jugársela bajando hacia el santuario en un día de frío y lluvia tremendo que redujo los candidatos. Quedan el líder Henao, Quintana, Porte, Contador y Spilak. Entre los cinco hay diez segundos.

El invierno siempre visita a la primavera en la Vuelta al País Vasco en un desfile colosal de chubasqueros, botines, perneras, manguitos, guantes, rostros agrietados y botellines de té caliente. Dicen los ciclistas que estos días húmedos lo mejor es escaparse de la tensión insufrible del pelotón, los riesgos, el agua salpicando la mirada. Lo pensaban todos en la salida de Trapagaran. Solo lo consiguieron Velits, Vorganov, Montaguti, Ratto y Taaramae. La noticia: no estaba Amets Txurruka, que, de todas maneras, acaricia el maillot de la montaña que lleva desde el primer día y ha sudado lo suficiente como para ganarlo.

Sería el premio al valor, una virtud en extinción porque la balanza entre el esfuerzo y la recompensa rara vez es equilibrada. Tampoco ayer. La desequilibró el Movistar después del primer paso por Ixua, donde la diferencia de Ratto, Montaguti y Velits era superior a los cuatro minutos. Una contrarreloj del vizcaino, la postura perfecta de rodador, la pedalada demoledora, dejó la cosa en menos de un minuto a pie de Arrate. Castroviejo se apartó en la primera rampa. Era el momento de los escaladores.

caen Antón y samuel El primero fue Herrada, conquense, la tierra de Luis Ocaña, el azote de Merckx que ganó dos veces la Vuelta al País Vasco, 1971 y 1973, y otras tantas la Subida a Arrate en esos mismos años. Herrada, un ciclista que se mueve elegante en todos los terrenos, era otra pieza en el engranaje del Movistar para la reconquista del santuario de Euskaltel. Samuel había ganado allí las tres últimas ediciones. "Pero la historia dice que una cuarta es imposible", dijo antes el asturiano, que está bien pero no como otros años porque su cabeza pedalea en el Giro. Así que un arreón de Richie Porte a cuatro kilómetros borró su dorsal del grupo. Antes, mucho antes, había claudicado Igor Antón, la otra bala naranja para el triunfo en Arrate. Sin opciones en la general -Samuel es décimo a 47 segundos-, el triunfo de etapa hoy en la infernal travesía por el Goierri es la única esperanza de Euskaltel para remendar su Vuelta al País Vasco.

De momento, la gobierna el Sky con su dictadura de vatios. Les dirige la pantalla del SRM, los datos sobre la potencia que van desarrollando. Les dice cómo y cuándo deben actuar porque conocen sus límites y los de los rivales. Ayer fueron tres órdenes concretas. Una a Henao, el líder, para que acelerara y agitara el grupo a algo menos de cinco kilómetros. La respuesta fue de Contador, el ciclista del instinto, el corazón y la rabia, todo eso que no le ha valido hasta ahora para derrotar al Sky. Su arrojo le hizo sucumbir en Omán y Tirreno-Adriático y en Arrate decidió responder y esperar. ¿Iba mal? "Las sensaciones eran buenas, pese al frío, pero no ha habido continuidad en los ataques", dijo.

Apenas los hubo. Uno durísimo de Spilak que le puso por delante y un par de ellos de Porte al dictado del SRM: el de a cuatro de meta que eliminó a Samuel y otro a tres que acercó el grupo de cinco que sobrevivía al látigo de los vatios -Porte, Henao, Contador, Betancur, Quintana y Peraud- a la estela de Spilak.

En la bajada Más que de piernas, la victoria en Arrate volvía a ser un asunto de estrategia. De dar con la tecla. Camino del santuario, eso significa arriesgar en los sinuosos 500 metros finales. Así lo ha enseñado Samuel en los últimos tres años. Así, Valverde bajo el calor de agosto de la pasada Vuelta a España para desdicha de Purito. Ese día, por ahí, estaba Nairo Quintana. "Me quedé con el final". Dice Castroviejo que además de escalador y colombiano, Quintana es vivo como el hambre y valiente. Ayer se colocó a rueda de Henao y esperó. "Tuve sangre fría". Y valor. Para dejar la estela del líder, soltar el freno en la curva definitiva a la izquierda y salir de allí catapultado hacia el primer triunfo colombiano en Arrate. "Me la jugué y me ha salido bien", dijo bajo la lluvia.

Llovía café. De Colombia. Sigue mandando en la general Sergio Henao, que saca 6 segundos a Quintana y 10 a Porte, Contador y Spilak. Entre ellos anda la Vuelta. "Pero la carrera sigue abierta", advierte Contador, que mira el perfil de la etapa de hoy, repasa las subidas y las bajadas, mira el cielo que no para de llorar, el frío, y sostiene que todavía "puede pasar cualquier cosa".