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La Lejana aleja a Euskaltel

Henao es líder al ganar y sacar 8'' a Quintana, 10 a Contador y Porte, 16 a Antón y 21 a Samuel y Beñat

La Lejana aleja a EuskaltelZigor Alkorta

La Arboleda. El primer día que salió a entrenar por Iruñea nevó y los copos blancos fueron empapando de nostalgia a Sergio Henao, 25 años, que llegaba del lugar donde el sol pinta la piel de color café, la tierra de los escarabajos, Colombia y sus sentimentales escaladores que extrañan su tierra y así van encogiendo, palideciendo, perdiendo las ganas, la fuerza vital, todo. Enferman.

Al ver la nieve caer, Henao sintió frío. La soledad. Necesitaba calor. Pero no el de una manta, ni un buen fuego, ni la estufa de las que abrasa los pies. Pedía cariño. Un abrazo. En el pelotón ciclista no hay ninguno más gratificante que el de Xabier Zandio, el navarro de la sonrisa perenne. Siempre luce. Como el sol. Calienta. Dicen que es el compañero perfecto. "Dentro y fuera de la carretera", confiesa Henao. Zandio curó su fiebre. Con la sonrisa. No hay mejor aspirina para esa enfermedad. Ni más barata. Le integró en Iruñea junto a la colonia de escarabajos que allí anidaba, Urán y los demás. Ahora sabe algo de Euskal Herria y la independentzia; no evoca con pena Colombia cuando ve nevar; observa con gusto el paisaje verde, las montañas; y le agrada el calor de los vascos, su sencillez, su calma. Él también es pausado. Y callado. Así, en silencio, llegó ayer a La Lejana, el muro final de la tercera etapa de la Vuelta al País Vasco. Se esperaba a Contador, a Nairo Quintana, a Porte, Ulissi, Intxausti, Samuel o Antón y apareció él. Ganó y ahora es líder.

La Lejana es la cuesta de La Arboleda que nadie quiere subir. Lleva hasta el cementerio. De otra manera, le llaman el bosque del cielo, un balcón con vistas al Cantábrico. De allí, de la mar, viene Omar Fraile, un chaval con tallo de roble. Alto y robusto. Daba la talla de remero, estuvo tres años bogando en la Sotera de Santurtzi, pero luego eligió la bicicleta. El monte. Ahora, con 23 años, es un escalador con proyección a cuya sombra se cobijó ayer Amets Txurruka, el incansable. Se volvió a escapar por tercer día consecutivo, pero esta vez esperó al kilómetro 40 y buscó compañía. La del bueno de Omar, Mikel Landa (Euskaltel), Romain Bardet (Ag2r) y, poco después, Dani Navarro, exgregario de Contador y líder ahora en el Cofidis.

Txurruka quería la montaña. Sentenciarla. O, al menos, acercarla. Ayer tampoco soñaba con La Lejana. Estaba demasiado lejos. Se contentó con recolectar los puntos de Zarate, Humaran, La Reineta y Cobarón para seguir cosiendo su maillot rojo de puntos blancos. Y el naranja de las metas volantes. Llegó a esa pancarta a diez kilómetros de meta y se sintió con el deber cumplido. El pelotón se tragó a los cuatro -Omar se había quedado tras vaciarse por Amets- en el repecho que sube a Las Carreras.

Putxeta, primer escalón Estaban por Muskiz, donde Petronor. Olía a gasolina. A goma quemada. En el pelotón venían picando rueda porque todos querían un hueco en primera fila para posarse en Putxeta sin agobios. Estaban con las orejas tiesas Contador, Nairo Quintana e Intxausti, Henao, Porte? Amarillo, azul, negro. Todos los colores menos el naranja. Samuel no estaba donde suele. Ni Antón donde debe. A los hermanos Izagirre se les clavó como una estaca el porcentaje de esa cuesta de cabras. Salieron tocados. Corneados. Gorka cedió al alcanzar el polígono de El Campillo, mientras que Jon aguantó un poco más, hasta la entrada a Las Calizas, el segundo escalón camino de La Lejana. Aún quedaba subida.

Las Calizas es otra pared que serpentea entre las viejas casas mineras. Movistar puso allí a picar a Rui Costa, que vale para todo, y su paso militar estranguló algunas gargantas. Intxausti tuvo que apartarse de la primera fila para coger aire y Samuel se agarraba a la cola del grupo con más corazón que piernas. Reconoce que le falta un punto, que no es el de hace un año pero que no le inquieta porque su objetivo es el Giro y la cosa va mejor que bien. "Lo raro", dice, "sería que estuviese ganando ahora". A un palmo de la pelea, Samuel subió a su ritmo mientras Antón buscaba el suyo. La chispa. La encontró en lo más duro, cuando la cuesta de Las Calizas la divide un árbol que no se rinde al asfalto. Allí se halló el escalador vizcaino. El feliz reencuentro coincidió con el ataque de Henao, un aviso, que alborotó el grupo e hizo responder a Nairo Quintana.

Salieron de ese desfiladero y regresaron a la carretera principal, el piso liso y ancho, la pendiente suave. La calma. Por la rendija de la paz se colaron Betancur y Caruso para abrir camino por delante mientras por detrás llegaba Antón, revitalizado, Samuel y algunos más rezagados. Así llegaron a La Arboleda. Y tiraron para La Lejana, 600 metros de cuesta hasta el cementerio.

henao se deja el alma Iban en procesión. Enfilados. Abrían camino entre una marea de gargantas Caruso y Betancur. A por ellos, Henao, que volvió a atacar, soltó al fin a Quintana, Contador, Ulissi y Porte y llegó hasta la pareja en la última curva. Quedaban 150 metros, una recta empinada en la que se lanzó el colombiano con convicción para dejarse todo lo que le quedaba. No fue suficiente. Betancur, que se había agarrado a su dorsal, se abrió por la izquierda y se puso a su altura a 25 metros. Pedaleaban en el filo, pegados por los codos, sacando chispas. Empujaban con las piernas, los brazos, el cuello, los riñones, los dientes y los ojos. ¿Algo más? "Hemos entregado el alma", dijo Henao al ganar en el cementerio.

Sin alma entraron después Quintana -a 8 segundos-; Ulissi, Porte y Contador -a 10-; Antón -a 16- y Samuel e Intxausti -a 21-. Nadie se dio por muerto en La Lejana. "La carrera está abierta", dijo Contador. Pero la victoria se aleja para Euskaltel. "Más que alejar", reflexionó Galdeano, "nos deja en nuestro sitio. Ya dije que no éramos favoritos para ganar y hora lo tenemos claro. Samuel quiere estar arriba pero no está como el año pasado y Antón tiene el problema de la crono. Así que nuestra lucha se centra en una etapa y una buena general".