Recién finalizada la Vuelta más espectacular de los últimos años, es hora de hablar de su vencedor final, Alberto Contador, un corredor que ocupará varios y brillantes capítulos en los libros de historia del ciclismo. El nivel competitivo del madrileño es superlativo, tremendo. Es un competidor sin igual como ha demostrado durante la carrera. Lo tiene todo. Es un corredor extraordinario que se sitúa a la altura de los más grandes y aún le restan varios años de ciclismo. Puede ganar cinco Tours. Con el tiempo creo que superará a Miguel Indurain. Contador es un animal. Tiene la capacidad de ganar prácticamente toda carrera que se propone y eso que solo ha podido entrenarse antes de disputarse la Vuelta. Se habrá entrenado como un loco, pero el punto definitivo te lo da la competición. Y conquistar una Vuelta tan dura con semejante bagaje sirve para establecer el verdadero impacto del madrileño. Lo conseguido por él está al alcance de los elegidos, de los únicos. No le damos la importancia debida a sus gestas tal vez porque lo estamos viviendo en riguroso directo, sin tiempo a pensarlo y a reflexionar lo que supone un triunfo así. No hemos hecho la digestión aún. Es lo que ocurre ante los campeones que marcan época, que no se les valora suficientemente mientras están en el escaparate. Estamos ante un ciclista enorme, uno de los más grandes. El hecho de que haya sido capaz de llevarse la Vuelta sin apenas competir evidencia que es un súperclase. Eso otorga a su victoria más brillo si cabe. También el hecho de imponerse dos ciclistas enormes: Valverde y Purito. Ambos han realizado una carrera soberbia. Que Contador se haya impuesto a rivales así, demuestra el valor de su triunfo, que nos dejará para siempre la etapa de Fuente Dé, un victoria sobresaliente por el modo en el que se produjo. Eso solo lo pueden hacer ciclistas fuera de categoría, como Alberto. También ha salido muy fortalecida la Vuelta. Ha cogido aire y ha enganchado a la gente y esa es una magnífica noticia.