Comillas. A 400 metros del hotel Abba Golf de Comillas donde amanece Antón hubo un día otro Antón. "Era 2008, Egoi iba de líder de la Vuelta, yo sexto y tenía la sensación, pese a que también era el segundo día de descanso, de que aún me quedaba dentro energía para luchar por algo, aunque no sé exactamente qué". Nadie, ni él, lo sabrá jamás. Al día siguiente, camino al Angliru, Igor derrapó en una curva del descenso del Cordal y acabó sentado en el guardarraíl. Tenía la clavícula rota y el trocánter de la cadera hecho añicos. Dos años después, cuando iba de líder, tropezó con los restos de madera de un palé cerquita de Comillas, y acabó la Vuelta en el hospital. Tanto recuerdo hace recordar a Antón que nunca antes en una grande había derrochado tanta energía para resistir. Que jamás antes fue a tope desde el primer al último día. O, como él dice, "sufriendo y sufriendo".
No es 2008, sino 2012 y a Antón le cuesta pensar en otra cosa que no sea en seguir apretando los dientes cada día hasta llegar a Madrid. Ni en algo diferente que no sea luchar por escalar hasta el séptimo donde está subido Talansky. Es a lo que aspira desde que la crono de Pontevedra le marcó su límite. "Me dio rabia no estar mejor porque en la montaña voy bien. Después de Purito, Contador, Valverde, de los de la general, el siguiente fui yo. Saqué segundos, no muchos, y en la crono me dejé bastante", reflexiona el vizcaino, que viene echando en falta durante toda la Vuelta una velocidad más, pero no se mortifica. "Me he entrenado mejor que nunca, he competido bien, he estado mentalizado… No puedo mirar atrás. Tengo las fuerzas que tengo, y las piernas, y con ellas tengo que llegar hasta la Bola del Mundo". Allí, asaltará a Talansky.
De una etapa no quiere ni hablar. "Es complicado hacerlo en un mano a mano con Contador y estos y a mí no me van a dejar escapar". A él, claro, no, pero a sus compañeros que están bien, sí. Euskaltel tiene a una tropa con buenas piernas para buscar en cuatro días un triunfo liberador. Están Txurruka, Astarloza, que ya lo probó camino de Ézaro, Rubén Pérez, que habla con resignación de su segundo puesto en los Lagos, "tan cerca y tan lejos"; Verdugo está como una moto y solo su cercanía en la general, es 17º, le puede impedir filtrarse en una fuga; Landa tiene un paso tremendo en la montaña; menos, pero también, Velasco; y Oroz es un tanque en el llano; finalmente está Sicard. Hay más opciones vascas para ganar una etapa. Intxausti tiene las piernas pero le lastra su puesto en la general, 12º, a un paso de los diez mejores, con lo que eso se cotiza. No le van a dejar moverse. Garate, Egoitz García… Y el Caja Rural mira a Fuente Dé.