La aspiración belga
Ruiz de Larrinaga y Murgoitio calibran mañana su progresión en Igorre
bilbao. Para llegar a ser un belga, hay que vivir como un belga, pensar como un belga, respirar como un belga y sentir como un belga. Para llegar a ser un belga, paradigma de la perfección técnica y física en el ciclocross, una ralea superior, hay que meterse en sus casas, perseguirles, radiografiar sus costumbres, saber con quién duermen, con quién hablan, por quién rezan y con quién sueñan. Hay que hacer como Egoitz Murgoitio, joven, 27 años, dotado de una aptitud sin discusión para la especialidad, pero de destreza y maquinaria brutas, sin perfilar, que ha sublimado la miseria lectiva de las pruebas de la Copa del Mundo al dominio estanco de las carreras locales. "Sólo así se progresa", dice el abadiñoarra, que calibra mañana (15.30 horas) su progresión en Igorre, la quintaesencia de las pruebas estatales de ciclocross. Como él, mide su potencial Javier Ruiz de Larrinaga, ocho victorias en lo que va de temporada, líder de la Copa de España y una idea cristalina: la certeza de que para acercarse a la estela de los belgas, hay que correr con los belgas.
"Mejoramos, tanto Egoitz como yo, año a año. O al menos eso dicen y eso sentimos", traza el alavés, 31 años y actual campeón estatal, título del que se apropió en 2009. "Nos queda mucho por pulir, lo cual quiere decir que tenemos margen de mejora. Y eso solo se consigue viajando a las carreras del norte, a Bélgica y Holanda, para correr con los mejores", dice Larrinaga, que complica una ecuación tan simple -si hay que ir se va- con el lastre económico. Cuesta dinero correr en Europa. Y dinero es lo que no hay en el ciclocross. "Por eso hay que arriesgar. Hay que ser decidido y apostar".
Lo ha hecho Murgoitio, que ha corrido las tres primeras pruebas de la Copa del Mundo -acabó 23º en la última cita de Koksijde después de rodar hasta la última vuelta entre los 20 mejores- y antes incluso de correr en Igorre asegura que su inversión ha producido beneficios. "He progresado. Lo noto. Es la técnica, la manera de trazar las curvas, la mejoría física... Pero también la forma de afrontar las carreras. Los belgas tienen un ritual: llegan a la salida, hacen un poco de rodillo, dan dos vueltas al circuito y vuelven a la caravana a ajustar la presión de las ruedas. Luego, siguen calentando. Esos son detalles que te hacen mejorar", explica el ciclista de Hirumet.
"Aprendes cuando te dan en el morro todos los días", asegura Larrinaga, que después de Igorre disputará cuatro de las cinco pruebas que quedan para cerrar la Copa del Mundo. Piensa en el Mundial. "Aprendes corriendo al 150% de tus posibilidades. Así te llevan los belgas", apunta Murgoitio, que aspira a estar entre los 20 mejores en Igorre. Larrinaga, en cambio, no se fija metas. Nunca se le dio bien la cita prueba vizcaina. "Pero he trabajado para mejorar y no hay excusas", zanja.