bilbao. Hace 30 años en Sallanches, Bernard Hinault, joven y descarado, aquellos ojos de fuego, transgresores, advirtió por la mañana: "Poned el champán en la nevera; hoy seré campeón del mundo". En Domancy, poco más de dos kilómetros, destrozó a sus rivales. Poco a poco. Vuelta a vuelta. Por asfixia. Por la tarde era campeón del mundo. En Sallanches, 30 años después, en la última de las cinco subidas a Domancy, a sólo siete kilómetros de que acabara la carrera francesa, emergió Romain Sicard, un ciclista en construcción que goza del favor de Hinault porque aunque joven aún, le recuerda un poquito a sí mismo en la valentía y el descaro, las ganas, la constancia, el trabajo concienzudo, que es, precisamente, de lo que carecen los talentos galos que nunca llegan, que se acomodan en el éxito y se diluyen como el agua en el agua. Llevan 25 años sin ganar el Tour. Quizás tengan que esperar a Sicard, un inconformista que quiso cerrar una Dauphiné esplendorosa buscando un triunfo universal en Sallanches. Así que se lanzó a por él. Cuesta arriba cuando la marcha la ponían los chicos de Contador. Una osadía. Señal de pedigrí. En ese cuerpo naranja hay ciclista. Pese a que ayer en Domancy su ataque fuese en balde porque por delante, con margen, casi un minuto, la etapa se la discutían Boasson Hagen y Arkaitz Durán. La general era inamovible. Brajkovic, Contador y Tejay Van Garderen. Podio pétreo.
Durán, 24 años recién cumplidos, parece un ciclista viejo. Subió temprano, más que nadie antes en el ciclismo estatal. Con 18 años. Directo desde juveniles. Fue la apuesta de Matxín. No cuajó como se esperaba. El talento, un físico portentoso, no lo respaldó la psique. Dicen que al alavés le faltaba madurez, o capacidad de concentración, o tenacidad, o confianza en sus posibilidades. No es Hinault. En la pasada Vuelta, tropecientas decepciones después, el chico, al fin dio el nivel. "Pero no le des coba en el periódico que entonces se lo cree y se viene abajo", rogaban en el Fuji-Servetto. Y él, serio, parco en palabras, refunfuñaba, se rebelaba contra sus detractores y alegaba que quizás era cierto que él no había logrado resultados, pero que tampoco conocía a muchos ciclistas que con su edad se hubiesen encumbrado. "Calma, llegaré", prometía.
Y llegó. En el Dauphiné, en la gran montaña alpina de estos días, pero, sobre todo, ayer, cuando rozó su estreno profesional en Sallanches. Se le escapó Boasson Hagen, más atinado en la subida final a Domancy. "Arkaitz atacó antes y quizás ese arreón le ha impedido salir luego a por Hagen", explicó Matxín, satisfecho en todo caso "porque ha demostrado que no nos equivocábamos al fijar nuestra atención sobre él; la planificación física que llevaba para todos estos años se ha cumplido paso a paso". Al fin, Durán ha madurado.
Satisfecho acabó también el Dauphiné Contador, pese a ser segundo tras Brajkovic. "Ha sido una muy buena preparación para el Tour", dijo el madrileño, que reconocerá desde hoy las dos etapas de los Alpes, Rousses-Morzine Avoriaz y Morzine-Saint Jean de Maurienne, con los puertos de la Colombiere, Aravis, Saisies y la Madeleine.