bilbao. La víspera de que arranque en Lugano la Vuelta a Suiza, que aparte de congregar a buena parte de los aspirantes al Tour, los Schleck, Armstrong, Gesink, Kreuziger, Leipheimer o Kloden, supone la vuelta a la competición de Fabian Cancellara después de su tiránica primavera, la cuestión esperada en la rueda de prensa del imponente suizo: la bicicleta motorizada. Cancellara muestra entonces su descontento, desvela que le frustran todas esas historias que se rumorean sobre su persona y sus victorias, suspira con resignación y dice que qué le va a hacer él, que así es la vida, aunque podría haber añadido que así de incomprensible es el ciclismo, el deporte que batalla contra sí mismo. "Yo sólo digo que sé cómo logro mis victorias. Tengo un motor, pero soy yo, mi cuerpo. Éste es más fuerte de lo que podéis imaginar. En toda esta última década he demostrado que no necesito ningún otro motor", opina sobre las acusaciones que tienen su cumbre en un vídeo en Youtube en el que se le observa mover de manera extraña la mano, un gesto, dicen los que sostiene la teoría del fraude, para activar el dispositivo que iría ocultó en el tubo vertical de la bicicleta. "Ese vídeo es mentira, está manipulado. La reacción de los medios es desmedida", reaccionó airado Bjarne Riis, director del Saxo Bank. "Es ridículo", cerró Cancellara, que anunció que no tomaría ninguna acción legal y que zanjaba ahí el tema, lo archivaba, para centrarse en correr el Tour de Suiza. Comenzando por el prólogo, ayer, 7,5 kilómetros en Lugano donde fue el más rápido. Tardó 10:21. Corrió a más de 44 por hora. Llevaba un motor: él. Una respuesta contundente para los suspicaces.

No, en cambio, para el juez Raffaele Guariniello, famoso en Italia porque fue el que llevó a cabo las investigaciones de dopaje en la Juventus de fútbol o las relativas a Marco Pantani. Guariniello ha abierto una investigación para determinar si las bicicletas motorizadas han sido usadas en competición, lo que supondría un fraude deportivo semejante al dopaje, después de la acusación de Ivano Fanini, el dueño del Amore e Vita, el equipo del Vaticano, escandalizado tras las declaraciones de Davide Cassani en la RAI durante el Giro de Italia. "No podemos ignorarlo. Cuando le preguntamos si algún ciclista había utilizado la bicicleta, Cassani dijo: "La persona que nos la dio a nosotros dijo que sí". Ahora, esos nombres tiene que salir a la luz. La trampa podría haberse repetido, por ejemplo, durante el Giro porque no se han hecho inspecciones y se corre el riesgo de que el Tour de Francia arranque sin que hayamos eliminado esa trampa", arremete Fanini. Cassani, por su parte, no pondrá pegas a declarar ante el juez, más aún después del enorme cabreo que le provocó que la UCI desestimara como prueba el reportaje donde él mismo muestra cómo funciona el sistema.

Ajeno a todo ese revuelo sigue Cancellara, que lidera la ronda suiza después de ganar un prólogo en el que volvió a destapar sus dotes el getxotarra Jonathan Castroviejo, 13º a 14 segundos del suizo. Hoy, segunda etapa, 167 kilómetros entre Ascona y Sierre.