Internet nos sorprende cada día con imágenes y vídeos tan sorprendentes que lo primero que nos planteamos hoy es si están generados con inteligencia artificial. Pero la realidad es mucho más curiosa que cualquier tecnología y es totalmente cierto que se ha visto a ardillas vapeando en un parque. No es una campaña publicitaria ni un montaje, sino, una vez más, culpa del ser humano.

La escena, grabada en la localidad inglesa de Brixton, al sur de Londres, muestra a uno de estos roedores sujetando un cigarrillo electrónico y mordisqueándolo como si fuera una nuez. Puede parecer en las imágenes que está fumando, pero por ahora no ha llegado a tanto.

Confusión por el olor

El vídeo se ha vuelto rápidamente viral en redes sociales y algunos usuarios han demostrado que no se trata de un hecho inédito, sino que hay escenas similares grabadas en lugares como Filadelfia. En todas ellas, el patrón se repite: animales que se encuentran un vapeador tirado y se lo llevan a la boca como si fuera comida.

La explicación es bastante lógica. Los expertos aseguran que las ardillas no buscan nicotina ni están tratando de imitar a los humanos, sino que simplemente confunden el olor dulce de estos dispositivos con alimento. Algo que tiene bastante sentido, porque los cigarrillos electrónicos suelen tener aromas a frutas, golosinas o postres, y eso los atrae en su búsqueda diaria de comida.

Una imagen que nunca debería haberse producido.

Una imagen que nunca debería haberse producido. TikTok

La culpa es nuestra

Puede parecer una escena simpática, pero es una evidencia más de los problemas que el hombre está causando en la naturaleza. Lo vimos hace unos días con los tiburones de Bahamas que habían dado positivo en cocaína, cafeína y analgésicos, y ahora encontramos un nuevo caso de fauna que se acerca a sustancias con las que nunca debería entrar en contacto.

Porque cuando una ardilla (o cualquier otro animal) muerde uno de estos dispositivos puede ingerir nicotina, microplásticos, metales o incluso componentes de baterías, todos ellos potencialmente tóxicos. Y no es algo anecdótico. Antes de que se restringieran algunos de estos productos, se llegaban a tirar millones de vapeadores a la semana y muchos de ellos terminaban en la naturaleza. Y así construimos (o más bien destruimos) un ecosistema en el que los animales interactúan con residuos que no deberían existir en su entorno, porque, literalmente, esas pobres ardillas están masticando nuestra basura. Una basura peligrosa.