Pregunta una duda a un vendedor de Wallapop y lo que sucede no lo imaginaba nadie
El comprador se pone exquisito acusándole de mala educación por cómo le ha respondido
Las aplicaciones y webs de segunda mano tienen muchísimo éxito desde hace ya tiempo, porque gracias a internet es muy fácil conectar a quien quiere vender algo que tiene por casa con quien quiere comprarlo. Ya sea por obtener un dinero extra, por ahorrarse unos euros, por ganar espacio en los armarios o incluso por conciencia medioambiental, las transacciones de ropa y cualquier otro objeto se cuentan por millones.
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Compraventa viral
Y claro, entre tantas conversaciones y negociaciones para intentar rebajar un poco el precio o para pedir información adicional se cuelan momentos surrealistas que se vuelven virales si se suben a las redes sociales. Como el ejemplo que ha subido a X la cuenta @LoLSanlucar, que se ha limitado a lanzar en el post una pregunta tan sencilla como demoledora: “¿Qué le pasa a la gente de Wallapop?”. Y lo ha hecho acompañándola de una captura de pantalla de la popular aplicación de productos de ocasión que no necesita de más explicaciones.
Intenta estafarle en Wallapop y su venganza no la podrá olvidar
En la conversación a través del chat de la app se ve el guion clásico del mercado de segunda mano digital. El comprador escribe un “Hola, ¿sigue disponible?” y el vendedor un rato después contesta afirmativamente: “Sí”. Respuesta inequívoca. Hasta aquí, todo normal. Pero como el posible comprador tardaba más un día en reaccionar, una vez sabido que podía adquirir el producto o hacer una oferta, el vendedor movió ficha. “¿Lo quieres?”, preguntó directamente.
Un sí que es un no
En este caso obtuvo una respuesta bastante rápida, en cosa de minutos, pero no era la que se esperaba, porque no entró en el terreno del precio, en el estado del producto o en el punto de encuentro en el caso de que se pactara una entrega en mano. No. La contestación fue un alegato educativo un tanto exagerado: “Cuando te comiencen con un hola contesta con un hola por educación”, escribió el posible comprador, que en segundos dejó de serlo, porque contestó con un definitivo “Ya no”. Fin de la transacción. Tampoco le interesaría tanto ese producto...
El post ha tenido mucho éxito en la red social antes conocida como Twitter, en la que suma más de 600.000 visualizaciones y cientos de comentarios, entre los que muchos internautas aseguran que esa susceptibilidad no es sólo propia de la gente que usa Wallapop, como insinuaba el autor de la publicación, sino que se ve por todas partes, especialmente en el mundo de las redes sociales, que es un auténtico ecosistema emocional.
Descubren que el cura del pueblo vende en Wallapop las puertas de la iglesia
Y parte de su viralidad, en la que se mezclan risa y resignación, se debe a que condensa una experiencia compartida por miles de usuarios de esa app: esa sensación de que comprar o vender algo usado se ha convertido en una especie de examen de urbanidad, con normas no escritas, susceptibilidades a flor de piel y un orgullo frágil, donde un “sí” puede ser ofensivo y un “hola” insuficiente. Hay quien se reconoce en el comprador, quien lo hace en el vendedor y quien, simplemente, agradece no estar intentando vender una lámpara un martes por la noche.
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