Este 2026, en el que se cumple el bicentenario de la prematura muerte del gran músico bilbaino Juan Crisóstomo de Arriaga, es también el primero de la nueva era del Museo de Bellas Artes de Bilbao. Ayer se unieron las dos fechas en torno a la más hermosa escultura pública de la ciudad: la Euterpe del Monumento a Arriaga que creó otro enorme artista, Paco Durrio, hace un siglo. 

Y el Bellas Artes llevó a cabo dos acciones cargadas de significado.  Por una parte, abrió de manera eventual el nuevo Atrio Arriaga del Museo del porvenir. Un espacio que gobierna la obra de Durrio: una mujer rotunda, de puntillas, llena de energía, que parece a punto de partir en dos la lira que sostiene entre las manos. Es, a la vez, una fuente, con una peana que evoca un altar precolombino. Cuando, a finales de los años 40, retiraron la obra de la calle para arrumbarla en un almacén, aludieron la desnudez de la musa. Pero seguro que lo que preocupaba era la representación de una mujer fuerte y poderosa que no encajaba con los patrones gobernantes. Ahora preside el nuevo atrio.

La otra acción que llevó a cabo el Bellas Artes ayer fue la de volver a interpretar partituras de Arriaga, ponerlas en contacto con creaciones actuales y convocar a la ciudadanía para que las escuchara en la Sociedad Filarmónica de Bilbao.  

La estructura del concierto planteó un diálogo directo con el Cuarteto de cuerda n.º 3 en Mi bemol Mayor de Arriaga, compuesto en 1823 y publicado un año después, el cual destaca como su obra más lograda y célebre. Las nuevas piezas para cuarteto de cuerda fueron compuestas por Javier Quislant,  Isabel Urrutia, Zuriñe Fernández Gereabarrena y Gabriel Erkoreka.  E interpretadas por  los violinistas Aitzol Iturriagagoitia y Juan Luis Gallego, la violista Natalia Tchitch y el violonchelista David Apellániz. El comisario de la propuesta fue el director de la Bilbao Orkestra Sinfonikoa, Iñigo Alberdi.

Entre la audiencia destacaban Lourdes y Emilio de Arriaga, descendientes del músico.

Asistieron Lourdes y Emilio de Arriaga, descendientes del genial músico bilbaino de cuyo fallecimiento se cumplen dos siglos.

La representación institucional en el evento estuvo a la altura de su significación. Acudieron, Ibone Bengoetxea, vicelehendakari primera y consejera de Cultura y Política Lingüística; Juan Mari Aburto, alcalde de Bilbao; Elixabete Etxanobe, diputada general de Bizkaia; Leixuri Arrizabalaga, diputada foral de Euskera, Cultura y Deporte; o Begoña de Ibarra, directora de Cultura de la Diputación; así como, por supuesto, el director del Museo de Bellas de Bilbao, Miguel Zugaza.

Asistieron la actual directora del Museo Guggenheim de Bilbao, Miren Arzalluz; y  Mariët Westermann, directora y CEO, de la Solomon R. Guggenheim Museum and Foundation, que llegó acompañada por el director emérito de la referida pinacoteca bilbaina, Juan Ignacio Vidarte.   

Entre las personalidades invitadas se contaban Rafael Orbegozo, asesor de la presidencia de Iberdrola; Teresa de Icaza y Ampuero, de la Fundación Vizcaína Aguirre;  o Nora Sarasola, directora de la Obra Social de la BBK.

Tuvo un papel relevante la presidenta de la Sociedad Filarmónica, Carmen Iztueta; así como el vicepresidente Ramón Lizarraga.

Acudieron el alcalde Ibon Areso y su hermano Javier; las junteras Begoña Gil y Ana Berta Campos; Begoña Ortuondo y Begoña Atxalandabaso, de la Junta de Patronato de la BBK; el artista Txuspo Poyo; la conocida abogada María Urcelay, el cineasta José Julián Baquedano; la fotógrafa Marieli Oviedo; o el historiador del cine, Santos Zunzunegi.

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No se perdieron el concierto, que presentó la televisiva Ana Urrutia, José Luis y María Eugenia Fernández, Mikel Sáez Urberuaga, María José Zabala, Elvira López, Joaquina Arnuero, Marta Berriozabal, Aurora y Bernardo Larrazabal, Mikel Elejoste, Ana Larrauri, Gerado Tiedemann, Pilar y Pedro María Jauregibeitia, Cristina Ramírez de la Peciña, Marisa Mardomingo, Pilar Gana, María Victoria Goyarzun, Charo Cano, Itziar Colau, Maite Correa,  Pili Mezo, Jesús Requejo, Oscar Ciencia, María Angeles Ortube, Elena Pisonero del Pozo, Nabilah Nader o Arantza Múgica, que fue la primera en acceder a la sala. 

 Fuera de protocolo asistió al recital conmemorativo el consejero Bingen Zupiria en compañía de Aintzane Bolinaga.