Cuentan los libros de historia de la arquitectura y lmiles de estudios espolvoreadors por medio mundo que la figura de la arquitecta zambiana Denise Scott Brown, forjada y formada en Sudáfrica, fue ensombrecida por la de su marido Robert Venturi. Parece claro que así fue. Aunque firmaban muchos trabajos a cuartro manos, Venturi ganó el Premio Pritzker en 1991, el jurado citó numerosos proyectos realizados en colaboración con Denise, pero ella, a sus 94 años de edad, sigue sin obtenerlo.

Y es por ello que cobra más vuelo la decisión del museo de Bellas Artes que dirige Miguel Zugaza, de arrojar luz y brillo sobre una mujer que fue invisiblecon la primera muestra retrospectiva realizada en el estado, dedicada a Denise arquitecta “injustamente invisibilizada” pese a ser una de las más relevantes de la segunda mitad del siglo XX, cuya “mirada novedosa” se exhibe a través de un centenar de dibujos, fotografías, mobiliario y maquetas. Más de 120 piezas relucen bajo el título Denise Scott Brown. Ciudad. Calle. Casa, en una exposición que está comisariada por los arquitectos Maía Pía Fontana y Miguel Mayorga y a cuya puesta de largo acudieron, entre decenas y delenas de personas, la vicelehendakari primera y presidenta del Patronato de la Fundación del Bellas Artes, Ibone Bengoetxea,; el alcalde de Bilbao, Juan Mari Aburto; Emiliano Atxurra y José Ignacio Zudaire, en nombre de Petronor, la entidad patrocinadora, Shilpa Mehta, asistente de Scott Brown desde 2014, Javier Cenicacelaya, quien ha dado aire al catálogo y Gilermo Zuaznabar, conservador jefe de la pinacoteca.

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El Bellas Artes acoge la primera retrospectiva de la arquitecta Denise Scott Brown Gaizka Portillo

La tarde llegó con abrigo gris y pasos lentos. Bilbao olía a lluvia reciente y a conversaciones que todavía no sabían que iban a volverse arquitectura. A las siete, las puertas del Museo de Bellas Artes se abrieron.. Adentro esperaba Denise Scott Brown, no en carne y hueso —aunque su voz sí respira en las salas—, sino hecha de ciudad, de calle y de casa.

En las paredes, en torno a 120 piezas –dibujos, fotografías, maquetas, carteles...– contaban que la arquitectura también aprende del supermercado, del neón, del viaje en coche, de las aceras dondeCiudad, calle, casa. Tres latidos para una misma criatura urbana.

La gente se detenía ante maquetas como quien mira ciudades diminutas que aún no han decidido si serán utopía o rutina. Algunos buscaban el nombre de Robert Venturi entre los textos; otros sonreían al descubrir que Learning from Las Vegas no era una broma sino un manifiesto que abrió la puerta a lo cotidiano.

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En una sala oscura, la voz de Denise llegaba desde Filadelfia, grabada entre recuerdos domésticos y reflexiones sobre la calle. Era un documental de 30 minutos producido por el museo y dirigido por Manuel Asín y Pablo García Canga donde se recogen las reflexiones de Scott Brown junto a imágenes de su casa de Filadelfia.

Testigos de todo cuanto les cuento fueron el viceconsejero Andoni Iturbe, Begoña de Ibarra; la directora del museo Guggenheim, Miren Arzalluz, el pintor Jesús Mari Lazkano; la fotógrafa Begoña Zubero; el profesor Santos Zunzunegi, Erramun Landa, Leire Jauregibeitia, José Julián Baquedano, Miriam Alzuri, conservadora de Arte Moderno y Contemporáneo del museo, Begoña Loroño, Juan Viadas, Carmen Abalia, Gonzalo Blanco, Jesús Sánchez, Miren Lauzirika; los portugueses Marta Sequeira y Nuno Grande, Luis Ángel Castresana, Álvaro y Luis Díaz de Lezana; la diseñadora Miriam Ocariz, Ainhoa Estancona, Asier Abaunza, Roberto Alonso, Montse González, Amatiño,, Ainhoa Aranguren y un buen número de hombres y mujeres que disfrutaron de la exposición y dieron cumplida venganza a Denise, una mujer tanta veces escondida, tanta vences ninguneada y hoy iluminada.