En diciembre, cuando el frío le da a Bilbao ese brillo de cuchillería recién afilada y la ría se vuelve un espejo de estaño, Deusto amanece con la vocación secreta de una galería de arte. No es el Guggenheim, ni falta que hace: los escaparates toman la palabra y la calle se convierte en un salón burgués donde el vecindario se arregla el alma a base de luces cálidas y espumillón.
El XV Concurso de Escaparates de Navidad organizado por Deusto Bizirik, entidad que preside Julia Diéguez, no empezó ese día: venía gestándose desde noviembre en los trasteros, en las sobremesas, en la cabeza de los comerciantes que, entre una factura y otra, soñaban con un belén minimalista o con un bosque nórdico hecho de cartón reciclado. Es un certamen que no se anuncia con fanfarrias sino con una conspiración amable: “Este año lo voy a hacer mejor”, se dicen la gente del comercio como quien se promete volver al gimnasio después de Reyes.
A primera hora, los escaparates aún bostezan. Hay luces que parpadean como si dudaran del mundo, renos que parecen pedir un café solo y bolas rojas que, bajo el fluorescente, adquieren una melancolía de verbena apagada. Pero conforme avanza la mañana, Deusto se despereza y el concurso entra en calor. Las panaderías huelen a infancia; las librerías exhiben portadas como regalos posibles para una vida mejor; las tiendas de ropa visten maniquíes con la dignidad de actores secundarios que saben que, esa noche, alguien los mirará de verdad.
Han sido 37 los escaparates que han participado en el certamen, que ha contado con el apoyo de Ayuntamiento, Diputación foral, Cámara de Comercio, Cecobi, entidad presidida por María López Negrete y otras asociaciones empresariales y de comerciantes.
Uno cierra los ojos y se imagina la estampa. Los integrantes del jurado –que siempre parecen más serios de lo que la ocasión requiere...– avanzan con cuadernos discretos. No juzgan solo la estética: valoran el ingenio, la ternura, el guiño al barrio. Porque aquí la Navidad no es un catálogo, es una conversación. Un escaparate puede ganar por una frase escrita a mano, por un belén hecho con herramientas de ferretería, por una estrella torcida que demuestra que alguien estuvo hasta las tantas colocando luces mientras la radio hablaba de loterías imposibles.
Y al abrirlos se encuentra con la realidad. El premio al árbol mejor decorado fue para el centro de día Te Mimo, donde gobierna María Cereceda, y los cinco comercios destacados (ayer mismo se realizaron los reconocimientos en la sede de Deusto Bizirik...) fueron los de Malda Bikes, regido por el ciclista Zugaitz Ayuso, quien acudió acompañado por Itxaso Ruiz e Itxaso Mediavilla; CK Estilistas, donde Cristina y Cari Puente y Marian Bartolomé despliegan sus artes y sus mañas; Deusto Motor Center, donde dan gas Estíbaliz Mangas y Sonia Revilla, cubierta por la indispensable chupa de cuero; Marcel Arranz Hair Spa, una de las leyendas de Deusto, en cuyo nombre acudió Estíbaliz Santisteban y Zortz Cartering, donde Estíbaliz Artetxe y Xabier Arca de Arana obran el prodigio de que la boca se haga agua.
Todos ellos ellos recogieron sus respectivos galardones en presencia del gerente de Deusto Bizirik, Ignacio Aguirre; la concejala Kotxi Claver, Yolanda Díez, Goyo Zurro, Ana Berta Campos, Xabier Jiménez, Vicky Portugal, vicepresidenta de Deusto Bizirik; Alberto Ruiz, representante de zonales de Cecobi; Marta Fernánde, secretaria general de Cecobi, Arantza Prierto. Lola Vaamondeo. José Antonio Alonso, Beltza, Urtzi Ostolozaga, José Ignacio Pablos, Ibio Pérez, Julio Aristín, Natalia Pérez García, Asier García, Sandra Peña y Manuela Escobar, entre un puñadito de gente que reavivó los viejos tiempos de Navidad que ya se fueron.