Aplazado sin fecha el juicio por el posible desahucio de la vecina de Mamariga víctima de una estafa

Decenas de personas se concentraron para apoyar a Lidia Gil, víctima de una estafa inmobiliaria

13.11.2020 | 00:43
Decenas de personas apoyaron a Lidia en una concentración en el centro de Santurtzi.

Hace poco más de un mes, Lourdes, sobrina de Lidia Gil, la vecina de Mamariga víctima de una estafa inmobiliaria a la que un fondo de inversión quiere desahuciar de su hogar, apuntaba a que Jabyer Fernández y Emilio Prieto, citados como testigos "no aparecerían en la próxima vista del juicio". En la mañana del jueves, ambos testigos debían acudir a los Juzgados de Barakaldo y, tal y como vaticinó Lourdes, no se presentaron. El resultado de todo ello fue el aplazamiento de un juicio que, de momento, no tiene fecha para una próxima vista. Pero el procedimiento judicial sigue abierto y el peligro de que Lidia pueda ser desahuciada de su hogar sigue siendo tan real como hace un mes. "Todo este caso es un atraco a mano armada a mi hermana. Ha sido víctima de una estafa y encima la quieren desahuciar", explicó Mario Gil, hermano de Lidia.

El jueves debía darse un paso más, en un sentido o en otro en este juicio, pero la incomparecencia deja el asunto en suspenso, que no cerrado. "No se ha presentado nadie y el juicio se ha aplazado. De momento no nos han dicho fecha para la próxima vista, pero el juicio sigue abierto", indicó Mario. La situación que vive Lidia es de todo menos agradable, más si cabe para una persona de 88 años que, además, lleva 16 esperando a que le entreguen una vivienda que se pactó en un acuerdo de permuta que la empresa constructora Residencial Mamariga –hoy quebrada– jamás cumplió. Pese a todo, "Lidia está mejor, más entera que hace un mes. Está algo más animada porque cuenta con el apoyo de todos", reconoció Mario.

Concentración del jueves en apoyo de Lidia. Foto: Borja Guerrero

Ese apoyo popular de la ciudadanía de Mamariga, su barrio, y de Santurtzi, su pueblo, se volvió a visibilizar en pleno corazón de la localidad marinera. Allí, en el entorno del Ayuntamiento, se reunieron decenas de personas para, por un lado, mostrar su apoyo a Lidia y, por otro, denunciar la situación por la que pasa esta mujer. "Estamos muy agradecidos a la gente por el apoyo que nos está dando. El mejor defensor de mi hermana está siendo el propio pueblo", reconoció el hermano de Lidia.

Ese respaldo de la ciudadanía santurtziarra se materializó en una concentración que duró cerca de media hora, en la que se respetaron las distancias de seguridad para prevenir contagios de covid-19 y en la que, desde el silencio, los santurtziarras presentes dejaron bien claro que Lidia no está sola. Una pancarta encabezaba la concentración y el lema era claro: No al desahucio de Lidia. Entre quienes sostenían la pancarta estaba Mario, hermano de Lidia y una de las personas que vive más de cerca la situación que atraviesa su hermana.

Media hora después del inicio de la concentración, una ovación dio paso a la lectura de un manifiesto por parte de vecinos de Mamariga. "Estamos aquí para denunciar la situación que está sufriendo Lidia. Se ha retrasado el juicio, pero el procedimiento sigue adelante y no le vamos a dejar sola. Vamos a seguir apoyándole y nuestro objetivo no es otro que parar el desahucio", señalaron.

frente a la especulación

El caso de Lidia ha calado hondo en la ciudadanía por tratarse de una persona mayor, que ha sido víctima de una estafa inmobiliaria. En este sentido, los convocantes de la concentración señalaron que "frente a la especulación, las estafas inmobiliarias y los desahucios siempre defenderemos el derecho a la vivienda". Asimismo, los convocantes denunciaron que "las instituciones no han tomado cartas en el caso de Lidia".

Imagen de una anterior concentración en apoyo de Lidia. Foto: Borja Guerrero

De momento, esta vecina de Mamariga de 88 años, sigue en su hogar, ese que le concedieron de forma provisional hasta que tuviese esa casa que le prometieron y que, 16 años después, aún no ha llegado. El peligro de desahucio continúa latente, pero Lidia ahora sabe que no está sola.