rincones perdidos en la memoria

Aire puro, cerveza y litros de rock

Hay una hebilla ‘Metallica’ en el cinturón verde metropolitano de Bilbao, allá en Kobetamendi, donde aún se respira el viejo uso de las cerveceras que fue leyenda en Bilbao, las ruinas de un fuerte y quintales de pura naturaleza

09.02.2020 | 03:29
Bucólica estampa del monte Kobetas, donde incluso los caballos pastan en libertad en según qué campas.

EL cinturón (Obi, en japonés) de kárate simboliza el ciclo de aprendizaje de una persona en las distintas etapas de su práctica. Dicho así, digamos que el cinturón verde simboliza la esperanza y la fe del practicante, justo cuando empiezan a florecer sus conocimientos. También Bilbao luce su cinturón verde metropolitano, formado por todos los espacios naturales y zonas verdes integrados en las áreas periurbanas, que incluye montes, bosques, embalses, ríos y arroyos, playas, marismas y dunas, acantilados, etc., teniendo como eje principal la ría de Bilbao y conectando con el espacio urbano a través de los parques y jardines. En ese espacio singular se sitúa el monte Kobetas, vía de paso de los antiguos peregrinos a Santiago. No en vano, el Camino de Santiago entra en el ámbito del Cinturón Verde del Bilbao Metropolitano por el alto de Aretzabalgane, procedente de Gernika. Tras pasar por el núcleo de Goikoelexalde y la villa de Larrabetzu, continúa dirección Lezama y Zamudio, donde a la altura de la iglesia de San Martín comienza a ascender hacia Artxanda por un antiguo camino que es conocido como Calzada de los Zamudianos y del que queda un pequeño tramo de encachado cerca de la cima de Monte Avril. Descendiendo ya en dirección a Bilbao los peregrinos acceden a las Siete Calles por las calzadas de Mallona, y tras cruzar el puente de San Antón dirigen sus pasos ya por la orilla izquierda de la ría siguiendo las calles San Francisco y Autonomía hacia el monte Kobetas. Tras coronar el alto, se alcanza el estrecho valle del Kadagua. He ahí un itinerario que lleva al caminante hasta uno de los más elegidos miradores de Bilbao.

Pongamos que el visitante llega a un punto de partida tradicional, situado bien en el aparcamiento junto al parque de Kobetamendi (inaugurado en 2005), bien en la parada del Bilbobus, justo al lado de la cervecera Kobetas, una de las últimas que resisten al ocaso de la larga tradición de cerveceras de Bilbao. No por nada, el consumo de cerveza se popularizó en Bilbao a finales del siglo XIX entre un público de cierto nivel adquisitivo. Al fin y al cabo, La cerveza tenía una presión fiscal elevada y los precios no siempre resultaban asequibles a todos los bolsillos. Hoy apenas quedan lugares así, una suerte de merenderos urbanos en los que se servía pollo asado, ensalada y abundantes jarras de la marca con o sin gaseosa que servían de punto de reunión y esparcimiento gastro-alcohólico para la ciudadanía. La cervecera Kobetas es guadiana, por tanto, de cierta melancolía.

La cervecera citada encaja en el enclave natural pero el monte Kobetas (Kobetamendi para el habla popular) alcanzó fama internacional a partir de 2006, cuando una media de 51.000 personas asistieron al recinto de Kobetamendi durante la primera edición del Bilbao Live Festival (BBK se incorporó un año después), evento que reunió durante tres días a más de 40 bandas nacionales e internacionales de rock y carpas de música electrónica. En su segunda edición el festival estalló como un volcán. No en vano, reunió en Kobetamendi a algunos de los artistas más potentes del rock mundial (Metallica -quienes congregaron, ellos solos, a unas 40.000 personas en un concierto que se recuerda como uno de los más grandes vividos en Bilbao, con el cuarteto californiano entrando en escena bajo las pantallas que proyectaban la escena final del western El bueno, el feo y el malo -, Iron Maiden y Red Hot Chili Peppers) y del de casa (Fito & Fitipaldis), en cuatro jornadas divididas en dos fines de semana, por aquello de adecuarse a las agendas de las grandes estrellas contratadas. El eco del festival ya trascendía fronteras.

"Todo su entorno está deseando hacer lo posible para ayudarla a recobrar su mejor versión y ella se tomará el tiempo necesario hasta que esto ocurra". Con esta nota de prensa explicaba el 21 de junio de 2011 la agencia de Amy Winehouse que la inglesa cancelaba toda su gira europea, incluyendo su actuación del 8 de julio en Bilbao BBK Live 2011. La controvertida cantante fallecería solo un mes después, pero nadie podía ni imaginarse tan fatal desenlace cuando se confirmó la actuación de Suede en su lugar. A pesar del gran contratiempo (encontrar una cabeza de cartel a falta de un par de semanas para un macroevento de este tipo no debe de ser una cosa demasiado fácil), la sexta edición del festival se cerró con la que era una cifra récord en su historia: 103.083 personas. Los grandes triunfadores de aquel año fueron Coldplay, quienes se dieron un baño de masas al ritmo de Viva la vida. Tres años después, en 2014 por primera vez en su historia, el festival consiguió hacer sold out y marca el récord de asistencia con 120.000 personas repartidas en tres jornadas. ¡Asombroso!

Por echar un vistazo a la mañana uno se encuentra con una noticia entre excitante y melancólica. No en vano, Kobetamendi acogerá, en 14 de julio, el último concierto de Berri Txarrak en Bizkaia 25 años después de su fundación. Tocará en compañía de otros como Enrique Villarreal El Drogas, leyenda fundadora de Barricada y navarro como ellos, y Aiora Renteria, cantante de Zea Mays.

Más allá de la cervecera y del BBK Live Festival, Kobetamendi ofrece otro de tipo de actividades. Rutas de senderismo y de ciclismo tachonan sus laderas y alrededores. Entre los ríos Kadagua y Nervión se desarrolla una cadena montañosa que, desde el monte Kobetas (206 metros) hasta el monte Arnotegi (426 metros), pasando por el Arraiz (347 metros), forma un arco que engloba Bilbao. En esta cadena montañosa hay restos de cuatro fuertes, entre ellos el fuerte Kobetas, emplazado a 200 metros de altitud. El fuerte tiene una planta irregular formada por tramos curvos y rectos con habitáculos interiores reutilizados hoy día como txabolas.

En el lado meridional que mira hacia el río Kadaqua puede verse un muro trabado con argamasa con unas 18 aspilleras abocinadas al interior y enmarcadas por ladrillos. En un tramo donde el muro adquiere un grosor de 1,5 metros se pueden ver restos de un vano enmarcado con sillares que pudo corresponder a una cañonera. El lado septentrional es de tramos rectos y engloba espacios interiores. El espíritu de James Hetfield, de los fuertes y las viejas cerveceras, envuelto en naturaleza, aún se respira allí.