Elena Azkue, 'de vuelta' a la Firestone

La visita a Bridgestone sirvió para que recibiera un homenaje cargado de recuerdos y vivencias

05.12.2021 | 11:39
Elena Azkue, con su hijo, durante un momento en la visita que realizaron a la factoría de Basauri. Foto: I. Ugarte

Elena Azkue nació hace 102 años, en el caserío Solokoetxe de Ariz. El viernes visitó la factoría de Bridgestone, antigua Firestone, en la que esta incansable basauritarra trabajó durante 21 años. Fue unas de las primeras trabajadoras de la empresa ubicada en Basauri, y la historia de cómo entró a trabajar es curiosa. En el caserío familiar había vacas, cerdos, gallinas, etc. y ella se encargaba, entre otras cosas, de repartir la leche. Una de las personas a las que entregaba la leche era Justino Fernández, encargado de los guardas de la Firestone en aquella época. Según contó ella misma, emocionada por los recuerdos que le trajo su visita a la fábrica, "le dije al guarda que yo quería trabajar en la fábrica, y al día siguiente me planté allí". Después le hicieron una entrevista y su incorporación como trabajadora de Firestone fue inmediata.

Los primeros pasos los dio en la zona de oficinas. Elena tenía 17 años en aquellos momentos. Estar en la oficina no le gustaba demasiado, y de allí paso a Bandas, "abajo" como dice ella, donde fabricaban las "capas" para las cubiertas de todo tipo. Posteriormente paso a Cámaras.

Su trayectoria en Firestone tuvo un parón de seis meses, ya que se tuvo que trasladar a vivir a Londres para ayudar a su hermana enferma. Recuerda que, Luis Bergaretxe, entonces jefe de Personal intentó convencerla para que no se marchase. Posteriormente volvió a trabajar a la empresa.

Los recuerdos eran muchos en la visita que disfrutó el viernes. Fotografías antiguas, los cambios experimentados por la factoría... "Esto ha cambiado mucho", comentó en más de una ocasión. Aunque su recuerdo de aquella Firestone en la que trabajó tantos años es diferente a la de ahora, recordaba perfectamente los trabajos que realizó allí. Y es que explicó con todo detalle las labores que hizo. Durante la visita se emocionó y agradeció el reconocimiento tanto de Bridgestone como del Ayuntamiento de Basauri, que estuvo representado por el alcalde Asier Iragorri y la concejala María Larrinaga. Estaba tan emocionada que ante la broma de si volvería a trabajar allí, no dudó en responder que "ahora mismo", por los "grandes recuerdos que tengo".

Y eso a pesar de que "era muy duro, se te cansaban mucho los brazos y recuerdo que venía hasta domingos, porque se hacían visitas, y el objetivo era que "en la visita se viera cómo se preparaban las telas para hacer una cubierta". Su vuelta le trajo grandes recuerdos que compartió con los presentes. Contó que Severi, un pastor que tenía ovejas, aprovechó parte de las campas que eran propiedad de la empresa para que pastasen sus animales. Fue ella la que gestionó esa cesión con Luis Bergaretxe, a quien el pastor, en agradecimiento, le dio quesos por medio de Elena. "Y así se mantuvo esta fórmula tan singular de pago del alquiler por los pastos, hasta que la Firestone construyó en esos terrenos".

También recuerda que fue una de las trabajadoras que en más de una ocasión recibió la Gratificación Ejemplar, que eran sobres que se daban a trabajadores que "destacaban por su compromiso con la empresa desde el punto de vista de esfuerzo, disponibilidad, dedicación...". Uno de los recuerdos negativos que tiene Elena son las inundaciones producidas por el desbordamiento del río Ibaizabal. Esto sucedió a finales de los años 40, y ella se quedó aislada dentro de la fábrica, aunque fue localizada por su hermano Pedro, también trabajador de Firestone y la tuvieron que sacar en un camión. Se emocionó también al recordar a compañeras de trabajo. Entre otras muchas tuvo una estrecha amistad con las "hermanas gemelas Zamalloa, Mari y Sabina". Tampoco se ha olvidado de las cestas de Navidad que daba la empresa, las cuales recuerda que "eran muy buenas".

Otra anécdota que guarda con mucho cariño es junto con su compañera Madalen Undabarrena, con quien después de comer, y antes de empezar otra vez el tajo, descansaba "debajo de una mesa, al lado del laboratorio". Allí incluso aprovechó en más de una ocasión para echar una cabezada. Sin duda, la del viernes fue una visita muy especial, cargada de recuerdos y emoción.

noticias de deia