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‘El judío’ se despide en Leioa

El Bar Gure Leku cerrará sus puertas en agosto, casi 70 años después de sus inicios con Juan Goikoetxea y Josefina Bilbao

‘El judío’ se despide en LeioaIKER CAMIRUAGA

El judío encara su último bocado: en algo más de un mes, se ausentará tras la barra; se apagarán los fogones; el txakoli ya no se enfriará... El Bar Gure Leku –para los leioaztarras, siempre con cariño El judío– baja la persiana tras casi 70 años de dedicación, de familia, de compromiso y también de unión, celebración, amistad, desconexión, disfrute; y por supuesto, de tortillas, menús del día, gildas, cervezas...

“Tiene algo de la autenticidad que otros sitios no tienen”, ensalza una reseña en Google. “Siempre han sido buenos, le viene de toda la vida, sus padres en el lugar antiguo, ya lo eran de plena confianza”, apunta otro comentario. En efecto, las andanzas de El judío empezaron en 1958, cuando Juan Goikoetxea Zabala, de Loiu, y Josefina Bilbao Sistiaga, de Gatika, abrieron su primer local en el barrio La Tejera –hoy, Telleria–. Aquel establecimiento, en el número 3, no era solo un bar: era una tienda, un almacén improvisado, “un pequeño universo donde se podía encontrar desde bacalao hasta alpargatas”, recupera Iker Camiruaga, uno de sus nietos. No cerraban ni un día. Al pie del cañón los siete capítulos de la semana. Fue entonces cuando uno de los vecinos de la zona, dado a poner motes a todo el mundo, le colocó a Juan el apodo que marcaría la identidad del local: El judío, porque “tenía de todo”. Y así se quedó. Y así lo conoció todo el pueblo. Y así lo recordará a partir de ahora. Quien escogió este apelativo también contaba con su propio sobrenombre: fue Palo, Venancio Aurrekoetxea, una persona que también dejó su huella en Leioa. Por muchos motivos y por su contribución a los herri kirolak. El carrejo de San Bartolomé le rinde honores con orgullo.

Josefina Bilbao abrió, junto a su marido, el negocio.

En 1985, el negocio se trasladó unos metros: a Telleria Auzoa número 9, donde tan cómodamente se posa en la actualidad el Bar Gure Leku, con su característica y placentera terraza. “Tras el fallecimiento de Juan en 1992, sus hijos continuaron bajo la mirada atenta y el cariño de Josefina, quien siguió siendo el corazón del bar hasta que nos dejó en 2021. Desde entonces, los hermanos han seguido adelante juntos, manteniendo vivo el espíritu familiar que siempre ha caracterizado a este lugar”, explica Iker.

La familia

Claro, Lorea y Gaizka dieron sus primeros pasos entre vasos, cajas, clientes y anécdotas. “Crecieron viendo cómo sus padres no solo servían bebidas, sino también compañía, escucha y cariño. El Gure Leku era su hogar, su escuela y el escenario de una forma de entender la vida basada en el trabajo, la cercanía y el trato humano”, considera Iker. Todo ello lo acuñaron y durante todo el tiempo... hasta que se agotó: llega el momento de la jubilación. Bueno, la retirada de Lorea acaeció ya en 2024 y ahora es Gaizka el que cuelga el delantal. “La familia ha tomado la decisión más dura: poner fin a una historia que ha sostenido a tres generaciones. Pero no es un final triste. Es un desenlace lleno de orgullo. Porque estamos seguros de que Juan y Josefina, desde donde estén, sonríen al ver lo que construyeron: una familia unida, un barrio agradecido y un legado que no se borra”, destaca su nieto.

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Un momento familiar en el bar.

Bares, qué lugares... A los dos lados de la barra marcan. Iker lo refleja de maravilla, con el corazón tomando sus palabras: “No se cierra solo un bar: se cierra un hogar, un punto de encuentro, un refugio de historias, risas, discusiones, celebraciones y abrazos. Se cierra un pedazo de la memoria de Leioa”.