Triunfó como photocall la enorme cebolla morada que saludó en el recinto en el jardín que rodea el edificio consistorial de Zalla. Desde cuadrillas de amigos a familias enfocaron los teléfonos móviles, –con algún que otro selfi también por parte de quien cruzaba por la zona en solitario–, a la obra del artista del municipio, Luis Yerbes, más conocido como Bortedo, integrante de la asociación cultural Aurrean Enkt. Desde enero y hasta la víspera del evento dio forma al emblema de la gastronomía local a base de poliestireno y toques de ingenio como parte de un estor para recrear la parte superior. “Si te fijas, hay una hoja que simboliza los brotes verdes de un renacimiento”, apuntó.

Es el propósito de Enkarterri Fest, el renacimiento de la comarca tirando de unas raíces que, por cierto, también incorporaba esta cebolla. En esta ocasión, el festival gastronómico unió Balmaseda y Zalla a través de la gastronomía al designar a la Cofradía de la Putxera embajadora de la cebolla morada de Zalla en un galardón que persigue “poner en valor nuestro producto estandarte y que me hace mucha ilusión dar a quienes desempeñan un trabajo diario alrededor de su pueblo, cultura y acervo”, señaló el alcalde de Zalla, Unai Diago.

Putxera y cebolla morada. Nacidos del tren y la huerta respectivamente, asociados a contextos humildes en sus orígenes, han logrado convertirse en referente de la más alta cocina, por separado o juntos en unas deliciosas alubias, a la vez que símbolos de Enkarterri que cuidar y exportar en citas como la que el fin de semana unió “primer sector, turismo y producto con ayuda de quienes pensaron que sería bueno forjar lazos con otras comarcas”. En este caso, los leoneses Cuatro Valles y El Bierzo se acercaron a Enkarterri Fest en calidad de territorios invitados entre ecos de un pasado forjado por el ferrocarril de La Robla, nexo con la putxera, y un cada vez menos Olvidado Camino de Santiago que parte de Bilbao y discurre por Alonsotegi, Güeñes, Zalla y Balmaseda.

Charo Gómez, presidenta de la Asociación Leonesa del Camino Olvidado, que agrupa a “22 ayuntamientos”, destacó que “somos comarcas con muchísimo en común y podemos congeniar” para emprender proyectos conjuntos con visión de futuro. A raíz de celebrarse en Zalla un congreso sobre este ramal de la ruta Jacobea surgió la invitación para mostrar su patrimonio y gastronomía en Enkarterri Fest “de la mano de una docena de productores”, compartió Pepe García, responsable de Cuatro Valles.

Regalo personalizado

Iniciativas que ir definiendo con la asociación de promoción económica y turística Enkartur. Su presidente y alcalde de Balmaseda, Alfonso San Vicente, agradeció también el esfuerzo en labores organizativas “de quienes hacen posibles este y otros eventos que aúnan cultura y gastronomía” y “al Ayuntamiento de Zalla por impulsar esta forma de promocionar a artesanos y productores de Enkarterri”. Como máximo representante institucional de la villa, no escondió su “orgullo de que se reconozca a la Cofradía de la Putxera” en un hermanamiento entre localidades vecinas sellado con la entrega de una putxera conmemorativa especialmente personalizada para el Consistorio de Zalla.

Se vivió otro momento entrañable cuando José Luis Aretxederra recogió la distinción de la cebolla morada, ya que “representa a un linaje vinculado al mundo de la putxera, por su trayectoria y por lo que significa para nosotros su hermano, esa persona que falta”, apuntó el cofrade Jokin Salaberri, recordando al añorado Borja Aretxederra, quien falleció en 2023.

Maridaje de cantidad de emociones tras el cual los cofrades se enfundaron sus delantales para impartir dos catas dirigidas a cuarenta comensales cada una, “algo que no se ha hecho nunca” y ofrecer “degustaciones de alubias, bakalao, sukalki, arroz con leche”, junto con la presencia del artesano de ollas ferroviarias Toni Gómez. Camino de cumplir diez años en 2027, la Cofradía de la Putxera cuenta con alrededor de 250 socios y socias y un fuerte arraigo no solo en Balmaseda. “De un tiempo a esta parte estamos registrando bastantes altas de personas de Zalla en la cofradía, lo que creemos que ahonda en ese unir lazos entre ambos municipios”. Y es que “hay que entender la olla ferroviaria también como un patrimonio de Zalla y Enkarterri”.

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Además de ofrecer numerosas actividades en su local situado en el frontón de la villa encartada, sus cofrades se desplazan por la comarca y fuera de ella ejerciendo de jurado en concursos y fiestas y celebran el capítulo anual el primer sábado del mes de marzo. Su día grande es 23 de octubre, festividad del patrón de Balmaseda, San Severino, cuando organizan su afamado concurso de alubias en putxera, cuya pasada edición inició con Cantabria una serie de reconocimientos a los territorios por los que circulaba el histórico tren de La Robla. Además, el certamen adquiere un marcado carácter solidario al colaborar con distintas causas benéficas. En 2025 la elaboración del cartel corrió a cargo de la asociación espacio de creación artística Nahiarte de personas con discapacidad psíquica o intelectual, a la que se donó el importe íntegro de las inscripciones.

La cofradía afianza el relevo generacional en el apartado gastronómico que Zalla cultiva igualmente. Álex Rodríguez, de 29 años, está recibiendo “desde hace año y medio” los consejos de Ana Mari Llaguno, la agricultora que se volcó en la conservación y difusión de la cebolla morada y su versatilidad para elevar cualquier plato. “Los miércoles acudo al mercado de Zalla y los sábados al de Balmaseda. Soy consciente de lo sacrificado de la vida del campo porque vengo del mundo rural, de Otxaran”, muy cerca de su mentora, explicó desde su puerto en Enkarterri Fest en el que despachó productos de temporada, no sin antes fotografiarse con ella y los cofrades de la putxera frente a la cebolla de Bortedo. El artista tenía razón, germinan brotes verdes.