El algortarra Iñigo Azcárate sigue inmerso en las mismas aulas en las que comenzó su formación educativa hace casi treinta años. Las paredes blancas del colegio Trinitarias, las mismas que a través de sus ventanales contemplan el característico patio del centro educativo getxotarra, un socavón de vida en pleno centro urbano, han sido una constante en su vida.
Al escucharle hablar de su trayectoria, breve pero intensa, todavía se conserva algo de la mirada de aquel niño que ocupó esas aulas y que hoy tiene la responsabilidad de guiar el futuro de nuevas generaciones. Una labor que desarrolla en un centro con más de 70 años de historia que busca adaptarse a los nuevos tiempos.
Afán proactivo
En ese camino, el afán proactivo del joven docente ha sido más que bienvenido. Fruto de ese esfuerzo, Azcárate se encuentra actualmente entre los finalistas de los Premios Docentes Referentes de la Fundación Ibercaja, un reconocimiento que aspira a convertirse en una referencia estatal y que cuenta con la mayor dotación económica del sector educativo. "Es la primera edición", apunta con evidente ilusión el joven getxotarra, quien remarca que alcanzar la fase final entre 478 candidaturas es "fruto de muchos años de trabajo y de generar persistentemente propuestas que fomenten la riqueza educativa del centro".
Hasta el momento es el único docente vasco y también el único perfil joven que ha logrado clasificarse para la fase final del prestigioso certamen. Su candidatura se sustenta en el proyecto de sostenibilidad y educación ambiental que lidera en el centro desde 2020. Un trabajo constante, construido a base de pequeñas acciones que han terminado provocando un cambio exponencial en el colegio.
Cajas nido para pájaros o un huerto vertical
Cajas nido para pájaros, trampas para la avispa asiática elaboradas por los propios alumnos, un huerto vertical desarrollado junto a otros agentes sociales, bancales de cultivo o la instalación de aparcabicis y aparcapatinetes son algunas de las iniciativas impulsadas por el equipo. Pequeñas implementaciones que han ido tejiendo una nueva manera de entender el entorno educativo y la relación de los alumnos con el espacio que les rodea.
"Todavía queda mucho por hacer", relata el profesor, que mantiene intacta la ambición de seguir generando cambios positivos tanto para el alumnado como para la ciudadanía. "Somos un centro con mucha historia, no hacemos negocio con esto y trabajamos arduamente para educar desde el vinculo emocional", explica.
"Vivimos en la sociedad de la ligereza. No se logran resultados de la noche a la mañana"
Azcárate es plenamente consciente de los desafíos que plantean las nuevas generaciones. "Vivimos en la sociedad de la ligereza, de la rapidez. La falta de atención que acarrea la tecnología nos da muchos problemas", reflexiona. Frente a esa realidad, reivindica el valor del tiempo y de los procesos lentos. "Un estudiante que comienza a esforzarse más no va a lograr resultados de la noche a la mañana. Requiere tiempo asentar el hábito de estudio", resume.
Fuera de las aulas, el joven docente compagina su trabajo con un máster de cooperación internacional. Desde ahí proyecta también parte de sus inquietudes. Mira al futuro del centro con ilusión y pone el foco en la creación de alianzas capaces de ampliar el impacto social del trabajo pedagógico que se desarrolla en Trinitarias. "Hemos realizado visitas a Irlanda, a Viena...", explica.
Todavía queda aproximadamente un mes para conocer el nombre del ganador del certamen, aunque Azcárate parece mirar ya más allá del reconocimiento. "Hay que seguir trabajando", afirma. Lo hace con el recuerdo presente de su aitonas, agricultores que no pudieron acudir a la escuela hasta los 12 años. Quizá por eso valora especialmente el privilegio de educar y las oportunidades que ofrece la enseñanza. Eso sí, ya sabe qué haría con el premio en caso de resultar ganador. "He hablado con la directora y necesitamos un parque infantil para los pequeños", finaliza a la espera del veredicto.