Unai Arizmendiarreta: "Soy del Athletic, pero primero de la Cultu”
Pone fin a toda una vida ligada a la Cultural de Durango, siete temporadas como capitán y una trayectoria marcada por la fidelidad y amor por unos colores
En el fútbol de hoy, donde las trayectorias suelen discurrir entre varios clubes y los cambios de camiseta son norma, la historia de Unai Arizmendiarreta ‘Ariz’ pertenece a otro tiempo. Natural de Durango,28 años, capitán durante siete temporadas del primer equipo de la Cultural de Durango, ha decidido colgar las botas tras toda una vida en el mismo sitio. En total, 153 partidos y 11 goles con el equipo mayor resumen una trayectoria que el propio club define como mucho más que números, marcada por el compromiso, la entrega y una fidelidad absoluta a unos colores que ha defendido desde infantil hasta su despedida. Y lo hace dejando una frase que le define sin matices. “Soy del Athletic, pero primero siempre de la Cultu”. Esa idea atraviesa todo su recorrido y explica mejor que cualquier estadística lo que ha sido su carrera.
Su historia empieza literalmente en casa. Desde categoría infantil ha jugado en el conjunto durangarra, creciendo enTabiracomo jugador y como persona. Allí no solo empezó a entrenar y competir, sino también a vivir el fútbol desde dentro, ya que siendo niño acudía a ver partidos del primer equipo, imaginando sin saberlo que años después sería él quien saldría al mismo césped. “Desde chiquitín siempre con un balón en el pie”, resume él mismo, en una frase que condensa una vida entera ligada al mismo club y al mismo campo. En su etapa formativa llegaron oportunidades para salir, con interés de clubes como el Arenas o incluso la Real Sociedad en categorías inferiores, pero siempre hubo un motivo para quedarse: su entorno, sus estudios y, sobre todo, la idea de que su sitio estaba en Durango. Nunca fue una decisión improvisada, sino una convicción mantenida en el tiempo.
Su crecimiento dentro del club fue natural hasta llegar al primer equipo, donde vivió uno de los momentos más especiales de su vida deportiva: compartir vestuario con su hermano Ibon. “Era un sueño”, reconoce. También estuvo cerca de coincidir con su primo Mikel, otro referente familiar dentro del fútbol, aunque finalmente no llegó a darse por cuestión de tiempos, ya que cuando Aritz subía al primer equipo su primo colgaba las botas. Ese componente familiar ha estado muy presente en su carrera, no solo como apoyo, sino como inspiración constante en un camino en el que siempre tuvo referentes cercanos. Con el paso de los años, su papel dentro del equipo fue creciendo hasta convertirse en capitán durante siete temporadas, un liderazgo que no solo se medía en el campo, sino también en el vestuario, donde fue un punto de referencia para varias generaciones de compañeros.
La experiencia de la Segunda B
Uno de los periodos que más le marcaron fue la etapa en Segunda B, que él mismo describe como la más intensa y especial de su carrera. “Eso fue la bomba, la Segunda B fue una pasada”, recuerda sin dudar. En ese contexto vivió también uno de sus grandes momentos deportivos, la eliminatoria de Copa del Rey ante el Elche, un partido que guarda de forma casi personal. “El del Elche de Copa del Rey… lo tengo todo grabado, lo he visto unas cuantas veces, lo tengo todo bien guardado”, explica. No es solo un recuerdo competitivo, sino una especie de archivo emocional de su carrera, un punto alto en una etapa en la que la Cultu competía en un nivel exigente y el equipo vivía un fútbol de gran intensidad.
Pero su trayectoria no puede entenderse sin la otra cara del deporte, la más dura: las lesiones. En total ha pasado por cinco operaciones, tres de rodilla y dos de hombro, incluyendo varias roturas de cruzado, recaídas y un último episodio con el menisco que terminó por marcar el final de su etapa como jugador. Lejos de ocultarlo, lo explica con naturalidad, casi como parte inevitable del camino. Sin embargo, no lo vive como un obstáculo que le frenó, sino como un proceso que le transformó. “Te haces mucho más fuerte mentalmente”, afirma, insistiendo en que las lesiones le han enseñado a conocerse mejor, a entender el dolor y a convivir con él. “Es un aprendizaje de la leche, te conoces mejor, sabes lo que te va a doler y lo que no”. Incluso recuerda una de esas imágenes que definen su carrera: marcar un gol en Tabira y, en la misma acción, dislocarse el hombro. “Metí el gol y se me salió el hombro”, relata, como ejemplo de esa mezcla constante entre esfuerzo, éxito y sufrimiento.
En este cierre de etapa, el reconocimiento no ha tardado en llegar. Hace apenas unas semanas, en el último partido de Liga en Tabira ante el Santurtzi, la Cultural le rindió un homenaje sobre el propio césped antes del inicio del encuentro. Fue una despedida cargada de emoción, con compañeros, excompañeros, club y afición reunidos para decir adiós a su capitán. El propio club quiso agradecer públicamente su trayectoria destacando su liderazgo, su sacrificio y su compromiso, subrayando que su huella va mucho más allá de los números y que ha sido un ejemplo dentro y fuera del campo. Con 153 partidos a sus espaldas, el reconocimiento fue también una forma de cerrar un ciclo que ha durado toda una vida.
Nuevas rutinas
Más allá de lo deportivo, Ariz se queda con lo humano. El fútbol, para él, es sobre todo las personas que lo han rodeado. “El fútbol me ha dado todo: la gente, el cariño, el vestuario… eso es lo que más voy a echar de menos”, reconoce. Esa dimensión es la que más peso tiene ahora que cuelga las botas y deja atrás una rutina que ha marcado su vida desde niño. De hecho, ya empieza a notar el cambio en su día a día. “Se me está haciendo raro esto de que entre semana no haya entrenamientos y que el fin de semana no haya partidos”, admite, en una sensación que todavía es reciente pero que ya le acompaña en esta nueva etapa. Tras años de calendario marcado por el fútbol, el vacío de rutina empieza a aparecer, aunque lo afronta con naturalidad y con la intención de adaptarse poco a poco.
Ahora su vida toma otro rumbo, al menos de momento, alejada del balón. Quiere llenar su tiempo con otros deportes como la bicicleta o el pádel. El fútbol, sin embargo, no desaparece del todo de su horizonte, aunque sí se toma un descanso sin descartar la posibilidad de probar los banquillos.
En su trayectoria también han sido importantes entrenadores como Imanol de la Sota o Igor Núñez, así como referentes como Ernesto Valverde, mientras que a nivel de juego siempre ha señalado al Barça de Guardiola como el mejor equipo que ha visto nunca, con Marco Verratti como uno de sus jugadores favoritos por su estilo. Con cariño también recuerda los partidos defendiendo los colores de Euskadi en categoría cadete donde coincidió con jugadores como Simón, Villalibre, Núñez, Aihen o Zubeldia, entre otros.
La historia de Unai Arizmendiarreta es, en el fondo, la de un jugador que eligió quedarse cuando podía haberse ido, que convirtió la fidelidad en identidad y que entendió el fútbol desde la pertenencia. Un capitán, un jugador formado en el mismo club desde infantil, un futbolista marcado por las lesiones pero también por la capacidad de volver. Y en esa idea cabe toda su vida deportiva, desde el primer día en Tabira hasta su último partido como capitán. Siempre en casa.