“Estamos para acompañar en uno de los momentos más duros”
Julia Barroso, presidenta de la Comisión de Garantía y Evaluación de Euskadi, defiende el carácter humano de un órgano clave en la aplicación de la ley de eutanasia
Cada solicitud de ayuda para morir en Bizkaia -y Euskadi- pasa por la Comisión de Garantía y Evaluación, el órgano que revisa cada caso y asegura que se cumplen los requisitos legales en un proceso especialmente delicado. Al frente está Julia Barroso, médica internista, que compagina su trabajo en el hospital con la presidencia de una comisión donde cada decisión exige análisis, rigor y sensibilidad.
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Cinco años después de la entrada en vigor de la ley, la eutanasia sigue generando debate, pero también una demanda creciente. Euskadi registró en 2025 un aumento del 61,6% en las solicitudes. En este contexto, Barroso ilustra a Deia el lado más humano de este proceso cómo se analizan los casos y cómo se toman las decisiones, con un mensaje claro: detrás de cada expediente hay una historia y la necesidad de acompañar en todo momento.
Usted asume la presidencia de la Comisión de Garantía y Evaluación de Euskadi cuando la entrada en vigor de la ley está cerca de cumplir los cinco años. ¿Cómo está viviendo esta etapa y qué supone en su día a día?
—Estoy en la comisión desde junio y desde octubre asumo la presidencia. Es un trabajo muy bonito, pero también muy absorbente, porque hay mucho por hacer. Somos un equipo que trabaja siempre pensando en la ciudadanía. Estamos para ellos.
Como médica, también he participado en prestaciones de ayuda para morir. Eso me da una visión muy cercana del proceso completo: desde la solicitud hasta la administración final de la medicación. Hay que tener en cuenta que las personas que lo solicitan están sufriendo, y sus familias también. Por eso tenemos que estar ahí, no mirar hacia otro lado y acompañar en un proceso que es profundamente duro, atendiendo a lo establecido en la Ley.
¿Cómo está estructurada la Comisión de Garantía y Evaluación de Euskadi?
—La comisión está formada por 25 personas: 10 médicos, 8 juristas, 5 enfermeras, una trabajadora social y una psicóloga. Es un equipo multidisciplinar, no formado solo por perfiles médicos y jurídicos, lo que aporta una visión mucho más completa.
Cuando llega una solicitud, ¿qué recorrido sigue hasta que la comisión adopta una decisión?
—Cuando nos llega un caso, previamente ya ha sido valorado por un médico responsable y un médico consultor. A partir de ahí, la comisión revisa si se cumplen los requisitos establecidos en la ley para la prestación de ayuda para morir. Nuestra función es organizar lo que llamamos la “dupla”, formada habitualmente por un médico y un jurista, a la que se incorpora una tercera figura que puede ser una enfermera, una trabajadora social o una psicóloga.
Este equipo analiza la documentación aportada. En esos informes no solo debe constar el motivo de la solicitud, sino también la valoración de la competencia de la persona, su voluntad firme y mantenida en el tiempo, la ausencia de presiones externas, el grado de sufrimiento y las posibles alternativas terapéuticas. En caso de duda, podemos consultar la historia clínica, contactar con los profesionales responsables o incluso, si es necesario, con la persona solicitante.
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¿Cómo se adoptan las decisiones dentro de la comisión y qué ocurre cuando no hay acuerdo?
—Con toda la información, el equipo asignado realiza una valoración conjunta, normalmente mediante llamada o videoconferencia, y emite un informe favorable o desfavorable en función del cumplimiento de la ley. Cuando existe discrepancia entre los miembros de la dupla, se produce lo que llamamos una discordancia y el caso se eleva a pleno. El pleno reúne a la comisión con un quórum mínimo de la mitad más uno de sus 25 miembros. Allí se expone el caso con toda la información disponible, incluidas, si es necesario, las aportaciones de los profesionales o de la propia persona solicitante, y se abre un proceso de deliberación conjunta. No se trata de una cuestión de empatía o falta de ella. Se trata de una deliberación muy profunda en la que cada miembro aporta su valoración desde su ámbito profesional. Somos muy sensibles a las situaciones que atraviesan las personas solicitantes, pero la decisión debe basarse en toda la información disponible y siempre dentro del marco de la ley.
¿Qué tipo de casos llegan con más frecuencia y cómo se afronta la dimensión humana de estas decisiones?
—La mayoría de los casos no generan duda. Se trata de situaciones de enfermedad avanzada o de sufrimiento crónico con gran pérdida de calidad de vida que encajan claramente en los supuestos previstos por la ley. En los casos con dudas, siempre se eleva la decisión a pleno.
Aunque no conozcamos personalmente a la persona, la información que manejamos nos permite comprender su sufrimiento. Y en el caso de personas jóvenes, el impacto puede ser mayor desde fuera, pero es importante no juzgar desde nuestra perspectiva, sino entender cada situación concreta.
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La Comisión de Garantía y Evaluación revisa cada caso con rigor y sensibilidad, garantizando que la decisión se ajuste siempre a la Ley
En los últimos años se ha producido un aumento importante de solicitudes, ¿qué lectura hacen desde la comisión?
—A pesar de que sigue siendo un tema que en parte continúa siendo tabú, creemos que poco a poco se está normalizando. La prestación de ayuda para morir es una opción más al final de la vida, como otras decisiones clínicas, por ejemplo la sedación. Es una decisión profundamente personal. El incremento de en torno a un 60% en las solicitudes refleja una mayor información y conocimiento por parte de la ciudadanía.
¿Cómo compagina su trabajo en la comisión con su labor como médica internista?
—La mitad de mi jornada es asistencial en el hospital y la otra mitad la dedico a la comisión y a su organización. Trabajo en el Hospital de Santiago, en el Hospital Universitario de Álava, en el área de Medicina Interna, donde atendemos a pacientes con patologías complejas, crónicas y avanzadas. Esa experiencia clínica es fundamental, porque hace que la comisión no sea un órgano puramente burocrático, sino un espacio integrado por profesionales que conocen de cerca el sufrimiento de los pacientes.
¿Es elevado el número de solicitudes que reciben semanalmente?
—Hay semanas en las que pueden entrar cinco o seis casos y otras en las que entra uno o ninguno. En cualquier caso, el volumen de trabajo es reciente.
Más allá del procedimiento y las cifras, ¿qué le gustaría que entendiera la ciudadanía sobre el papel de la comisión?
—Que estamos para ellos. Que detrás de cada decisión hay un trabajo muy riguroso, pero también muy humano. Y que nuestro objetivo es acompañar y dar respuesta en uno de los momentos más difíciles que puede vivir una persona, siempre con respeto a la ley y a cada historia individual.