En Amorebieta-Etxano hay personas que, sin buscar protagonismo, acaban formando parte de la memoria colectiva del pueblo. Personas que conocen sus calles, sus cambios y sus historias casi como si fueran un libro abierto. Jasone Ibarra es una de ellas.
Durante años fue una presencia discreta pero fundamental en el Ayuntamiento, y hoy, ya jubilada, se ha convertido en uno de los rostros del proyecto Erreferenteak de BBK Banku Fundazioa, una iniciativa que quiere poner en valor la llamada nueva longevidad: esa etapa en la que la experiencia acumulada se transforma en energía para seguir participando en la vida de la comunidad.
Estos días el proyecto hace parada en Amorebieta-Etxano, donde Jasone será reconocida públicamente, junto con otros cuatro referentes, en una emotiva gala el próximo día 24. Un momento simbólico para agradecer una trayectoria que, aunque muchas veces se ha desarrollado entre documentos, planos y expedientes, ha estado siempre profundamente conectada con la vida del municipio.
Historia viva
Jasone trabajó durante décadas como empleada municipal. Hasta que llegó el momento de la jubilación, formó parte de la oficina técnica del consistorio. Allí aprendió a mirar el pueblo con una perspectiva muy especial: la de quien observa cómo una localidad crece, cambia y se transforma con el paso del tiempo.
Tiene, como dicen quienes la conocen, una memoria prodigiosa. Basta con mencionar una calle, una plaza o un edificio para que empiece a recordar cuándo se proyectó, cómo se desarrolló la obra o qué había antes en aquel lugar.
Ese conocimiento no era solo profesional. También estaba atravesado por el cariño hacia el lugar en el que ha vivido gran parte de su vida. Desde su mesa en la oficina técnica ha visto pasar proyectos, decisiones urbanísticas y cambios que explican el municipio actual.
Pero más allá del trabajo, Jasone siempre ha sido una persona muy vinculada a la vida cultural del municipio. Le gusta participar, escuchar, descubrir. Por eso es habitual verla en conciertos, festivales o funciones de teatro que se organizan en el pueblo. La música, además, ocupa un lugar especial en su vida, en parte gracias a su marido, que es músico. Ese vínculo con la música ha hecho que muchas de esas actividades formen parte natural de su rutina.
Esa manera de relacionarse con la comunidad dice mucho de cómo entiende Jasone la vida en un pueblo: como un espacio donde las relaciones humanas tienen tanto valor como las instituciones o los proyectos.
Cuando hace unos meses llegó la jubilación, no lo vivió como una ruptura brusca. Después de tantos años de trabajo, era consciente de que comenzaba una etapa diferente. Pero también sabía que no quería llenar su agenda de compromisos ni atarse a obligaciones nuevas. Prefiere ir poco a poco. “Quiero encontrar mi sitio con calma”, suele decir.
Por ahora lo hace de forma sencilla, participando en pequeñas actividades que le apetecen. Algún curso, encuentros culturales, y también algo que le divierte especialmente: las sevillanas. Bailar, compartir ese momento con otras personas y disfrutar del ambiente es una de esas pequeñas cosas que ahora forman parte de su nueva rutina.
En realidad, esa forma tranquila de encarar la jubilación refleja bastante bien su carácter. Nunca ha sido de grandes gestos ni de discursos grandilocuentes. Su manera de estar en el mundo es más bien pausada, cercana, atenta a lo que ocurre alrededor.
Quizá por eso, cuando habla de esta nueva etapa, lo hace con una idea muy clara que repite a menudo a quienes están a punto de jubilarse. La jubilación no es un punto final. Es un punto seguido, como también se refleja en el proyecto Erreferenteak que ha encontrado sus referentes en Amorebieta-Etxano, como semanas atrás lo hizo en la comarca de Mungialdea.
Cada vez más personas lo entienden así. Después de años de trabajo, de responsabilidades y de horarios marcados, llega un momento en el que se abre una oportunidad distinta: la de decidir cómo se quiere vivir el tiempo.
Jasone lo resume con una invitación muy sencilla y todo un consejo vital: seguir disfrutando siempre que se pueda. Disfrutar de las pequeñas cosas, de los encuentros con amigos, de las actividades culturales, de aprender algo nuevo o simplemente de tener tiempo para uno mismo.