Ellas, el peso de curar y cuidar
Profesionales de los centros sanitarios de Zalla de ayer y hoy narran en un documental municipal lo que implica el trabajo en la medicina y los obstáculos adicionales que han debido superar por su condición de mujeres
La puerta se entreabre. Te llama por tu nombre y lo que parece un trámite rutinario cobra una dimensión familiar. En los pueblos, donde todos nos conocemos, te preguntan por abuelos, padres hijos, nietos... Auscultarte, calmarte ante un análisis de sangre porque te dan miedo las agujas... Tareas que a menudo desempeñan las mujeres. El Ayuntamiento de Zallaha dedicado un documental, Ellas, el peso de curar y cuidar, al trabajo femenino en el ámbito sanitario local, que transita por tres escenarios y se puede visualizar en el canal municipal de YouTube. Pasemos a la consulta.
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Viejo ambulatorio
Con el moderno centro sanitario de alta resolución de ámbito comarcal en funcionamiento desde hace casi dos años en el barrio del Carmen y las que fueran dependencias para la rehabilitación en la calle Nuestra Señora del Rosario transformadas en el espacio multiusos Crisol Aretoa a más de uno en Zalla le despertarán nostalgia las tomas grabadas en el antiguo ambulatorio de la plaza Euskadi con las profesionales más veteranas.
Desde allí se reencuentra con los pacientes Mariví Elejalde, que no titubeó al perseguir su vocación. Justo cuando iba a empezar a trabajar tras haber estudiado Perito Mercantil supo que por fin los médicos y médicas podrían formarse en Bizkaia. Con pleno apoyo en casa, se lanzó a estudiar Medicina. Cuando pisó la universidad “representábamos sobre el 20%” y para cuando se licenció la estadística se había dado la vuelta al 80% de presencia femenina. Lo que no evitó los prejuicios del machismo. Con frecuencia “no creían que yo fuera la doctora”. Y pese a los avances sociales, la anécdota se repite en palabras de muchas otras de las protagonistas.
Como en el territorio en aquella época no existía la posibilidad de ejercer como médico de familia, marchó a La Rioja “a un pueblo a cuatro horas de mi casa de Bilbao”. Su papel no se limitaba la consulta, sino que también visitaba domicilios “y centros para poder asistir a la gente de otra forma; por ejemplo, ofreciendo charlas a las parejas que se iban a casar sobre genética, en relación a la salud y salud ginecológica”. En Zalla formó una familia y desarrolló la mayor parte de su trayectoria. Medicina “no es una carrera, sino una profesión interior y cuando la gente está a gusto contigo se siente más protegida y se cura antes”, sostiene.
Patricia Zaballa apunta que “en mi generación del Baby boom muchas mujeres irrumpimos en las aulas, pero en la incorporación al trabajo se produjo un claro corte, cuando saqué el MIR y empecé a hacer guardias en Cruces lo normal era ser la única chica”. Además, aunque “no existían barreras claras, nuestra forma de haber sido educadas nos dirigía a especialidades más relacionadas con los cuidados femeninos, mientras que hoy eso ha cambiado y estamos presentes en Urología, Cirugía Torácica, etc.”.
Marisol Bilbao vivió los inicios del ambulatorio de Zalla el 9 de septiembre de 1985, “cuando se crearon en Bizkaia varios centros de salud. Entre ellos, vinimos tres enfermeras, una pediatra, un médico más de familia, una trabajadora social y yo y aquí ya había dos médicos de cabecera, una enfermera y un practicante” enunos años en los que “los hombres ostentaban el 99% de las jefaturas de las comarcas en los hospitales”. Por entonces, Concha Ugalde se convirtió en la primera pediatra del centro. “Hay que escuchar, la gente agradece que le dediques tiempo”, aconseja.
Centro de alta resolución
Salto temporal y de instalaciones. En la pantalla, un dron sobrevuela el centro sanitario de alta resolución de ámbito comarcal que entró en funcionamiento en 2024. Dibujos de personajes infantiles con un guiño al Zalla Unión Club de Fútbol dotan de calidez a las estancias de Pediatría donde Espe Gómez ejerce de enfermera, feliz de contemplar cómo los niños y niñas “van creciendo y tú cambias con ellos”. La labor sanitaria “no se limita a estas cuatro paredes: participo en un grupo de apoyo a la lactancia materna y la crianza, impartimos talleres de reanimación cardiopulmonar o de educación afectivo-sexual en colegios, también hablamos sobre caídas, deshabituación tabáquica…”
“Recibimos bastante apoyo institucional, pero insuficiente mientras, al mismo tiempo, hacemos hincapié en que se tengan hijos”, reflexiona Amaia Ricondo. “¿Conciliar? Un juego de Tetris, pese a que hemos avanzado mucho porque Osakidetza se ha dado cuenta de lo importante que es”, coincide Ana Alonso. Luca Villaverde define su experiencia en este aspecto como “complicada porque trabajaba en hospital a tres turnos con una niña recién nacida y si coincidía con mi pareja en horarios había problema porque mis padres vivían en Bilbao”. Uno entraba y otro salía de casa “a veces sin dormir”. “¿Disfrutar de ella? Poco, y eso no está bien”, lamenta.
“Antes a las enfermeras se nos consideraba las secretarias del señor doctor cuando, pese a que trabajamos siempre en equipo con un facultativo, poseemos competencias propias” que abren la puerta a “la cercanía con el paciente y el conocimiento de su entorno no únicamente en el ambulatorio, lo que nos sirve para saber qué le pasa y poder ayudar mejor”, describe Jana Cordeau.
La representatividad de las mujeres en puestos de liderazgo ha ganado algo de peso. Sin embargo, “llama la atención que en una profesión sobre todo femenina cantidad de puestos están regidos por hombres”. “Me gustaría que creyéramos más en nosotras mismas porque podemos liderar”, exhorta Eva Díez.
Residencia
Y del centro de alta resolución regresamos a la plaza Euskadi, esta vez para cruzar los muros de Zallako Eguzki. Su directora, Oihane González, señala que la sanidad es un sector “muy feminizado, lo que guarda relación con la propia perspectiva del cuidado”. Menciona, asimismo, “el rol de cuidadores en los propios domicilios, que recae mayoritariamente en las mujeres” y que el colectivo que cuida a los mayores “a veces se encuentra en situación irregular y sin ellos no se podría llegar al bienestar de nuestros mayores”.
Natural de “una localidad con pocas alternativas, me dedicaba al ganado, me empleaba en casas, tenía dos niños y cuidaba de mi suegra y su hermana, ya mayores”. Obtuvo el título de auxiliar clínica “estudiando igual hasta las tres de la madrugada y luego intentando programarme para poder acudir a clase”. Mereció la pena. Los usuarios de la residencia “te devuelven tanto cariño… Ahí te vas dando cuenta de que sí que vales”, reafirma Clara Ruiz.
“Compartimos su círculo vital y han de ir confiando poco a poco para sentirse seguros y seguras. Con una mirada o cogiéndoles de la mano les transmites tranquilidad”, indica Rosa Lasa. Y eso lo percibimos los pacientes sea cual sea nuestra edad cuando cerramos la puerta de la consulta, nos sentamos frente a la mesa y escuchamos: “Cuéntame, ¿qué te ocurre?”.