A nadie le amarga un dulce, aunque sea chocolate amargo. Y un punto de encuentro de esos pequeños placeres está en Le Chocolat, que ve en los días festivos una oportunidad para su comercio. “Creo que va a ser un buen día para mi negocio en términos de ventas”, asegura Lianella González, propietaria de este comercio que ofrece una amplia gama de bombones, chocolates y otros manjares.
La decisión de abrir en un festivo es personal ya que “nadie me está obligando a hacerlo”. Sus razones para hacerlo se basan en que “cuando tienes un negocio propio eres responsable de él”, afirma esta mujer que también reconoce que “todo queremos tener un día festivo y estar al sol”.
Calidad
Cruzar el umbral de su establecimiento supone discernir qué producto llevar a casa. Y eso lo saben bien sus clientes habituales, consumidores que residen en el barrio. “Saben qué productos hay y qué tipo de servicio”, explica González. La respuesta que percibe de los vecinos es que “valoran que sea un comercio cercano” y más en una zona como el Casco Viejo donde se han ido cerrando comercios históricos. La clave de su comercio, según su propietaria, es que su producto es “de calidad” y por ello “da prioridad” a que sus bombones y chocolates sean de primer nivel. “La durabilidad de seguir viniendo a este comercio es porque el producto es bueno”, destaca.
Su ubicación provoca que sean muchos los turistas que se fijen en su escaparate y se lleven a sus localidades de origen un recuerdo dulce. “Los que entran aquí buscan un souvenir auténtico, que sea de comercio local”, asegura la dueña de Le Chocolat. Es decir, alejarse de los productos que cambiando la imagen se pueden adquirir en cualquier lugar del planeta. “Estas personas buscan hacer una compra más consciente. Llevarse productos de calidad que hace una mujer autónoma”, sentencia.