Vivir cansado: así son los efectos de la covid persistente
Isabelle e Ismael son el reflejo de los afectados por la covid persistente, una pandemia que para ellos sigue viva
Más de dos millones de personas en el Estado conviven con la covid persistente, una enfermedad que no termina con la infección inicial y que deja secuelas físicas y cognitivas profundas. Fatiga extrema, dolor muscular y articular, deterioro cognitivo, problemas inmunológicos y alteraciones del sueño obligan a quienes la padecen a reorganizar radicalmente sus vidas, medir esfuerzos y aprender a convivir con un cuerpo que no responde, mientras el mundo sigue avanzando fuera de casa. Pese a que la atención médica ha mejorado y existen unidades especializadas –como la de Osakidetza en Basurto–, todavía no hay una cura, y la afección continúa dejando secuelas duraderas en las vidas de la padecen.
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"Este cuerpo no es mío"
En el barrio getxotarra de Villamonte, entre la calma de sus calles, se cruzan dos historias que reflejan la crudeza de esta realidad. Isabelle Delgado, de 56 años y presidenta de la asociación Long COVID Euskal Herria, pasó de una vida intensa y social a convivir con la dolencia día tras día. Ismael Maceira, joven de 17 años emprendedor de la start up Samira DTx de Zierbena, sigue adaptándose a su adolescencia interrumpida por la covid persistente, que comenzó a afectarle a los 12 años. Separados por edad y contexto, ambos comparten la necesidad de aprender a vivir en un cuerpo que “no es suyo”.