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Afectada por la covid persistente: “Salgo de casa solo algunos días. Después, tengo que volver a encerrarme"

Isabelle e Ismael son el reflejo de los afectados por la covid persistente, una pandemia que para ellos sigue viva

Afectada por la covid persistente: “Salgo de casa solo algunos días. Después, tengo que volver a encerrarme"Pankra Nieto

La covid persistente, mejor llamada covid prolongada, es imprevisible. Hay días más llevaderos y otros en los que la fatiga aparece sin aviso; actividades sencillas, como un paseo o una clase, pueden resultar agotadoras. Para Ismael, incluso salir de casa o acudir a la escuela sigue siendo un desafío que trata de solventar con asistencia a domicilio.

Pese a las limitaciones, ambos encuentran maneras de sostenerse. La música, la pintura y los paseos suaves –ocasionales– ayudan a Delgado, mientras su hijo Pablo, de 18 años, la acompaña y le ofrece apoyo constante. “Ha venido conmigo en todo esto. No quiero usarlo como sostén, pero es mi alegría”, confiesa sobre el joven que cursa medicina.

Batalla incapacitante

La covid persistente también tiene un impacto social y laboral profundo. En la asociación Long COVID Euskal Herria, alrededor del 90% de los miembros no ha podido reincorporarse al trabajo, generando dificultades económicas y aislamiento social. La enfermedad afecta de manera diferenciada según el perfil del paciente: hombres sin patologías previas o mujeres de mediana edad con respuestas inmunes exageradas enfrentan problemas distintos.

Los días se organizan en torno a la fatiga y los límites del cuerpo. “Salgo de casa solo algunos días, para pasear suave o hablar con personas de la asociación, pero luego tengo que volver días seguidos a encerrarme. Intento no estar en la cama y prepararme para trabajar en otra habitación. Viene bien para el ánimo”, explica Delgado. Su disciplina y actitud positiva son herramientas esenciales para mantener cierta normalidad a pesar de la fatiga que persiste.

Un confinamiento continuo

La unidad de long covid del hospital de Basurto –inaugurada hace un año– ha supuesto un avance, pero no existe un tratamiento definitivo para los pacientes. Los médicos pueden recetar analgésicos, modificar la medicación o emplear agonistas GLP1, pero nada resuelve la enfermedad de manera generalizada. Para algunos, la covid persistente sigue siendo un “castigo que consume”; para otros, un desafío que redefine la manera de vivir.

El encuentro de las historias de Isabelle e Ismael evidencia cómo la enfermedad atraviesa el temple de tantas y tantas vidas. Entre rutinas mínimas, terapias, apoyos familiares y proyectos de vida, surge un hilo común: aprender a vivir en un cuerpo que no siempre responde, pero que todavía permite actuar, crear y sostener la esperanza. Es el caso de la pareja que, cada uno a su manera, se aferra por mejorar el entorno, tanto con la asociación Long COVID Euskal Herria como con la start up Samira DTx. Menos más que la enfermedad no puede con la entereza y la ilusión persistente.