La historia de las mujeres también se cuenta dentro de las familias. En esta, tres generaciones de mujeres de Bizkaia explican cómo ha cambiado ser mujer con el paso de los años, desde una sociedad que trataba de limitar su libertad hasta otra en la que las jóvenes reclaman una igualdad real.

Las de Patricia, Nagore e Izaro son tres miradas de tres vizcainas que abarcan más de medio siglo de cambios sociales y que reflejan cómo han evolucionado las oportunidades, los derechos y también los retos a los que se enfrentan las mujeres.

Patricia, la amama

Patricia Pérez creció en una época marcada por la influencia del clero y las normas tradicionales, cuando en las escuelas niños y niñas estudiaban separados y muchas mujeres debían abandonar su trabajo al casarse. Aun así, decidió no aceptar esa imposición y continuó ejerciendo como enfermera.

Nagore, la ama

Su hija Nagore García pertenece a la generación que empezó a vivir los primeros avances hacia la igualdad. Creció con más libertad que la de su madre, pero todavía con responsabilidades familiares que tradicionalmente recaían sobre las mujeres, como el cuidado de los mayores. Hoy defiende la importancia de educar a hijos e hijas en igualdad y de repartir las tareas dentro del hogar.

Izaro, la nieta

La tercera generación está representada por Izaro Calleja, que ha crecido en un contexto con más oportunidades para decidir sobre su propio futuro. Sin embargo, considera que los desafíos actuales son distintos y que las jóvenes se enfrentan a nuevas presiones, especialmente a través de las redes sociales y de los estándares de imagen que se imponen a las mujeres.

A pesar de las diferencias generacionales, las tres coinciden en algo: el camino hacia la igualdad ha avanzado mucho, pero todavía quedan pasos por dar. La libertad que hoy disfrutan muchas mujeres es el resultado de décadas de cambios sociales, decisiones personales y pequeñas conquistas cotidianas como la de Patricia, que un día decidió no abandonar su trabajo al casarse. “Me gustaría que no existiera la palabra feminismo, que no tuviéramos que hablar de esto”, concluyen las tres. “Eso significaría que ya somos iguales”, sentencian.