Tres generaciones, una misma familia y muchas historias que contar. Nagore, su hija Izaro y su madre Patricia comparten recuerdos y reflexiones para explicar cómo ha cambiado la vida de las mujeres con el paso de los años.
Nagore creció en un contexto muy diferente al de su madre. Fue, cuenta, la generación que vivió el cambio de empezar a disfrutar de más libertad y oportunidades, aunque todavía arrastraba muchas responsabilidades familiares. Tuvo que asumir el cuidado de sus abuelos enfermos, una tarea que tradicionalmente ha recaído sobre las mujeres dentro de las familias. Aunque reconoce a su hermano no le exigieron nunca lo mismo que a ella. Siendo siete años menor que ella, reconoce que no tuvo las mismas restricciones en cuanto a horarios y normas. "A mi hermano nunca le exigieron lo mismo que a mí”, señala.
Por ello, tiene claro que la educación es una de las claves para avanzar hacia la igualdad. Sus dos hijos mayores, Izaro y Julen, reciben, asegura, la misma educación. “En casa siempre hemos intentado educar igual a hijos e hijas. Si hay que cocinar o cuidar al pequeño, lo hacen los dos”, afirma.
Para ella, el ejemplo recibido en casa fue determinante. Crecer viendo a una madre que trabajaba y defendía su derecho a hacerlo, y a un padre implicado en las tareas domésticas, marcó su forma de entender hoy la igualdad entre hombres y mujeres. Sin embargo, también reconoce el gran sacrificio que hizo su madre. “Mi madre ha vivido para todos, pero no para ella. Salía del hospital y muchas veces ni siquiera comía para ir a cuidar a sus padres”, cuenta. Esa entrega, asegura, la ha acompañado siempre y también ha influido en su propia forma de actuar en casa. “Muchas veces he hecho cosas para que ella no tuviera que hacerlas”, reconoce.