El futuro de la Txerriki Azoka de Sopuerta
UNA, dos, tres y hasta cuatro veces. Con un semblante de lo más tranquilo, Jon Lahera subió al escenario para recoger el reguero de premios que consagró a la familiar Euskaltxosna como vencedora absoluta de la XXIX Txerriki Azoka de Sopuerta: mejor txosna, segundo puesto en el concurso de chorizos, primero en el de morcillas y ganador del reconocimiento a Chacinero Mayor de Euskal Herria, otorgado al más regular sumando las puntuaciones de las dos categorías anteriores y el premio más codiciado de la jornada.
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Entre felicitaciones del público, se encaminó raudo y veloz a la txosna con el trofeo, delantal y txapela. Todavía quedaba faena en el tramo final de una jornada que congregó una afluencia multitudinaria con tiempo primaveral. “Un día excelente en cuanto a actividades y meteorología, que es lo que más nos ha costado gestionar”, bromeó el alcalde, Agustín Cuadrado, ante el micrófono del presentador que amenizó la mañana entrevistado a sus protagonistas.
“Espera, que eso lo sabe mejor aita. Ahora viene”, se excusó Jon a DEIA antes de volver a ponerse detrás de la barra desde el lugar reservado para Euskaltxosna en el recinto de Santa Ana al que llegaron pasadas las 7.00 horas para disponer todo lo necesario para que a los asistentes no les faltaran txakoli, talo ni otros manjares semejantes.
“Catorce personas” se repartieron la vorágine del trabajo en una txosna de que “desde hace 25 años” no falta a la feria de su localidad y recorre la comarca desde Gangas en Zalla, a la de San José de Güeñes, cuya próxima edición tendrá lugar el próximo 22 de marzo y otras como “la de Abadiño y Santo Tomás en Bilbao”, detalló Benito Lahera, que ya atesora otros trofeos de Chacinero Mayor de Euskal Herria en ediciones anteriores.
“Seguimos matando el cerdo” a la manera tradicional, contó reivindicando la herencia rural de Enkarterri. En este sentido, “la curación del chorizo ha sido complicada por el viento”. Menos mal que en las dos últimas semanas, cuando se sumergen en los preparativos de la Txerriki Azoka “la cosa ha mejorado”. “A mi hijo le gusta esto y es una suerte” que continúe el legado familiar.
Igual que Argiñe Lezama, que subió al escenario a por el tercer puesto de morcilla y la medalla de plata en la clasificación general con su delantal lleno de harina a base de amasar talos en la txosna Lezamakoetxe. Su padre, Joaquín, es otro de los integrantes del selecto club de Chacineros Mayores de Euskal Herria de Sopuerta.
Representantes de la Cofradía de la Putxera de Balmaseda, que ejercieron de jurado, ensalzaron la “calidad de notable” poniendo de relieve que la cifra de concursantes, 14, superó las inscripciones del año pasado.
Este año el frontón de Santa Ana alojó los puestos de artesanía, así como una degustación de cerdo asado a cargo de Karlos Ibarrondo. “Es una basatxerri de unos 125 kilos que nos dará para más o menos 800 raciones. Venimos desde Elorrio y llevamos desde anoche a las 23.30 horas vigilándolo”. “Dándole la vuelta cada media hora y echando carbón”, añadió Iván Granado, estudiante de la Escuela de Hostelería de Galdakao. “Aunque me dicen que esta vida implica mucho sacrificio, me encanta”, aseguró.
La juventud también ganó protagonismo en vermut Txurrut y la carnicería Arteagabeitia, ambos radicados en Sopuerta. No obstante, en este último caso, desligada del apellido. “Represento la quinta generación familiar. ¿Relevo? Poco o nada”, dijo Juan Carlos Arteagabeitia, que agotó las existencias de morcilla y chorizo, con una larga cola delante de su stand.
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