Gobierno Vasco, diputaciones y ayuntamientos ya han dado forma a un impuesto que gravará las pernoctaciones de los turistas en los tres territorios históricos. El importe oscilará entre 1 y 6 euros por persona y noche, pero variará según el tipo de establecimiento en el que se pernocte. Hay expertos que cuestionan esta implantación en ciudades como Bilbao, anteponiendo que es necesario contar antes con un modelo turístico “sólido y competitivo”. Es el caso del consultor en comunicación, especializado en turismo de lujo, Gustavo Egusquiza, reconocido por Forbes como uno de los mayores especialistas del mundo en turismo de alta gama, quien considera que la medida llega “antes de haber definido un modelo coherente”.
Egusquiza entiende que el debate se está planteando “desde una lógica fiscal” y no desde una estrategia integral de destino. “La tasa turística no es negativa en sí misma, pero aplicarla en un contexto donde el modelo turístico aún no está maduro es confundir el síntoma con la enfermedad”, describe. Según el experto, Bilbao continúa dependiendo en exceso del impulso generado por el Museo Guggenheim, un proyecto que califica de “transformador y decisivo” para la ciudad, pero cuyo efecto no ha sido acompañado de una evolución estructural en la oferta turística. “Han pasado más de veinte años y Bilbao no ha construido una segunda capa de atractivo sostenible, ni una identidad hospitalaria reconocible a nivel internacional”, destaca. En este sentido, Egusquiza apunta a la falta de un hotel de referencia internacional como uno de los principales déficits. “Bilbao sigue sin un place to stay que actúe como emblema y motor de atracción para un turismo de alto poder adquisitivo. No es una cuestión anecdótica, sino un síntoma de una planificación que se ha quedado a medio camino”, analiza.
El especialista advierte de que este impuesto solo resulta eficaz en destinos consolidados, con una alta presión turística y una oferta madura. “En ciudades donde existe saturación real y una demanda plenamente consolidada, puede ser una herramienta útil de gestión. Pero en el caso vasco parece llegar antes de tiempo, sin que exista un retorno claro para el visitante”, explicita. Egusquiza también pone el foco en la experiencia cotidiana del viajero, señalando incoherencias como el cierre del comercio los sábados por la tarde en verano: “Son detalles que pesan mucho en la percepción del visitante internacional y que evidencian que todavía no se ha asumido el turismo como una industria estratégica”.
A su juicio, el debate fiscal está ocultando una cuestión de fondo: el modelo de turismo que se quiere impulsar. “La pregunta clave es si se apuesta por cantidad o por valor. Si la respuesta es valor, la prioridad debería ser atraer inversión hotelera de alto nivel, mejorar la formación en hospitalidad, coordinar servicios y construir un relato cultural contemporáneo”, defiende. Según su visión, este impuesto podría tener sentido en el futuro, pero no como punto de partida. “El turismo responsable y sostenible no se impone desde un decreto ni se recauda por noche. Se diseña, se cuida y se merece. Solo cuando el destino funciona de verdad, se cobra”, zanja.